De los ejes propuestos para el trabajo preparatorio hacia el XII Congreso 2020 de la AMP, que se realizará el próximo abril en Buenos Aires, me ha interesado “deseo de dormir-deseo de despertar”.

El encuentro con una frase de Lacan en “La Tercera”, me ha servido de apoyo para iniciar un pequeño recorrido sobre el eje antes mencionado. Allí Lacan sostiene: “Tengo todo derecho, al igual que Freud a comunicarles mis sueños. Al contrario de los de Freud, no están inspirados por el deseo de dormir; a mí me mueve más bien el deseo de despertar. Pero, en fin, es particular”1.

Lo que me resulta más interesante de esta frase que acabamos de transcribir es “a mí me mueve más bien el deseo de despertar”.

Si tomamos deseo de dormir-deseo de despertar, podríamos decir que, tal como nos orienta Jacques Alain Miller en 1980, se puede seguir el hilo del despertar tanto en los textos freudianos como lacanianos, sabiendo que para Lacan el significante “despertar”, es uno de los nombres de lo real, en tanto imposible2.

Señala Miller ese año, que, en Freud ya hay una anticipación y transcribo: “….ese despertar que se anuncia en el sueño cuando el sujeto se aproxima como Freud mismo lo señala, a aquello acerca de lo cual nada quiere saber”3.

Entiendo que la frase antes mencionada de “La Tercera”, se incluye en un arco que arranca con “La interpretación de los sueños” de 1900; texto crucial freudiano y al mismo tiempo podemos pensar, que, se produce desde esos años un desplazamiento en la cura. Y sabemos bien que no es sin Lacan que eso puede hacerse.

Freud establece al sueño como “el guardián del dormir, no su perturbador”4. Y asimismo nos da la idea del sentido de los sueños, entendiendo haber encontrado la vía de acceso al inconsciente: “la vía regia”; precisamente en el texto antes mencionado, Freud plantea el sueño como cumplimiento del deseo del sujeto; transcribo: “El sueño figura un cierto estado de cosas tal como yo desearía que fuese: su contenido es entonces un cumplimiento de deseo, y su motivo un deseo”5.

Se pregunta Freud, más adelante: “¿De dónde viene el sueño? Y se responde: del inconsciente. Me imagino las cosas así, el deseo consciente sólo deviene excitador de un sueño si logra despertar otro deseo paralelo, inconsciente mediante el cual se refuerza”6.

Entonces, el sueño puede ser descifrado, obtener significaciones múltiples hasta llegar a un punto insondable y límite del ombligo del sueño que nos remite con lo no conocido, y nos lleva a aquello de lo que ya no obtenemos sentido alguno. Lacan sostiene, que hay una orientación pero que no es precisamente el sentido: “la orientación de lo real, en mi propio territorio, excluye el sentido”7.

Desde muy pronto en su enseñanza, precisamente en el Seminario 2, Lacan plantea la cuestión de la interpretación de los sueños y lo hace así: “En un análisis no sólo intervenimos en tanto que interpretamos el sueño -si es cierto que lo interpretamos– sino que ya estamos, a título de analistas en la vida del sujeto, ya estamos en su sueño”8.

Sabemos bien, que solo podremos ubicarnos en ese lugar orientados por la transferencia. Es decir que ya en aquellos años Lacan, nos adelanta que el analista no está fuera de juego en esto.

Podemos decir que lo que el sujeto quiere es seguir durmiendo (aunque esté despierto), y es función del psicoanálisis romper la defensa que es ese “dormir” con la herramienta princeps, las sesiones cortas de Lacan que apuntan a romper el automaton presente de alguna manera en el dispositivo, en su funcionamiento; con lo cual la práctica lacaniana tiene como fin el despertar; no en el sentido que el síntoma cese, desaparezca (eso a mi modo de ver no sería despertar); sino en el sentido del despertar para aprender a arreglárselas con ello.

Entiendo que en el “despertar”, lo que está presente es el deseo del analista y su acto. Por eso en el recorte señalado anteriormente del texto lacaniano “a mí me mueve más bien el deseo de despertar”9.

El analista con su presencia testimonia ese deseo de despertar, no identificándose con el sujeto supuesto al saber-dado que esa posición es efecto de sentido que implica la posibilidad de la interpretación-10.

La posición del analista es la de hacer causa, que no de infatuación de saber, para poder posibilitar despertar, aunque siempre se quiera seguir durmiendo para evitar así ese encuentro con lo real siempre sin ley y el trabajo que para cada uno de nosotros implica mirarlo de frente y ubicar que invención podemos en nuestro caso con ello.

Con lo cual se podría decir que podemos homologar despertar con deseo del analista. Esto para mí es el despertar.

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. La Tercera. Intervenciones y textos 2. Editorial Manantial. Buenos Aires, 1993, p. 95.
  2. Miller, Jacques Alain. Despertar. Matemas 1. Editorial Manantial. Buenos Aires, 1987, p. 117.
  3. Ibid., p. 120.
  4. Freud, Sigmund. La interpretación de los sueños. Obras Completas tomo IV. Amorrortu Editores. Buenos Aires, 1993, p. 245.
  5. Ibid., p. 139.
  6. Freud, Sigmund. La interpretación de los sueños. Obras Completas tomo V. Amorrortu Editores. Buenos Aires, 1993, p. 545.
  7. Lacan, Jacques. El Seminario libro 23. El Sinthome. Editorial Paidós. Buenos Aires, 2006, p. 119.
  8. Lacan, Jacques. El Seminario libro 2. El Yo en la teoría de Freud y la técnica psicoanalítica. Editorial Paidós. Buenos Aires, 1983, p. 232.
  9. Lacan, Jacques. La Tercera. Op. cit., p. 95.
  10. Miller, Jacques Alain. Despertar. Op. cit., p. 120

 

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