Me ha interesado trabajar especialmente alrededor de los sueños de angustia, de la pesadilla, pero cuando éstos se repiten, ¿son sueños traumáticos?

Trataré de hacer un pequeño recorrido para intentar dar cuenta de esta pregunta que se me plantea. Para ello he tomado como guía el libro de Carolina Koretzky: “Sueños y despertares”, que me ha enviado a textos de Freud, Lacan y Miller fundamentalmente.

En Freud

En Freud los sueños de angustia muestran los límites del principio del placer. Por un lado trastocan la tesis del cumplimiento de deseo, y por otro, al provocar un despertar, una interrupción en el dormir, ponen en cuestión el deseo de dormir como deseo fundamental del sueño.

Para Freud la angustia en el sueño no es un problema propio del sueño sino de la neurosis. La censura es la responsable de la interrupción del sueño evitando de esta manera que se manifieste un deseo reprimido. El despertar tiene que ver con la fuerza pulsional de las emociones reprimidas, uno se despierta frente a lo indomable de la pulsión, es decir, el sueño como una defensa contra la pulsión.

Por otra parte, en los sueños traumáticos no se trata de la búsqueda de placer ni de conservar el dormir, sino que asumen otra función. Se trata de una repetición, no de lo mismo, sino de lo que jamás ha tenido lugar. La angustia de los sueños traumáticos busca producir, de manera incesante, la angustia que ha faltado en el momento del accidente. Estos sueños obedecen, por tanto, a la compulsión de repetición dándose una estrecha vinculación entre sueño y pulsión.

El trauma, en “Más allá del principio de placer”, tiene que ver con el terror, es decir: correr un peligro sin estar preparado. Se destaca por tanto el factor sorpresa. La angustia, por el contrario, protege del terror.

En “Inhibición, síntoma y angustia” Freud dice que lo traumático designa una situación de desvalimiento, donde el sujeto se encuentra sin recursos reales o simbólicos para evitar una intrusión excesiva.

En la cura lacaniana

Para Lacan, la angustia es la presentificación para el sujeto del deseo del Otro, se produce ante el significante enigmático del deseo del Otro. El enigma de lo que quiere el Otro y que el sujeto ignora, angustia. El sujeto no puede introducir su pregunta sobre ello porque no hay separación, el deseo del Otro no puede diferenciarse de su goce y es ahí donde surge la señal de la angustia.

La angustia que irrumpe en la pesadilla es una manifestación específica del deseo del Otro.

A diferencia de Freud, donde la señal de la angustia se produce en el yo y concierne a un peligro interno, es un signo que representa algo para alguien; para Lacan, en el Seminario 10 1, la señal no se produce en el yo, no es un peligro interno sino una manifestación del deseo del Otro, una demanda que no concierne a ninguna necesidad, que solo concierne a mi propio ser; es decir, que me pone en cuestión, que me anula, se dirige a mí como esperando, como perdido, solicita mi pérdida para que el Otro se encuentre en ella. Esto es la angustia.

Podemos considerar el despertar en el sueño como el instante en que la demanda va a encontrar su completa satisfacción. Definición que supone que es posible disolver la angustia evitando toda satisfacción de la demanda; por lo tanto, despertar y falta en ser son términos en continuidad.

Más adelante, en este mismo Seminario 10 2, la angustia es lo que no se presta a la dialéctica, lo que no se presta al significante: el resto, resto que no se puede resolver ni disolver con el significante. La angustia es un afecto que señala lo real, imposible de ser absorbido por lo simbólico.

En la pesadilla la angustia no es el signo de una demanda satisfecha, sino el índice de la irrupción del objeto a. El despertar sirve para escapar de esta angustia.

Podemos ver cómo Lacan va tratando de cernir el concepto de lo real, comenzando con el Das-Ding en el Seminario 7, y hasta el final de su enseñanza.

Hemos visto cómo el en Seminario 10 se trata del objeto a.

Continuamos con el Seminario 11, donde Lacan dice: “El análisis más que ninguna otra praxis, está orientado hacia lo que, en la experiencia, es el hueso de lo real”3. Real de un encuentro, un encuentro esencial de lo descubierto por el psicoanálisis y que siempre se escabulle.

En este seminario utiliza dos términos aristotélicos para hablar de lo que no cesa de repetirse: el automaton, donde se encuentra una red de significantes, y la tyché, lo real como encuentro, encuentro fallido, que se presentó en la historia del psicoanálisis bajo la forma del trauma.

“Lo real está más allá del automaton, del retorno, del regreso, de la insistencia de los signos, a que nos somete el principio del placer. Lo real es eso que yace siempre tras el automaton, y toda la investigación de Freud evidencia que su preocupación es ésa”4.

El sueño puede producir lo que hace surgir repetidamente al trauma, sino su propio rostro, al menos la pantalla que nos indica que está detrás.

¿Qué despierta? Se pregunta Lacan en el Seminario 11. En el sueño del niño muerto parece que lo que despierta es otra realidad diferente a la que Freud describe así:” Que el niño está al lado de su cama, lo toma por un brazo y le murmura en tono de reproche: Padre ¿acaso no ves que ardo?5. Esta frase alcanza lo real, es decir, lo real es lo que el sueño ha escondido tras la falta de representación y en su lugar solo hay un lugarteniente6.

Hay un encuentro siempre fallido entre sueño y despertar, entre quien sigue durmiendo y cuyo sueño no sabremos, y quien sólo soñó para no despertar.

El despertar, dice Miller, es uno de los nombres de lo real en tanto que imposible.

Del fantasma al trauma

La cura analítica se dirige del fantasma reducido a una frase o un significante, hacia un acontecimiento traumático y contingente.

Se trata de realizar una reducción del sentido sexual del síntoma hasta el sinsentido, donde se para el desciframiento, no hay más que decir.

La escena traumática es una escena de goce, un goce que se supone al Otro, y es vaciada de goce en el momento en que se puede enunciar en el análisis. Cuando se formula el trauma, es el sujeto el que adviene en su lugar. Vaciar la escena traumática de goce hace que tome un valor de contingencia.

Ir del fantasma al trauma -del automaton a la tyché– despierta, debido a que se rompe con la incesante repetición fantasmática.

Miller, en su texto “Despertar”, nos indica que con las sesiones breves se trata de inspirar al analizante algo de impaciencia, de inspirarle el duro deseo de despertar.

Entonces podemos distinguir entre un despertar salvaje del trauma y un despertar analítico. Ambos tienen el mismo objetivo: despertar frente al fantasma.

Ir del fantasma al trauma en una cura se puede considerar como un despertar.

Lacan pone por meta el despertar: no que el síntoma cese, puesto que no cesa de escribirse, sino por la emergencia de lo real, que no cesa de no escribirse7.

“El deseo del analista es el deseo de despertar, pero sólo en tanto que él lo testimonia con su presencia, y en cambio no se identifica con el sujeto supuesto saber, o sea con lo que sólo es efecto de sentido”8.

Ésta sería la vocación del analista en la última enseñanza de Lacan: el que testimonia, con su presencia, el encuentro con lo real.

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 10, La Angustia. Paidós, Buenos Aires, 2006, p.166-167.
  2. Ibid.
  3. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1987, p. 61.
  4. Ibid., p.62.
  5. Ibid., p.66.
  6. Rueda, Félix. “Despertar del sueño”, Papers 2.
  7. Miller, Jacques-Alain. “Despertar”. Matemas I, Manantial, Buenos Aires, 1991.
  8. Ibid., p. 120.

Bibliografía:

  • Koretzky, Carolina. Sueños y despertares. Una elucidación psicoanalítica. Grama ediciones, 2019.
  • Freud, Sigmund. “Más allá del principio del placer”. Obras completas, Vol. XVIII, Amorrortu, Buenos Aires, 1989.
  • Freud, Sigmund. “Inhibición, síntoma y angustia”. Obras completas, Vol. XX, Amorrortu, Buenos Aires, 1989.
  • Lacan, Jacques. El Seminario, libro 10, La Angustia. Paidós, Buenos Aires, 2006, p.166-167.
  • Lacan, Jacques. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1987, p. 61.
  • Miller, Jacques-Alain. “Despertar”. Matemas I, Manantial, Buenos Aires, 1991.

 

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