El 29 de enero de 2014 tuvo lugar en la Sede de Madrid de la ELP la presentación del libro de Vicente Palomera, De la personalidad al nudo del síntoma, publicado en Ed. Gredos, con la presencia del autor.

En la coordinación del acto Beatriz García señaló los puntos clave que el libro ilumina, sobre cómo el psicoanálisis ha manejado la idea de la personalidad. El descubrimiento del inconsciente llevará a Freud a desconfiar de que esta palabra encierre un verdadero concepto. Como escribirá en una carta a Abraham, “la personalidad, de manera análoga al concepto de yo, resulta ser una expresión poco definida, procedente de la psicología superficial, que no aporta nada a la concepción de los verdaderos procesos metapsicológicos, aunque es fácil creer que al emplearla se dice algo sustancial”.

Más adelante, en 1966, Lacan va a decir en Baltimore: “Los grandes psicólogos, incluso los psicoanalistas están llenos de la idea de la ‘personalidad total’. Es siempre la unidad unificadora lo que se encuentra en primer término. Nunca he comprendido esto, pues aunque soy psicoanalista soy también un hombre, y como hombre mi experiencia me ha mostrado que la característica principal de la vida humana es que es algo que va a la deriva. La vida va por el río tocando de vez en cuando la ribera, parándose un rato aquí y allá sin comprender nada; y el principio del análisis es que nadie comprende nada de lo que ocurre. La idea de la unidad unificadora de la condición humana me ha producido siempre el efecto de una mentira escandalosa.”.

El recorrido del ensayo, de gran envergadura, pasa primero por la antropología para reflexionar, con Levy Strauss sobre cómo la concepción occidental de la personalidad se basa en un conjunto de creencias que no es más racional que las del pensamiento salvaje en el totemismo (no es más loco decir “soy una guacamaya” que “soy médico” o “soy Juan López”). Levy Strauss va a decir esta frase que el autor recoge: “en nuestra civilización cada individuo tiene su propia personalidad por tótem”. El recorrido por las referencias teóricas de Lacan de la antropología y de la historia de la filosofía viene a mostrar que la noción de persona no siempre ha existido como la conocemos ahora, ni mucho menos como sinónimo de conciencia, interiorización, autonomía ni unidad. Nuestro concepto actual de persona se reduce a un periodo muy breve de nuestra historia y se circunscribe a occidente. Por el contrario, lo que siempre se ha constatado, en todas las culturas y períodos históricos, es la alienación del individuo en un orden significante que lo precede y lo constituye.

A partir de ahí el libro recorre los desarrollos lacanianos sobre el modelo óptico, la introyección simbólica del ideal del yo como condición para la constitución de la imagen del yo ideal y la idea del objeto no especularizable, aquello que falta a la imagen del otro. Aquí está el giro fundamental del libro, donde eso que falta en el Otro, la falta en ser que toma la forma de pérdida de objeto y que funda el goce es lo que el autor pone en el lugar de la persona, ya no como representación, sino como Real. Concepto de persona que solo puede situarse a nivel del síntoma.

Finalmente, llevados por este recorrido llegamos a la invitación de Lacan de evitar caer en el espejismo del Uno ideal por la vía de considerar otra concepción distinta del Uno como conjunto, ensamblaje de elementos heteróclitos y llegamos a los desarrollos del Seminario 20 sobre lalengua y la nueva concepción del inconsciente como elucubración de saber sobre estos significantes sin sentido de lalengua, que va a suponer un modo muy distinto de entender los tratamientos. Lo que en principio era un empuje a reducir el síntoma al sentido, va a ser finalmente un trabajo de extraer la lógica del ensamblaje que constituye el nudo del síntoma, que conlleva desmontar la paranoia originaria del creer ser Uno, incluso uno contra todos.

A continuación tomó la palabra Marta Davidovich para comentar cómo el inconsciente freudiano escapa a la certeza en la que el hombre se reconoce como yo. El sujeto es excéntrico en relación al yo. Lacan utiliza el término inmixión en el análisis que realiza en el sueño de la inyección de Irma, donde articula en la interrogación sobre qué es el sujeto. Freud hace de este sueño el análisis más exhaustivo y coloca allí el descubrimiento del inconsciente, subvirtiendo, la idea que los sujetos tienen de sí mismos.

La subversión freudiana es el trabajo de lo simbólico sobre lo real que hace posible el nacimiento de conceptos psicoanalíticos que cambian, la historia humana. El descubrimiento del inconsciente tiene el mismo rango que la revelación del cero a finales del siglo VI. Que las vagas nociones de vacío se pudieran simbolizar en una cifra, en un número, hizo posible el sistema decimal y marcó un antes y un después en la historia humana. Lo subversivo del cero tiene que ver con la subversión freudiana puesto que es alrededor de una falta central como se estructura el sujeto freudiano.

Seguidamente, Santiago Castellanos señaló la actualidad del libro en los tiempos del coaching, las TCC y los manuales de autoayuda, que colaboran en la ilusión de un mundo sin falta, donde lo que no se adapta es catalogado como enfermedad mental por los manuales diagnósticos.

El libro, señaló, desmonta esa lógica con un hilo muy fino que acentúa su dimensión ética y política, por ejemplo contra la pretensión de R. Cattel, autor de la teoría factorial de la personalidad, de poder predecir la conducta de un sujeto a partir de su personalidad. Para el psicoanálisis, en cambio, lo singular de cada uno se ubica en el registro del goce, de las marcas propias de cada sujeto y de lo que se trata es de un saber hacer con ese resto inmodificable. S. Castellanos finalizó su intervención con esta cita del libro: “En el lugar de la creencia propia del Uno del yo, del ser y del sentido, lo que podemos descubrir es la lógica del ensamblaje de S1 que configuran la consistencia del síntoma y alimentan la dinámica del fantasma inconsciente. Se puede decir que sólo después de haber atravesado las diversas significaciones fantasmáticas, de haber extraído esos fragmentos de real depositados en lalengua con los que el sujeto llegó a tejer una historia y producir las significaciones que sirvieron para tapar el agujero del traumatismo, solo entonces se puede identificar el síntoma, verdadero reverso de la personalidad”.

Finalmente tomó la palabra el autor para situar el libro como una reedición modificada de un primer trabajo publicado en 1985. Dicho trabajo estaba dirigido al ámbito académico de la antropología, en el que el autor trabajaba entonces como profesor universitario, y tenía por objetivo mostrar el carácter engañoso del concepto de personalidad, así como una cierta despedida del autor, tomado ya por el psicoanálisis.

Treinta años después, el libro incorpora los desarrollos de la última enseñanza de Lacan que entonces no estaban aún presentes. El libro, en palabras del autor, habla de cómo el ser humano está torturado por el lenguaje y eso habla. Para existir, decía Lacan, todo el mundo ha de esforzarse por crearse una personalidad. La personalidad tiene que ver con querer destacar. Un psicoanálisis partiría de la personalidad para ir hacia su reverso. En Baltimore en el ‘66 Lacan va a oponer al uno unificador el uno contable del rasgo simbólico que se itera. En Encore, definirá el inconsciente como un enjambre de unos que no hacen cadena, ensamblados con una lógica que es la lógica del síntoma.

Vicente Palomera habló del carácter en tanto que inmodificable como una anticipación en Lacan del reverso al concepto de personalidad que sería luego el síntoma y comentó una divertida anécdota de Lacan en Baltimore, donde trata de trasmitir su concepto de sujeto, que no es intra, ni inter, ni extra subjetivo, sino una suerte de astillamiento del Otro en una multiplicidad como la que aparece en el sueño de Irma, aquello que representa al sujeto cuando pide algo y se pierde en una marea de equívocos.

Finalmente la sala tomó la palabra en un interesante coloquio.

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