Reseña de la conferencia de Domenico Cosenza “La crisis de la adolescencia: desde el conflicto hasta la desconexión-hiperconexión”

Hemos tenido el enorme placer de recibir en la sede de la ELP de Málaga el pasado 17 de mayo, dentro del Ciclo de Conferencias “Síntomas Contemporáneos” organizado por el ICF, a Doménico Cosenza, psicoanalista en Milán, miembro AME de la Scuola Lacaniana de Psicoanálisis y de la AMP. Ya el título de su exposición fue una invitación a zambullirnos en un tema de la clínica con sus modos de presentación en nuestros días, alrededor de las nuevas formas de desencadenamiento de síntomas que se dan en este periodo de la vida.

En la presentación, la coordinadora del ICF, Blanca Fernández, resaltó la importancia de estas charlas dirigidas a todo el público para dar a conocer lo qué dice el Psicoanálisis de orientación lacaniana, causado por el espíritu freudiano de mantener un diálogo permanente con la actualidad de la época y con las vicisitudes sociales del momento.

Doménico Cosenza comienza su exposición tomando como referencia su propia investigación para pensar el desencadenamiento de síntomas en los jóvenes cuando entran en la pubertad y se da el pasaje a la adolescencia, especialmente a partir del desarrollo del capitalismo. Con la generosidad de su estilo, comparte algunos puntos esenciales de este trabajo. En principio ubica que la adolescencia se caracteriza por ser un “periodo de crisis” en el que se impone para el joven una condición traumática. Este aspecto se conecta con la emergencia de la dimensión pulsional, más allá de la voluntad y de la biología, siendo convocado a dar una respuesta a esta irrupción.

Para D. Cosenza no se puede entender qué les sucede a los jóvenes si no se introduce lo que “lo real de la pulsión “produce en el cuerpo. Se constata un cambio en el funcionamiento pulsional, que va más allá del deseo. El adolescente hace la experiencia radical de estar habitado por un empuje que no controla, en el que no es amo de su cuerpo y que tiene un efecto en lo real libidinal corporal.

La crisis se presenta a su vez con una puesta en cuestión de la identidad y de los ideales que se tenían en la niñez. Al revelarse este empuje, se produce una fractura a nivel del lenguaje para nombrar lo que le sucede y poder separarse del Otro familiar. Es la primera vez que el sujeto se confronta a cuestiones fundamentales alrededor del sentido de la vida, el deseo, el estudio, el trabajo, la orientación sexual. Es un momento clave, no puede hallar en el Otro una respuesta que pueda funcionar como la garantía de lo que decide ni como punto de orientación de su deseo.

A continuación, D. Cosenza nos señala que J. Lacan da una indicación muy importante en el Prefacio a El Despertar de la Primavera1. Allí ubica un primer tiempo en el cual el sujeto vive la ilusión de que la “relación sexual “pueda existir. Un pasaje que permite, en el mejor de los casos, la construcción de un velo fantasmático necesario para disponer de una brújula para enfrentar la experiencia, a partir de que somos seres hablantes, de que no hay un encuentro armónico con el Otro.

También hace referencia al texto de J. Lacan Psicoanálisis Radiofonía &Televisión2 en donde anticipaba que en la época capitalista el sujeto viviría las consecuencias del levantamiento del velo que cubre el misterio de la sexualidad. Se puede verificar que en la actualidad se presenta, por un lado, una obscenidad ordinaria, normalizada, como la pornografía y, por otro lado, un cierto desencanto. La sexualidad pierde el agalma. Para muchos jóvenes ha dejado de ser algo importante. Otras cosas parecen tener más importancia como la imagen de sí, el goce en la vertiente narcisista.

La interdicción de la ley y la función reguladora del significante, fundamento de cualquier lazo según la lógica edípica, se encuentran eclipsadas en nuestra sociedad por el efecto de la reducción de lo simbólico y su falta de incidencia sobre lo real y por la elevación del objeto al cenit social. Este cambio implica que no tenemos más al Amo clásico. En el lugar de mando lo que encontramos es el empuje a gozar de los objetos. Esto tiene un efecto en la clínica de los nuevos síntomas. D. Cosenza lo denomina “clínica de los excesos “donde se observa la desaparición del límite. Toma como ejemplo las toxicomanías y la anorexia mental, una patología que es considerada estadísticamente la segunda enfermedad psiquiátrica que conduce a la muerte. En cambio, el adolescente neurótico cuenta con esa brújula que es la construcción del fantasma, que permite introducir un límite cuando llega el momento del encuentro traumático con la “no relación sexual”. De lo contrario se pueden producir conductas extremas cuando falta la posibilidad de tratar lo real en juego y su solución es el pasaje al acto, pudiendo ir más por las conductas de riesgo o en la dirección opuesta, el aislamiento radical. Los jóvenes se encierran y reducen a lo mínimo el lazo con los otros, como sucede en Japón con los “Hikikomori”.

El ponente nos invita a reflexionar sobre la importancia de interrogarse sobre lo que ocurre en el tiempo de corte entre la pubertad y la adolescencia y cómo cada uno encuentra la manera de responder a la emergencia pulsional. Hay soluciones patológicas que a largo plazo producen una salida que es peor que la enfermedad. J. Lacan utilizaba la expresión “suicidios no violentos” en Los complejos familiares en la formación del individuo3. La imposibilidad de separarse del objeto de goce no permite un tratamiento de las perdidas, las traiciones, la muerte de una persona querida o una situación traumática. Es decir, no puede realizar el trabajo del duelo a través del lenguaje. Una vez que se cede el objeto, este lugar queda vacío y puede ser ocupado por otro objeto. Pero ante la imposibilidad para algunos jóvenes más frágiles de tramitar la pérdida, responden con un pasaje al acto, la desconexión o una reacción compulsiva para sostenerse en el mundo y darse un nombre, que no es al modo de un síntoma metafórico.

Finalmente, en el espacio de preguntas se produjo un interesante intercambio con los participantes en relación a la cuestión del diagnóstico y de la estructura. D. Cosenza responde que es conveniente no tener prisa en este sentido. Se necesita tiempo para extraer del discurso del sujeto si se trata de una neurosis o una psicosis, ya que más que la presencia de delirios lo que se observa es que los jóvenes “hacen cosas delirantes”. Una especie de forclusión localizada.

El ponente cierra la conferencia con la pasión que lo caracteriza en la transmisión, animando a no retroceder ante los síntomas contemporáneos y a aceptar el reto que J. Lacan lanzó a los psicoanalistas de saber estar a la altura de la subjetividad de la época. Un desafío que convoca a la invención en cada experiencia singular que permita introducir un límite al goce mortífero, en el contexto de la sociedad capitalista, caracterizada por el rechazo al inconsciente y a los efectos de lo simbólico sobre lo real.

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. "Prefacio a El despertar de la primavera", Otros Escritos. Paidós, Bs. As., 2012, pp. 587-590.
  2. Lacan, Jacques. Psicoanálisis. Radiofonía & Televisión. Anagrama, Barcelona, 1977.
  3. Lacan, Jacques. "Los Complejos familiares en la formación del individuo", Otros Escritos. Paidós. Bs. As., 2012.