Llamamos urgencia a la modalidad temporal que introduce el trauma. Desde el punto de vista del psicoanálisis la urgencia tiene un estatuto muy diferente  al que tiene en otros discursos, el médico o el político. Los psicoanalistas, como dice Eric Zuliani, en el Hebdo blog nº 103,  no entendemos la urgencia en términos de conducta, lo que nos llevaría a hablar de los sujetos  que están en situación de urgencia y  de los que no lo están. Siguiendo a Lacan llamamos urgencia a lo que empuja a un sujeto a dirigirse a un analista, a hacer una demanda. Hay “urgencia” cuando las significaciones habituales de un sujeto han sido desgarradas por la emergencia de un real traumático.

Tanto el sujeto que vive la urgencia como el analista que ha de tratarlo se ven afectados por la urgencia. Es más, hay una urgencia específica del analista de la que habla Lacan en El Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI1, “la urgencia que preside el análisis”. En los Centros de psicoanálisis aplicados, CPCT, CPA, tratamos la urgencia pero también lo hacemos en las consultas. La diferencia es que cuando se trata de los Centros de Psicoanálisis aplicado, los tratamientos por tener un límite temporal explícito introducen la urgencia en el dispositivo mismo.

En la enseñanza de Lacan, el tratamiento de la urgencia se articula a la formación del analista, como veremos en algunos de sus textos relacionados con la formación y el pase.

Así en el “Informe de Roma” leemos: “Nada de lo creado que no aparezca en la urgencia, nada en la urgencia que no engendre su superación en la palabra”2.

Una frase que pone de relieve dos caras de la urgencia: “Nada de lo creado que no aparezca en la urgencia” acentúa el potencial  de la urgencia misma  en la medida en que la urgencia pone al descubierto aspectos que de otro modo quedarían relegados. Esta cara de la urgencia es la que hace que Jacques Alain Miller3  hable, no de un tratamiento de la urgencia sino  de un tratamiento por la urgencia. La urgencia misma es la oportunidad que  hace aparecer por ejemplo un goce del que el sujeto estaba defendiéndose y surge en la urgencia, un real en el cuerpo del que el sujeto se había desentendido hasta no aparecer la urgencia, o en el caso que presentó Constanza Meyer en las Noches Clínicas,  la urgencia es lo que permite poner de relieve aspectos del caso que de otro modo habrían pasado inadvertidos. Es una modalidad de lo que llamamos un tratamiento por lo real.

La otra cara de la urgencia queda recogida en la frase: “Nada en la urgencia que no engendre su superación en la palabra”. Aquí Lacan se refiere al tratamiento de la urgencia, si el trauma ha roto las redes simbólicas produciendo en ellas un agujero que afecta a la relación del sujeto con la palabra, el tratamiento conlleva el restablecimiento de dicha relación rota.

Ante la urgencia el analista queda definido por su acto, hay analista cuando este es capaz de hacer pareja con la urgencia.

Para tratar esos casos de urgencia, según Lacan, para estar al día con esos casos, hay que hacer con ellos “el par” (hacer el par o hacer pareja)4. Es decir que el analista en la urgencia hace “el par”, “hace pareja” con el sujeto que está en la urgencia para así restablecer el lazo de palabra cuando el sujeto ha sido rechazado del campo del Otro en el cual no se ha podido sostener.

Así en El Prefacio5 Lacan afirma que la situación analítica no es el encuentro entre un analizante y un analista simplemente, sino que la demanda de un analizante dirigida a un analista no se habría producido sin la presencia previa de la urgencia. Es la urgencia  la que empuja a cualquier sujeto a hacer una demanda de análisis, por lo que  la demanda es siempre la demanda de una urgencia. La urgencia está presente en el análisis desde el principio pues, a diferencia de la angustia que se cierra sobre sí misma, la urgencia mueve al sujeto a hacer su demanda.

Y en su escrito: Del sujeto por fin cuestionado6 dirá que solo se puede afirmar que hay  psicoanalista, cuando éste puede hacer pareja con la urgencia. La dignidad de la urgencia en psicoanálisis se debe a su articulación con la formación del analista.

En el transcurso del análisis hay también momentos específicos en los que la urgencia se presenta bajo la forma del acting out que hay que interpretar, en cuyo caso la urgencia apremia al analista, pero también bajo la forma del pasaje al acto cuando este amenaza con producirse rompiendo los lazos del sujeto con el Otro. En ambos casos la urgencia afecta al analista.

En lo que respecta al acting out se trata de una verdad sin sujeto que llama a la interpretación,  hay en el acting out  una dirección al Otro y es el analista quien tiene que encontrar la interpretación, no siempre es fácil y no siempre se realiza con palabras. Tenemos un ejemplo fantástico de Lacan en el que él es convocado como analista por el analizante en tanto que objeto mirada, recordemos que el objeto a no se presta a la representación.  “Una mujer va a ver a Lacan a su consulta con la queja siguiente: todo el mundo la abandona, la deja -sus amantes, sus amigos, su familia-. La primera vez que ella se tumba en el diván se deja caer con todo su peso. ¡Ella se desplomó! Lacan se levanta de su sillón: la sesión había terminado. Ese acto del analista produjo un enigma en la analizante que tardó en entender…”. Ella misma se deja caer, escenificándolo ostensiblemente ante la mirada de Lacan, que lee el acting out o lo interpreta cortando la sesión. El acto del analista intriga al sujeto lo suficiente como para que quiera volver, lo que produce una rectificación subjetiva que le permite incluirse en su síntoma7.

No siempre el acting out es el resultado de una intervención errónea del analista,  en el ejemplo de Lacan vemos que como  el objeto amirada no se deja representar se pone en escena en el lugar del analista.

No todos los acting out responden al ejemplo del “hombre de los sesos frescos”, el paciente de Kriss.

Un acting out puede ser también una manera de poner en escena el objeto indecible que no puede pasar a la palabra, es lo que se muestra también en un acting ocurrido durante mi análisis, titulado “roban a un niño”, en este caso el acting permite mostrar el objeto indecible en juego en el mismo8.

En cuanto al pasaje al acto como corte radical con el Otro, tal como dice Guy Briole, “el pasaje al acto tampoco descalifica al analista como interlocutor en la urgencia aunque lo ponga entre la espada y la pared”9, el analista puede restablecer un lazo de palabra cuando el sujeto se ha visto rechazado fuera del campo del Otro. El psicoanalista es aquel que es capaz de ocupar su lugar en el acto que lo confronta con lo imprevisible y sólo se verifica a posteriori.

Llamamos “urgencia subjetiva” a una crisis de la relación con la palabra. Un real ha desgarrado ese lazo, ha hecho un agujero, un troumatisme, según el neologismo inventado por Lacan10.

Es en 1976, en El Prefacio, su último texto sobre el pase, cuando Lacan presenta el inconsciente real por fuera de sentido, en ese momento ya no se trata del sujeto sino del parlêtre, ya no utiliza la expresión “urgencia subjetiva” sino que habla de “casos de urgencia”. Tampoco utiliza el término transferencia pues no se trata del inconsciente transferencial sino del inconsciente real.  Lacan dice aquí que si el analizante vuelve a la sesión no es por la transferencia, sino que hay algo más fuerte que lo empuja, eso más fuerte es la urgencia de obtener una satisfacción que sea conclusiva, esa es la urgencia que preside el análisis y que corresponde al analista poder darla.

En 1967 la urgencia se sitúa como punto de Arquímedes de la puesta en acto de la transferencia, la urgencia justifica el movimiento del sujeto en la prisa que lo empuja a hacer su demanda de análisis.  Puedo dar un ejemplo propio, ya que la urgencia que experimenté  cuando hice mi segunda demanda de análisis: mi padre iba a morir y ese hecho anunciado lo viví como una amenaza inexplicable de que un mal se cernía sobre mí,  era algo inexplicable pero que me empujó a pedir un segundo análisis. Esa amenaza  indicaba el lugar donde la cadena estaba rota, donde para mí se localizaba el troumatisme.

Pero en 1976, la verdad ha perdido su privilegio en la enseñanza de Lacan porque respecto a lo real solo  puede mentir. Mentira y verdad tiene el mismo estatuto cuando se trata de lo real por fuera de lo simbólico y de lo imaginario. “El espejismo de la verdad, del que solo cabe esperar la mentira (lo que cortésmente llamamos resistencia), no tienen otro término que la satisfacción que marca el final del análisis”. Siendo que dar esta satisfacción es la urgencia que preside el análisis, interroguemos cómo alguien puede consagrarse a satisfacer esos casos de urgencia11… la oferta es anterior al requerimiento de una urgencia que uno no está seguro de satisfacer sino por haberla sopesado. Solo sabemos que la verdad miente cuando nos confrontamos con lo que no miente: lo real. Lo real no miente porque no habla.

La urgencia cambia de estatuto con el parlêtre, ahora con el inconsciente real el relieve está puesto en una satisfacción a obtener en el análisis.

La urgencia que preside el análisis, a la que se refiere Lacan en este escrito, no es únicamente del parlêtre, también corre a cargo del analista: “siendo que dar esta satisfacción es la urgencia que preside el análisis…” En esa búsqueda el parlêtre va a tropezar con lo real que la verdad no alcanza, que resiste al desciframiento y a la historización por ser un real excluido del sentido. Con el inconsciente real no hay amistad posible porque en cuanto se le presta atención se sale de él. Lo real hace de tope a la verdad y es en ese vaivén entre verdad y real en el que el analizante puede obtener una satisfacción que sea conclusiva.

De la experiencia hecha del inconsciente real solo sabemos de modo indirecto: la prueba es un cambio en la satisfacción que sostenía el análisis y que toma ahora un valor conclusivo.

“Siendo que dar esta satisfacción es la urgencia que preside el análisis, interroguemos cómo alguien puede consagrarse a satisfacer esos casos de urgencia (…) urgencia que uno no está seguro de satisfacer sino por haberla sopesado”, señala Lacan en El Prefacio; lo que se puede entender como que el analista ha sopesado la capacidad del parlêtre para llegar hasta allí, o, bien, como que el analista puede dar esta satisfacción que urge al analizante para poder terminar su análisis en la medida en que el mismo ha hecho esa experiencia.

Aquí el urgido es el analista, urgido a dar esa satisfacción conclusiva porque sin ella deja al analizante en las ansias, en los callejones sin salida de la fase terminal del análisis, entre la decepción y la angustia, entre la impotencia de la verdad y el horror de ese real que rebasa al parlêtre.

Se trata de que ante ese real el analista no lo tome por una resistencia reenviando al analizante a la asociación libre y a la verdad, su acto debe detener esta deriva hacia el sentido.  Danièle Lacadée,  relata una intervención de su analista que le permitió poner fin a una búsqueda de sentido interminable sobre el porqué su madre habría mordido a su hermano. El analista cortó diciéndole: “ella muerde porque tiene dientes”. Este tipo de intervención le permitió salir de esa búsqueda sin fin y encontrar el tope de lo real por fuera de sentido. Una variable ética se pone en juego en este momento en que puede o no producirse una reacción terapéutica positiva ante lo hallado en el análisis. Cuando esta se produce lo sabemos por el afecto de satisfacción que experimenta el sujeto pero respecto al goce opaco de su síntoma.

Al final se trata de que cuando el síntoma no tiene ya más alcance de sentido o significación,  cuando el síntoma se ha transformado y ya no produce la incomodidad o el malestar del comienzo, una vez molestada la defensa, el analizante puede tomar la satisfacción que  habitaba el síntoma  desde siempre12.

Lo que Lacan dice aquí respecto al análisis conclusivo vale también para las curas rápidas que hacemos en los centros de psicoanálisis aplicado, algunos ejemplos clínicos presentados por colegas dan cuenta de ello, en las curas rápidas se trata también de “dar esta satisfacción que es la urgencia que preside el análisis”.

Por esta vía nos encontramos con que la urgencia en los tratamientos que hacemos en los Centros de Psicoanálisis Aplicado no tienen como única finalidad restablecer la relación cortocircuitada por el trauma del ser hablante con la palabra sino también obtener esa satisfacción que busca la urgencia.

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI”, Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 601
  2. Lacan, Jacques. ”Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, Escritos 1, México, Siglo XXI Editores, p. 231.
  3. Miller, Jacques-Alain. “Urgence- Hebdo-Blog” nº103, 23 de abril de 2017. Publicación de la ECF, de las ACF y de los CPCT.
  4. Lacan, Jacques. “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI”, op. cit., p. 601.
  5. Ibid., p. 601.
  6. Lacan, Jacques. “Del sujeto por fin cuestionado”, Escritos 1, México, Siglo XXI Editores, p. 226.
  7. Fuentes, Araceli.  El misterio del cuerpo hablante, Ed. Gedisa,  p. 77.
  8. Ibid., p. 70.
  9. Briole, Guy. Conferencia “Hacer el par, en la urgencia”, en las “XIII Jornadas Anuales de Pausa”, en Buenos Aires, el 27 de noviembre de 2018, inédita.
  10. Lacan, Jacques. El Seminario, Libro 21, Les non dupes errent, sesión del 19 de febrero 1974, inédito.
  11. Lacan, Jacques. “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI”, op. cit. , pp. 600-601.
  12. Miller, Jacques-Alain. El ultimísimo Lacan, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 100.

 

 

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