Política, estrategia y táctica. (2da parte) Antoni Vicens (Barcelona)

Seguimos aquí con el examen de las diferencias que hay entre las tres dimensiones clásicas de la política*. Hemos de entender que no se trata de tres acciones separadas; la primera acción, la política, engloba la estratégica, la cual no vale nada sin englobar la táctica. La estrategia es anterior a la táctica, la cual viene a ser el desarrollo, frente al adversario, de la estrategia.

La obra de Hervé Coutau-Bégarie (miembro del Instituto de Estrategia Comparada de Francia), Traité de Stratégie, (París, 1999), contiene una recopilación de las teorías clásicas sobre el tema. La dualidad táctica/estrategia surgió en el siglo XVIII. Dietrich von Bülow (hermano del von Bülow adversario de Napoleón) las había definido así en 1799: “Denomino estrategia los movimientos de guerra de dos ejércitos fuera del círculo visual recíproco o, si se quiere, fuera del alcance del cañón. La ciencia de los movimientos que se hacen en presencia del enemigo, de manera de poder ser visto y alcanzado por su artillería, esta ciencia es la táctica”. Napoleón, por su parte, había precisado que “en el campo de batalla, la inspiración sólo es, las más de las veces, una reminiscencia” –por supuesto, una reminiscencia fundada en el trabajo previo de disposición de una estrategia, la cual impone anticipar los posibles movimientos tácticos del adversario (incluso antes de conocer su estrategia) y las respuestas a dar.

Veamos otras definiciones de estrategia. En 1788, el Marqués de Silva había definido la estrategia como “la ciencia propia de lo general; ella enseña a formar los proyectos de las operaciones, y a emplear bien y a combinar todos los medios que le proporcionan las diferentes ramas de la táctica.” El archiduque Carlos (contemporáneo y rival de Napoleón, que no hay que confundir con el rival de Felipe de Borbón en la guerra de sucesión española), definió en 1818 la estrategia como “la ciencia de la guerra: ella esboza los planes, comprende y determina la marcha de las empresas militares, es propiamente hablando la ciencia de los generales en jefe”. Y el famoso teórico Jomini, la definió como “el arte de hacer la guerra sobre el mapa, de comprender todo el teatro de la guerra.” Para él, la estrategia fija los fines a conseguir y la dirección que hay que tomar; mientras que la táctica se ocupa de la ejecución. Si la estrategia es el arte de concebir; la táctica es la ciencia de la ejecución. Jomini concluye así: “La táctica es el combate y la estrategia es toda la guerra antes del combate.”

Frente a esta dualidad bien articulada, a la política le queda como cometido principal la designación del adversario. Hemos de tener en cuenta que, según los clásicos, la guerra impone la dualidad: en el combate sólo hay dos enemigos; un tercero eventual queda disuelto en el mismo momento en que estallan las hostilidades: se ve obligado a tomar partido. De ahí se deduce una de las condiciones de la táctica, que parte siempre de una simplificación de la situación, que encuentra producida por la presencia misma de los dos enemigos uno a la vista del otro.

Concluyamos con Sunzi (o Sun Tzu), autor de uno de los libros más influyentes para la ciencia militar: El arte de la guerra (escrito en…**) Sun Tzu establece bien que la estrategia siempre es secreta: forma parte de toda la preparación bélica. Entendemos también así que el trabajo de espionaje tiene como objetivo descifrar la estrategia del adversario.

La política se desarrolla en el terreno de lo inconsciente: ni el propio político entiende totalmente el sentido de su acción; sus consecuencias son imprevisibles, incalculables.

La estrategia parte de las condiciones particulares del terreno, de la información que se tiene de las fuerzas y la estrategia del adversario, de lo que se sabe de las capacidades de la fuerza propia (ahí entra el valor estratégico de la verdad: engañarse es un error estratégico). A diferencia de ésta, entonces, la táctica es visible, y esta visibilidad misma tiene como tal un valor estratégico. Dice así Sun Tzu: “la mejor disposición de fuerzas es aquella que no se puede ver; así los espías no la podrán descubrir y los expertos no podrán preparar su estrategia. Basándome en la disposición de las fuerzas del enemigo establezco mi estrategia y obtengo la victoria, pero las masas no lo pueden comprender. Así, todo el mundo ve las tácticas a través de las cuales he obtenido la victoria, pero nadie ve la estrategia. Nunca se pueden ganar dos batallas de la misma manera; es necesario adaptar la disposición de las fuerzas a la multitud de las circunstancias”. (p65)

Señalemos que, después de la segunda guerra mundial, estos términos vendrían a ser aplicados a la empresa. Hasta entonces, las empresas habían trabajado en la planificación de la producción; fue la obra de Frederick W. Taylor o de Henry Ford. Pero en ese momento interviene un nuevo factor, la estrategia empresarial, cuya primera teoría fue la llamada Teoria de los Juegos, ideada por los matemáticos John von Neumann y Oskar Morgenstern. Ésta establece que, sea cuál sea el conflicto, hay siempre un margen de interés común; a partir del cálculo de ese margen, se evita, cuando menos, el riesgo de destrucción mutua.

Esto coincide con las conclusiones de los teóricos de la estrategia militar, que establecen que toda estrategia, de la que decimos que debe mantenerse en secreto, debe darse a conocer en la batalla, en su traducción a los términos de la táctica. Siempre hay un interés, por elemental que sea, en dar a conocer las intenciones propias al adversario, a partir de la idea de que las amenazas, las conminaciones, son una forma de comunicación. No nos pronunciamos aquí sobre la posibilidad de extraer de esta necesidad algún tipo de pacifismo que parta de una teoría de la comunicación y de las esperanzas de una neutralidad posible. En este sentido, Thomas S, Schelling, otro de los grandes desarrolladores de la teoría de juegos, sostiene la idea de que incluso la disuasión puede ser una vía de paz: “la disuasión pone en juego la influencia ejercida sobre la otra parte a través de la apreciación que así tiene que hacer de las consecuencias de su propio comportamiento futuro. El objeto mismo de la disuasión es de demostrar a esa otra parte que nuestro propio comportamiento estará determinado por el suyo.” Entendemos entonces la paradoja de la disuasión: es, de hecho, una amenaza, que implica un acopio de fuerza.

Nuestra pregunta es cómo localizar estas dimensiones cuando se incluyen en la experiencia psicoanalítica, según la última enseñanza de Lacan. Entonces podemos situar la táctica en el uso de lalangue, esto es, de lo más actual de la realización lingüística. Lalangue es el campo de batalla donde se libra el combate contra el saber. Entendemos aquí lalangue como la actualización de una lengua en tanto que es sin Otro, sin comunicación, como forma de goce.

La estrategia está en la presencia del cuerpo: el del analista por supuesto, con su sinthome analizado, lo que significa escrito en una lalangue transmisible. Ese cuerpo está también en el uso de lalangue.

Finalmente, y como era de esperar, la política es la del sinthome, definido, más que como una falta en ser, como un trozo de real: desecho de la civilización, síntoma incurable, soledad discreta.

Y ahora, si hablamos de la Escuela, habremos de decir que la táctica se despliega en la conversación, nunca del todo topografiada. La estrategia es la de la transmisión, por la cual la “falta en ser” del analista, o su “existencia” (según los términos explicitados por Jacques-Alain Miller en su curso de 2011, sobre “El ser y el Uno”) adquieren un curso legal. La política es la ser el resto de la civilización sin identificarnos con el resto. Con todo esto, quizá podamos avanzar hacia la comunidad imposible que es la Escuela: algo real.

** El Arte de la Guerra, de Sun Tzu. Se considera que el texto fue escrito hacia el último tercio del siglo IV

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* Continuación del texto “Política, estrategia y táctica (1)”, publicado en elp-debates el 8/3/2013.

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