IX Encuentro de Elucidación de la Escuela "¿Cómo se analiza hoy?" (2)

El IX Encuentro de Elucidación de la Escuela "¿Cómo se analiza hoy?", se celebrará el próximo 31 de mayo en Valencia.

El Blog de la ELP se suma a la reflexión sobre el tema con una nueva propuesta; cada integrante de la Comisión ha planteado una pregunta al director de su Comunidad, vinculada a la temática del Encuentro; publicaremos sus respuestas a lo largo de las dos semanas anteriores a la celebración del Encuentro.
¡Esperamos que la lectura sea de vuestro interés!

Esther González. Responsable del Blog de la ELP.

 

Teniendo en cuenta el rechazo actual hacia el saber y hacia lo simbólico, en pro de lo imaginario y lo pulsional, de la satisfacción inmediata ¿qué opinas sobre el papel de la transferencia en cómo se analiza hoy? ¿Qué lugar es posible para que la instauración de ésta permita otra relación con el saber y el goce de aquellos que visitan a un analista?

Respuesta de José Manuel de Manuel

Constatamos en la clínica actual la proliferación de nuevas formas sintomáticas que se han convertido desde hace ya unos años en epidémicas y a las que, bajo el nombre nuevas formas del síntoma, nos enfrentamos en la clínica diaria.

Estas nuevas formas sintomáticas, que podríamos resumir en las adicciones, toxicomanías y trastornos de la alimentación y que, con buen criterio, Doménico Consenza ha nombrado como la clínica del exceso, no se prestan a ser tratadas en su mayor parte, en la modalidad de la cura analítica del síntoma neurótico1.

Ya no estamos en la sociedad de los grandes ideales, lo que produce que los síntomas clásicos tengan menos protagonismos ya que éstos, respondían a un conflicto entre el ideal y el goce y las adicciones han pasado a ser el paradigma de la nueva sociedad.

Se trata de síntomas que no hacen pregunta, y que constituyen en sí mismos una respuesta alternativa, como soluciones patológicas, soluciones de goce estable.

El discurso de estas nuevas patologías no está ligado a un saber sino a una satisfacción. Suponen un asilamiento, esto es, una ruptura del vínculo con el Otro que siempre es amenazante o inaccesible.

En este marco, ¿cómo es posible hacer transferencia con estos sujetos que en la mayoría de los casos ni tan siquiera vienen voluntarios a la consulta? ¿Qué hacer con sujetos que hacen economía del sentido, cortocircuitándolo? ¿Cómo hacer cuando la relación con el Otro está rota, y el discurso en no está ligado a un saber?

Se trata de poder ser más activos, abrir un campo de interrogación ante la exigencia de solución. La presencia viva del analista con estos pacientes es esencial, lo que hace posible cualquier otra operación de la cura. Esto requiere poder estar disponible en los momentos difíciles2.

Puesto que el Goce no siempre es exitoso, el analista debe hacer surgir el fracaso de la satisfacción obtenida por el inconsciente, poder hacer agujero donde sobrevenga el amor.

Incidiendo sobre lo real del goce, sobre la relación que el sujeto tiene con su goce. Se trata de poder reducirlo mediante la nominación del goce, su circunscripción, su localización3.

José Manuel de Manuel. Director de la Comunidad de Castilla y León.

 

¿Cómo podemos sostener una transferencia de trabajo con la Escuela que oriente la clínica, en una época donde lo que impera son las respuestas rápidas y los sujetos parecen estar más orientados a la autoayuda y al "crecimiento personal" que a la cuestión de su propio goce?

Respuesta de Kepa Torrealdai

Creo que la pregunta se divide en dos partes, la primera parece estar dirigida a los analistas y su relación con la orientación de la Escuela y la segunda que tiene que ver más con la época y con la demanda de los analizantes que nos visitan. Con todo voy a intentar responder a esta doble vertiente desde ese fenómeno de época que está evocado en esta segunda parte: la autoayuda, el crecimiento personal y la no asunción del propio goce.

¿No estamos acaso los analistas, los que nos sentamos en posición de recibir a analizantes, afectados por estos fenómenos de época? ¿No buscamos nosotros mismos una cierta autoayuda, un “crecimiento personal” que deriva de nuestra propia modalidad de goce cuando presentamos nuestros trabajos ante el Otro del Campo freudiano? ¿Acaso no tratamos de repetir muletillas clínicas aprendidas, para recibir la validación y alejarnos de toda acusación de desorientación?

Cuando se trata de transferencia de trabajo con la Escuela que oriente la clínica, ¿estamos dispuestos a aceptar el horror a lo que esto nos convoca? ¿No es verdad que Lacan nos orienta hacia un acto analítico que deriva de la destitución subjetiva y que nos alejaría de la repetición de un supuesto ideal?

Creo que sostener la transferencia de trabajo hacia la Escuela, primero precisa de una subjetivación de lo que supuso la irrupción lacaniana cuando presentó su Proposición4. Nos animó a una práctica que nos alejara de la psicoterapia, de lo aprendido, de lo que efectivamente no se puede enseñar como discurso universitario. En la medida en que ensalcemos la técnica de la repetición, languidece la tyche y se diluye la posibilidad del acto.

Si algo nos diferencia de las psicoterapias de la sugestión es lo impredecible del acto analítico, que se sostiene en la propia destitución subjetiva. Único punto desde el cual se puede reorientar la clínica en la Escuela.

No se trata de presentar productos acorazados donde ninguna pregunta pueda hacer mella y salir indemnes del envite. Se trata justamente de abrir nuestra clínica, mostrar sus agujeros y ampliarlos para que puedan expulsar un saber nuevo. Seamos honestos con nuestra angustia y nuestras dificultades, finalmente, con la relación con nuestra propia castración. Lugar en el que se apoya el acto analítico como nos recordaba Di Ciaccia en 1995: “testimoniar sobre donde se encuentra uno en relación con su propia castración, y de donde toma su apoyo eventualmente el acto analítico”5.

Kepa Torrealdai. Director de la Comunidad del País Vasco.

 

Estamos en una época de preeminencia y culto de la imagen, de "la cultura del narcisismo", donde han eclosionado las ideologías y las políticas identitarias.
La experiencia del análisis requiere la puesta al trabajo de la falta en ser del sujeto y el cuestionamiento de las certidumbres del yo. Entonces, ¿cómo opera, hoy, el psicoanalista para que los sujetos puedan hacer la experiencia del inconsciente?

Respuesta de Jacinto Ruiz del Portal

Efectivamente, el discurso analítico va totalmente a la contra de cualquier idea de completud, ya sea por la vía de la identificación, la del saber o la de la relación de objeto. En este sentido, y como ha ocurrido siempre, el psicoanálisis es subversivo respecto al discurso del Amo contemporáneo, que apunta a esas certidumbres del yo que comentas, muy bien sostenidas en la alianza entre la ciencia y la técnica.

En 1923 Freud, en su texto El yo y el ello, nos dejó esta perla: “el yo no es amo en su propia casa”, aforismo que retomó Lacan para resaltar que más allá de cualquier ideal de completud, el sujeto está dividido irremediablemente; si lo pudiésemos decir así, esta es la certidumbre lacaniana y, por tanto, una orientación para el psicoanalista en su práctica.

Lógicamente, esto no quiere decir que haya garantía de que cualquier sujeto pueda entrar en el dispositivo analítico; ya sabemos que una de las funciones del yo es la de ser una defensa ante la castración, pero si, que el psicoanalista, sostenido por su deseo, haga su apuesta por introducir la experiencia del inconsciente que el mismo tendrá por su propio análisis.

El hecho de que alguien, aquejado de un malestar, nos venga a consultar, es una indicación precisa de que hay una división, sea o no subjetivada de entrada. Será el analista quien, ocupando el lugar de objeto a, y a partir del síntoma en tanto malestar, ponga el cuerpo y la escucha que puedan dar lugar al síntoma analítico.

En mi experiencia, supongo que como les ocurre a otros colegas, más allá de la envoltura formal del síntoma, que cambia con la época, y que hoy tiene en el narcisismo uno de sus nombres, la falta en ser del sujeto asoma por todos lados, más, mientras más se reniega de ella. Esa brecha es la que el psicoanalista está llamado a explorar.

Jacinto Ruiz del Portal. Director de la Comunidad de Andalucía.

 

Notas:

  1. Cosenza, Doménico. Clínica del exceso. Xoroi, Barcelona, 2024.
  2. Cosenza, Doménico. Clínica del exceso. Op.cit., p. 85.
  3. Ibid., p. 84.
  4. Lacan, Jaques. “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el analista de la Escuela”, Otros Escritos. Paidós. Buenos Aires, 2012, pp. 261-278.
  5. Di Ciaccia, Antonio. Docencia en el Instituto. 1995