Texto escrito para “Rete Lacan” el 14 de marzo, aperiódico digital de la SLP de inminente aparición, y reescrito para «Zadig» hoy día 16, tras el decreto de estado de alarma. ¡Todo cambia muy rápido!

 

Me llegan por internet pequeños videos caseros con escenas admirables de la población de Nápoles en las terrazas de sus casas, en las ventanas, cantando juntos. Es una bella lección del modo en el que en algunas zonas del planeta se puede inventar un vínculo sostenido por la sublimación. Sin embargo, esta no es sino la mejor cara del momento.

El momento me recuerda el vivido en Madrid en ocasión de los atentados del 11-M, la irrupción de un real traumático desgarrando el tejido fantasmático, la perplejidad y la angustia en la gente, la urgente necesidad de obtener una significación. En esta fractura abierta en el campo del saber y del S1, se suceden las respuestas espontáneas, y en especial las que son dictadas por las exigencias del goce de cada cual, como ocurre con la compra compulsiva – especialmente la del papel higiénico-, que ya ha devenido un icono en esta crisis global, una crisis abierta por el cvd19 en nuestra cultura del exceso y del desecho.

En este momento de crisis entran en tensión las costuras de las instituciones políticas: la Comisión Europea muestra sus dificultades para consensuar una respuesta política común a la altura de los acontecimientos, que amenazan con paralizar el viejo continente.

Se apela entonces al saber científico, de modo urgente, como principal esperanza para producir un punto de capitón en este desgarro. Esta relación entre discurso del amo y saber científico encuentra diversas articulaciones: el capitalismo autoritario chino, capaz de imponer medidas draconianas de confinamiento, el ultraliberalismo de los EEUU de Trump o la Gran Brexitaña de Johnson que oscilan entre un darwinismo cuasi eugenista y la gestión implementación de medidas sanitario-populistas acompañadas de mensajes xenófobos. Y los intentos europeos por conciliar, como en Italia desde hace dos semanas y ahora en España –tras la declaración del estado de alarma-, las políticas de confinamiento y el respeto a los derechos civiles.

En nuestro país, el gobierno de Pedro Sánchez ha necesitado unos días para reaccionar con la declaración del “estado de alerta” que otorga poderes especiales al gobierno para poder encarnar un Uno suficientemente consistente en el terreno de las políticas necesarias en la gestión de la crisis. Este Uno tendrá que ser consensuado con muchos actores políticos para poder operar.

Es un escenario inédito, y lo real no espera, no atiende a razones. Por el momento, hemos visto la emergencia inédita del lugar prevalente que el ministerio de sanidad ha venido a ocupar en la jerarquía de decisión del gobierno y la responsabilidad que se le ha venido a adjudicar al saber científico.

Vemos aquí los elementos en juego: un real mortífero desbocado, la constitución de un nuevo Uno que debe ser a la vez eficaz y respetuoso con los derechos civiles democráticos, la apelación a la responsabilidad de los ciudadanos y la esperanza de un saber, depositada en el saber científico.

El reto para el actual gobierno es conseguir los equilibrios necesarios entre estos elementos para facilitar la salida a esta coyuntura, incluyendo el ámbito europeo en el que se establecen. Esta es la otra cara de esta crisis en lo que supone de oportunidad para la invención de un nuevo pacto civil que incorpore quizás algunas limitaciones al empuje loco del discurso capitalista y las teorías eugenistas del núcleo duro del ultraliberalismo de Trump y Johnson.

Tal y como evocó Orwell en “El león y el unicornio”, fueron las exigencias de la Segunda Guerra las que obligaron a la clase política y a la sociedad civil a acomodarse a una nueva forma de organización interna, que Lacan evocó a su vez en “La psiquiatría inglesa y la guerra” y que dieron lugar al surgimiento del “estado del bienestar”, hoy en vías de liquidación.

Para el psicoanálisis, para nuestras Escuelas, se trata en este momento de progresivo “confinamiento” de inventar nuevas formas del vínculo y de acción lacaniana.

En Madrid, tras los atentados del 11M, muchos colegas participamos en la creación rápida de una Red Asistencial a los afectados, que fue posteriormente la base del CPCT de Madrid. Esa fue una respuesta de Escuela en la que el discurso psicoanalítico dio un paso adelante.

Pero el real traumático tiene en esta ocasión características muy diferentes, impide la presencia, el contacto, el cuerpo a cuerpo.

Contamos sin embargo con la ayuda de las redes de internet. Las ventanas y terrazas de nuestro tiempo no son las de Nápoles. Mientras cuidamos el vínculo en la inmediatez de nuestro confinamiento, es fundamental la invención de nuevas maneras de hacer con el discurso analítico.

Como dice Armelle Guivarch en su reciente artículo “El coronavirus, ¿un encuentro con lo real?” (LQ 872) es el momento de la escritura, de los inventos virtuales, de nuevas formas de circulación de la palabra.

¡Saludemos entonces el esfuerzo de poesía de este nuevo periódico!

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