De la renuncia pulsional al imperativo de goce*
En El malestar en la cultura, Freud define como uno de los rasgos de la cultura el “modo en que se reglan los vínculos recíprocos entre los seres humanos”1, es decir, el lazo social. Así, una de las ideas directrices de su argumentación es que la cultura fuerza al individuo a una renuncia pulsional. Esta renuncia, primer embrión del superyó individual, constituye una de las fuentes del malestar; era 1930, hace casi un siglo. El lazo social de nuestra época y, sobre todo, el discurso que lo configura son distintos; de hecho, podríamos decir que son opuestos. Frente a la renuncia pulsional que demandaba la cultura de la época freudiana, hoy encontramos que el discurso capitalista no solo invita al sujeto a gozar, sino que le impone ese mandato. Sin embargo, lejos de haber obtenido por esta vía una utópica felicidad sin límite, encontramos de nuevo el malestar. Entonces, ¿qué forma adopta hoy el malestar en la cultura?
Comenzaré con una breve mención a la clínica.
Recuerdo a una mujer que se quejaba de no sentirse entendida cuando, al contar a unas amigas que el mismo día había mantenido relaciones con seis hombres diferentes (a los que había conocido a través de una aplicación móvil), estas la felicitaron por haber podido hacer uso del otro como objeto de consumo, subvirtiendo así lo que denominaban el rol tradicional de la mujer y conquistando, empoderada, un terreno hasta entonces reservado a los hombres. Ella, por su parte, manifestaba la angustia que le producían la falta de control, o de agencia, como se dice ahora, y la indefensión ante su propia incapacidad para detener el ciclo de reiteración en el que se veía atrapada, abrumada por el exceso de un goce sin límite. Creo que esta situación muestra bien algunas coordenadas de la época: un sujeto que se queja de la angustia que le produce el desencadenamiento de un goce pulsional sin freno, mientras el Otro social le grita y lo anima a seguir: “Goza, un poco más, un poco más…”
Vemos así cómo, en esta época, el imperativo superyoico de goce, ya sea social o propio, deja al sujeto indefenso y desnudo ante la ferocidad de algo que Freud ya descubrió y que sigue vigente: la pulsión insiste2. Insiste en satisfacerse incluso más allá del bienestar del propio sujeto. Por esta vía podemos decir que esta mujer no tuvo seis encuentros sexuales, sino que tuvo 1 + 1 + 1 + 1…: esa es la marca de la iteración.
Continuemos. Ya hemos introducido una cuestión propia de la contemporaneidad: el uso de aplicaciones móviles para entablar relaciones. Dejo intencionadamente sin adjetivo la palabra “relaciones”, porque la pregunta es: ¿qué relaciones son las que se establecen? Estas aplicaciones prometen encontrar relaciones de pareja, relaciones sexuales, amistades… En definitiva, prometen favorecer el encuentro entre los parlêtres y facilitar el lazo social. Pero ¿estamos seguros de que eso es lo que hacen?
Hoy en día existe una miríada de aplicaciones, pero el diseño de todas es más o menos similar. Con independencia de hacia dónde haya que deslizar el dedo, se trata de un escaparate que presenta a los otros en una metonimia de objetos de consumo y lleva la lógica capitalista a los encuentros de pareja. Curiosamente, allí donde estas aplicaciones prometían facilitar el encuentro entre los sexos, sean los que sean, se alza una queja. Los sujetos contemporáneos dicen que encontrar pareja es cada vez más difícil, y parece que las estadísticas así lo respaldan3. El muestrario solo sirve, por tanto, para ahondar en una dificultad. Igual que sucede con la llamada fatiga o paradoja de la elección en plataformas como Netflix4, cuanto mayor es el catálogo, mayores son las dificultades del sujeto para elegir. De este modo, en las aplicaciones de citas, el sencillo gesto del scroll engancha y atrapa al sujeto con la promesa de que el siguiente podría ser mejor, podría ser el adecuado. Se promete encontrar el amor perfecto, pero la lógica de funcionamiento es opuesta a la del amor. Frente a la renuncia que supone la elección amorosa (se elige al sujeto-objeto de amor y se pierden todos los demás posibles), en la dinámica de las aplicaciones el sujeto acaba encerrado en un circuito de consumo metonímico de imágenes, gozando en soledad, con la única compañía del smartphone.
En conclusión, mientras en la época freudiana la imposición cultural de la renuncia pulsional era una causa del malestar, en nuestro tiempo la imposición opuesta genera malestar por la vía de los Unos solos. Tanto la renuncia pulsional como el imperativo de goce producen malestar. Pero no nos llevemos a engaño: con la pulsión, el equilibrio es imposible; siempre hay algo que no marcha.
Quiero terminar con una cita de Éric Laurent en el artículo “Gozar de internet”, que permite introducir una nota de optimismo en esta exposición, al menos la de saber que nuestro trabajo sigue siendo necesario: “Hubo primero, en la época del fundador, el psicoanálisis contemporáneo de la edad de las prohibiciones. Hubo luego, con Lacan, el psicoanálisis contemporáneo de la ‘liberación sexual’. Hay ahora, siempre con Freud y Lacan, el psicoanálisis contemporáneo de la sobredosis de saberes, de compañía y de conexión. El psicoanálisis permite desintoxicarse, es una empresa de utilidad pública. La escucha particularizada permite escuchar de nuevo los significantes solos que atraviesan el éter del ruido-internet”5.
* Texto presentado en “El malestar en la cultura: Manifestaciones y tratamientos”. Actividad de la CdA de la ELP, celebrada el 27 de junio de 2026 en el Museo de la Guitarra en Almería.
Notas:
- Freud, Sigmund. “El malestar en la cultura”, Obras completas, vol. XXI. Amorrortu, Buenos Aires, 1992, p. 93. ↑
- Miller, Jacques-Alain. “El desnivel entre el ser y la existencia”. Freudiana, n. 68. ELP, Barcelona, 2013, pp. 7-23. ↑
- Alpañés, Enrique. “El cansancio de ligar como quien pide comida rápida”, El País, 15 de marzo de 2026. ↑
- Serrano León, Oliver. “Qué es la paradoja de la elección, que nos deja menos contentos cuando tomamos una decisión”, BBC News Mundo, 2025. ↑
- Laurent, Éric. “Gozar de internet”. Conversación con Éric Laurent. Blog de la ELP, 2020. ↑

Socio de la sede de Sevilla de la Comunidad de Andalucía de la ELP.
