Antesala*
Para Sigmund Freud la transferencia resultó un tema tan importante como difícil de agotar. Jacques Lacan se refirió a ella durante toda su enseñanza, le dedicó un seminario y no dudó en ubicarla como uno de los conceptos fundamentales del psicoanálisis a la hora de redefinirlos bajo la bandera de su excomunión.

Como el autor lo plantea, se trata de un tema tan complejo como espinoso. Pero lejos de amedrentarse nos muestra sus aristas, nos acompaña a los lugares donde brota y nos transmite cómo hay que pararse. Porque como lo plantea Eric Laurent en «Principios rectores del acto Psicoanalítico»: «Este lugar es aquel donde el inconsciente puede manifestarse en el decir con la mayor libertad y, por lo tanto, donde aparecen los engaños y las dificultades».

Lo que sigue no se trata simplemente del producto de un lector, sino de alguien que muestra haber encontrado la mejor forma de manejar la transferencia a partir de su formación, y decide transmitirlo.

Santiago Castellanos de Marcos nos ofrece un material necesario para cualquier interesado en el psicoanálisis, un recorrido histórico y conceptual sobre este tema tan importante. Pero a la vez nos invita a plantearnos una posición ética con respecto al asunto.

En un primer momento Freud utiliza el termino para dar cuenta del desplazamiento del afecto de una idea a otra. Luego le permitirá trabajar el particular lazo que se establece entre el analizante y el analista. En este libro recordaremos, entre otros momentos memorables, cuando Charcot hacía demostraciones públicas de los efectos de sugestión y cómo Breuer saldría espantado ante las manifestaciones de un amor de transferencia que se le había escapado de las manos. También repasaremos el largo y sinuoso recorrido freudiano que le permitiría encontrar una manera singular de tratamiento. La problemática será encarada desde diferentes perspectivas en el paradigmático caso Dora.

Pero el autor nos ofrecerá mucho más que un recorrido histórico, nos permitirá cernir esta paradójica cuestión capaz de posibilitar e impedir un tratamiento. Nos brindará las herramientas necesarias para que la transferencia no se transforme en un pantano que en oportunidades impide avanzar al sujeto, o directamente hace que se hunda el tratamiento. Para esto precisamos tener claro entre otras cuestiones, de qué se trata la transferencia imaginaria y la simbólica.

Otros de los méritos del libro es que considera tanto la instalación de la transferencia, como su salida, el comienzo como el final de un análisis. Porque es gracias a la transferencia que el síntoma formalizado lo pone al sujeto de cara a lo real. El comentario del testimonio de un AE permitirá captar cómo el sujeto puede finalmente arreglársela luego de haber atravesado la experiencia de su análisis.

Siempre me pareció un poco raro que tanto Freud como Lacan utilizaran metáforas del terreno de la guerra, ya sea al plantear el «campo de batalla» de la transferencia, o tener a Carl von Clausewitz, el autor de la monumental obra De guerra, como referencia. En lo personal la transferencia se me presenta más bien como una aventura, en el sentido de Georg Simmel, porque tiene el color del sueño, y en oportunidades la intensidad que le imprime el inconsciente, porque está amasada de amores y odios, porque puede transformase en resistencia, pero también en la posibilidad de que lleguemos a un puerto jamás visitado. Quizás Freud y Lacan debieron batallar para abrir el camino y, con el terreno ganado, algunos nos contentamos con recoger los frutos. Es verdad que la cosa en oportunidades se pone sumamente difícil, pero es parte del asunto. Y nuestro camino esta allanado por quienes se han ocupado, como en esta oportunidad, de tratar el tema.

Conozco a Santiago Castellanos a partir de nuestro trabajo de un lado y otro del océano. Hermanados por la lengua de Cervantes y Borges; así como también por los caminos abiertos por Freud y Lacan, pertenecemos a la tierra siempre por explorar del psicoanálisis. Cada encuentro, propiciado por actividades ligadas a la Asociación Mundial de Psicoanálisis, ha sido muy fructífero, haciendo que me quedara a la espera del próximo. Así se ha establecido una transferencia de trabajo, tan necesaria para el psicoanálisis, como el propio tratamiento de un analista. Porque no es bueno que el analista esté solo, ni para él, ni para el psicoanálisis.

Quienes conocemos a Santiago sabemos que su compañía es siempre grata, cálida, enriquecedora, tanto como lo es su obra. Si lo conoces lo sabrás sin la necesidad de que te lo recuerde. Si no, tendrás la oportunidad de hacerlo por medio de este escrito. Prepárate entonces para el descubrimiento. El viaje comienza una vez más.

Que me haya pedido que escribiera este prólogo es para mí un honor, de esos que uno no espera, por el hecho de haber confiado que mis palabras podrían servir de antesala a su trabajo. Poder compartir la lectura de este texto con otros lectores, es para mí una alegría.

Este libro encierra un agalma, ha llegado la hora de descubrirlo.

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* «Antesala» es el título del prólogo de este excelente libro de Santiago Castellanos.

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