Reseña del encuentro de la CdA-ELP: El malestar en la cultura. Manifestaciones y tratamientos

El 27 de junio de 2026, la ciudad de Almería acogió a toda la Comunidad de Andalucía de la ELP en la celebración del encuentro titulado El malestar en la cultura: manifestaciones y tratamientos, al que asistieron los colegas de toda la geografía andaluza e incluso de otros lugares, y que sirvió como colofón del curso 25-26.

Bajo la coordinación de Carmen Ribés, miembro de la ELP en Granada, nos reunimos en torno a la primera mesa de trabajo, que llevaba por título Manifestaciones del malestar, donde pudimos escuchar cuatro interesantes comunicaciones: “La obligación de ser feliz” de Yolanda González, miembro de la ELP en Málaga; “Maternidad: Un acontecimiento de cuerpo” de Elia Roda, socia de la Sede de Granada; “Narcisismo, goce y superyó hoy” de Javier Cepero, socio de la Sede de Granada y “De la renuncia pulsional al imperativo de goce” de Antonio Ramírez, socio de la Sede de Sevilla.

En sus comunicaciones, los autores coinciden en señalar un gran cambio cultural con el paso de una sociedad prohibitiva a una sociedad tolerante, guiada más bien por el “prohibido prohibir”.

Ese cambio, se señala también, es paralelo a una modificación en la estructura subjetiva: de un superyó restrictivo, que tiene por función limitar la satisfacción, imponer límites a la pulsión, a un superyó que, inversamente, empuja a la satisfacción, a un goce sin límite, al goce puro podríamos decir.

Igualmente, los ponentes coinciden en señalar el origen de ese cambio social y subjetivo en el “capitalismo salvaje”, en el “neoliberalismo” o en el discurso que Lacan menciona como el del capitalista.

Pero tendríamos que plantearnos, y trataremos de hacerlo así, cómo hacer compatible esa mutación con el señalamiento que Lacan hace en Televisión, en el sentido de que lo que llamamos “la glotonería del superyó es estructural, no efecto de la civilización, sino síntoma”. Es decir, que aunque las formas del superyó varíen en función de los discursos dominantes, su voracidad constituye lo irreductible del malestar en la civilización.

En este sentido, Yolanda señala muy pertinentemente la equivalencia entre el malestar actual y la obligación de la felicidad, el imperativo de ser feliz. La culpa, en el origen del malestar del sujeto, no se origina en una satisfacción prohibida sino en la incapacidad de cumplir ese imperativo social.

Elia Roda nos plantea de manera algo sorprendente la maternidad como un acontecimiento de cuerpo y, aún más, la posible disyunción entre el cuerpo y el “ser madre”. La ponencia de Elia además nos hace vislumbrar cómo ese supuesto discurso del capitalista no se abre camino sino tras la implantación de lo que podemos llamar, en toda regla, el Discurso de la ciencia, que le da origen, como al propio Discurso del analista como no ignoramos.

Javier Cepero hace intervenir al narcisismo en la radical disyunción que establece entre el “sujeto clásico” y el “sujeto moderno”, el “clásico discurso del amo” y el “actual discurso del capitalista”. La correlativa caída de la identificación con el padre, deja al sujeto entregado a los ideales empresariales de una época que hace de él un verdadero “self made man”, un empresario de sí mismo.

Por último Antonio Ramírez, concreta este problema al ponernos de manifiesto al sujeto en su más radical indefensión frente a ese goce sin límite, según la propia “lógica capitalista” y señalando muy apropiadamente cómo el ser hablante está sometido a la coerción del significante solo, sin sentido y portador de un goce puro.

Todas estas cuestiones se pudieron debatir y conversar con el público asistente.

Tras la pausa del café, comenzó la segunda mesa de trabajo, coordinada por Gabriela Galarraga, miembro de la ELP en Barcelona, que se centró en los Tratamientos del Malestar. A lo largo de las cuatro ponencias presentadas se dejó entrever un hilo común: la cuestión de la singularidad, en una época marcada por la tendencia a homogeneizar, clasificar y gestionar el malestar. Cada intervención, desde distintos ángulos, se interrogó por el lugar que aún puede sostenerse para la singularidad frente a discursos que tienden a borrar la división subjetiva, cómo mantener una práctica que haga existir lo singular allí donde predominan lógicas de estandarización.

A continuación, un breve recorrido por las ponencias.

María Navarro, miembro de la ELP en Málaga, en un texto muy poético sitúa la singularidad desde la noción del resto inapropiable. Frente a un discurso contemporáneo que pretende convertir todo en objeto de apropiación —el cuerpo, las identidades, los afectos o incluso el deseo—, recuerda que existe un resto irreductible que ninguna lógica del mercado puede capturar. Es precisamente que ese resto constituye la causa del deseo y el lugar desde donde el psicoanálisis orienta la cura. De este modo, el tratamiento no consiste en eliminar el malestar, sino en encontrar un modo singular de habitar aquello que nunca podrá integrarse plenamente al sentido. La apuesta final por la poesía adquiere así un valor ético: no explica ni sutura, sino que bordea aquello imposible de decir.

Ynma Nieto, miembro de la ELP en Almería, traslada esta problemática al terreno de la clínica cotidiana. Su pregunta “¿tratar o no tratar?” desplaza el foco desde la eliminación del síntoma hacia las condiciones que hacen posible un tratamiento analítico. Frente a una clínica organizada por protocolos diagnósticos y respuestas estandarizadas, reivindica otra clínica donde el síntoma deja de ser únicamente una disfunción para convertirse en aquello que compromete al sujeto con su modo singular de gozar. La rectificación subjetiva, la responsabilidad respecto al propio síntoma y la escucha del deseo emergen como condiciones para que el tratamiento no se reduzca a la adaptación del sujeto a los ideales contemporáneos.

Graciela Briceño, socia de la ELP en Almería, muestra cómo esta tensión se hace especialmente visible en el ámbito institucional. Las políticas públicas necesitan operar mediante categorías universales - víctima, inmigrante, usuaria, mujer en riesgo- para poder organizar la intervención. Sin embargo, es precisamente allí donde el discurso analítico puede introducir una interrupción, una pausa que permita escuchar aquello que ningún protocolo alcanza a captar. La viñeta clínica presentada ilustra con claridad que no existe la solución para “la mujer”, sino una solución construida para una mujer en singular. No se trata de oponer el psicoanálisis a las instituciones, sino de impedir que la lógica institucional borre al sujeto.

Jorge Cordi, socio de la ELP en Almería, amplía el horizonte de la discusión al introducir la noción de “descivilización”. La erosión de los soportes simbólicos del lazo social produce nuevas formas de subjetividad atravesadas por la homogeneización y la sustitución del nombre propio por las clasificaciones diagnósticas. En ese contexto, la singularidad aparece nuevamente bajo la forma de aquello que resiste toda captura. Incluso cuando el discurso científico pretende expulsar al sujeto mediante clasificaciones exhaustivas, la división subjetiva reaparece como resto irreductible. Desde esta perspectiva, el psicoanálisis no constituye únicamente una práctica clínica, sino también una forma de resistencia frente a los procesos contemporáneos de uniformización.

Estos cuatro trabajos pusieron de manifiesto que, en una época dominada por la evaluación, la clasificación y la promesa de soluciones universales, la ética del psicoanálisis continúa orientándose por lo que cada sujeto tiene de irreductiblemente singular.

El debate posterior, que contó con una participación activa tanto de los ponentes como del público, permitió profundizar en varias cuestiones. Entre ellas la diferencia entre la “singularidad tecnológica” —calculable, universalizable— y la singularidad que interesa al psicoanálisis, irreductible a cualquier algoritmo, a la como la preocupación compartida por las formas actuales de producción de subjetividad bajo el discurso capitalista.

En definitiva, frente a la tendencia contemporánea a la homogeneización, el tratamiento psicoanalítico sigue apostando por aquello que no puede universalizarse: el síntoma, el deseo y la invención singular de cada sujeto.