Dentro del Ciclo de Introducción a la orientación lacaniana, el viernes 24 de Mayo de 2013 se celebró la última conferencia de este curso. Llevó por título La angustia en la época de la transparencia: ¿Como librarse de la mirada absoluta?, fue dictada por Rosa López e introducida por Amanda Goya, quien enmarcó la misma dentro de la ya ineludible reflexión acerca del sometimiento que padecemos, en el momento civilizatorio actual, por una mirada que se constituye con pretensiones de universal y absoluta, con la consiguiente carga paranoica que pudiera proyectar sobre el entramado social. Este hecho, para algunos pensadores, estaría promoviendo una mutación ontológica del ser y del sujeto contemporáneo.

El título tomado como referencia fue El ojo absoluto, de Gerard Wajcman, tanto por la disección que realiza sobre la civilización actual, como por la toma en consideración del tema objeto de la conferencia, ese ojo que ejerce su mirada desde todas partes pretendiendo la transparencia total, ante la cual el psicoanálisis contrapone el elogio de la sombra.

Rosa López, en primer lugar, expuso la incidencia que, con carácter general, tiene el objeto mirada sobre el ser humano. Se trataría de una mirada que siempre viene del Otro. Distinguió dos vertientes de la misma, una nos haría sentir valiosos por darnos un lugar en el deseo, la otra nos arrojaría a una angustia exponencial que nos hace sentir desecho, resto caído de la escena. Relacionadas con las dos vertientes aparecen dos categorías, el deseo y la angustia, muy próximas entre sí, separadas tan solo por una frontera lábil.

El acento de la conferencia fue colocado sobre la angustia en relación a la mirada del Otro. Al respecto se evocó la fábula lacaniana sobre el sujeto enfrentado a la mantis religiosa y al enigma de saber qué objeto es para la mirada de la mantis. Ilustración del sujeto alcanzado por su propia extrañeza, incluido a título de objeto arrojado al capricho del deseo del Otro. El ejemplo trasmite la experiencia de fractura y las dificultades para construir una identidad.

Como preámbulo al análisis de la civilización actual, se trazó un paralelismo entre la secuencia anterior y los fenómenos psicóticos. Se trajo a colación a Víctor Taus, alumno de Freud, y su artículo De la génesis del aparato de influencia en la esquizofrenia, donde describe formas de delirio en las que el sujeto es objeto de una perniciosa influencia proveniente de una maquinaria exterior. Rosa López presentó dos casos clínicos documentados en el artículo. Allí, el sentimiento paranoico del sujeto no puede ocultarse a la proliferación de miradas amenazadoras del Otro, quedando condenado a la inmovilidad absoluta. Una vez más, los sujetos psicóticos aparecen como visionarios, permitiendo predecir la llegada de una nueva civilización y constatar cómo la realidad supera, en mucho, al delirio.

El comienzo de El ojo absoluto de Gerard Wajcman, señala con precisión uno de los temas de la conferencia: “Una mutación sin precedentes está teniendo lugar en la historia de los hombres”. Mutación no realizada en secreto, sino a la vista, transformadora del mundo sin que los seres humanos nos demos cuenta, pues estamos asentados en un mundo que transita a gran velocidad, sin demora para una reflexión serena sobre esas transformaciones irreversibles.

A continuación, un planteamiento sugerente, la transformación de los ideales en imperativos. Si en el siglo XVIII, el significante ideal era la felicidad; en el XIX era la libertad; en el XX la salud; todavía sería pronto para aventurar el ideal del siglo XXI. Si seguimos a Wajcman, podemos pensar en el ideal de transparencia. La cuestión es que estos ideales, surgiendo como benéficos, son transformados en imperativos que muestran su vertiente mortífera. Como imposición de ideologías, el fundamentalismo de la salud prescribe lo bueno y lo malo; el ideal de felicidad se transforma en imperativo que obliga a gozar más y más.

En relación con el ideal de transparencia, en la actualidad todo puede ser visto, operaciones en directo, cuerpos que se trocean, etc. Lo que no es visto no existe. Al respecto, uno de los ejemplos más dramáticos es la negación de la existencia de los campos de exterminio alegando que no se han visto. La ideología de la transparencia abarca todos los campos humanos, la ciencia, la política, la medicina, la geografía, la vida privada, etc. Dos ejemplos, Facebook y Wikilieaks, uno aboliendo la vida privada, el otro los secretos del poder.

Una precisión interesante. Cuando Wajcman habla de ojo absoluto, no se refiere a la mirada tradicional de Dios, sino a los artilugios técnicos que pululan por las esquinas de las calles, y que graban nuestra imagen en todo momento. Objetos técnicos siniestros, porque ni siquiera precisan dormir, ven sin cesar, sin parpadeos.

Rosa López realizó una lectura clínica de la mirada absoluta en la civilización. En efecto, no parece muy aventurado emparentarla al delirio paranoico, riguroso, que no duda, que otorga sentido a todo lo que acontece. Es inevitable escuchar las resonancias. Este rigor absoluto puede relacionarse con la aspiración científica de que todo lo real sea visible y calculable. Se pueden poner múltiples ejemplos de encarnación, por parte de la ciencia, del imperativo de transparencia. Uno de ellos sería la máquina de resonancia magnética NeuroSpin, presentada como la revolución que entenderá el cerebro carteándolo en imágenes. En ese mapa, supuestamente, aparecerían las emociones, las percepciones, la conciencia, y hasta los pensamientos. Es la alianza entre política y ciencia.

Vemos que el imperativo es exigente. No se conforma con visualizar los órganos internos, además quiere arrancar el misterio de la subjetividad, nuestros más íntimos deseos, arrancar el inconsciente, eso que hace que el sujeto no pueda ser transparente consigo mismo. Algo pueril, pero con efectos devastadores que amenazan a todos. Es decir, la ciencia, no solamente ignora la singularidad del sujeto, la forcluye. Su afán universalista, regido por la ley del “para todos”, excluiría la singularidad, haría al sujeto invisible, transformándolo en cuerpo y en puro objeto de investigación. Es la idolatría consistente en naturalizar el espíritu.

¿Cuál sería el efecto más evidente producido por esta situación? Rosa López evocó a Jacques Lacan: “La angustia es el sentimiento que surge de esa sospecha que nos embarga cuando nos reducimos a un cuerpo”.

Esto llevó a reflexionar sobre los escenarios que la ciencia no tiene en cuenta. El sujeto es un exiliado de la naturaleza, de la biología, habita en lo simbólico, en el lenguaje. Es necesario entender que no somos un cuerpo, sino que tenemos un cuerpo. Por eso el ser humano ha de construir una identidad. Hechos como la sexualidad, la alimentación, la defecación, etc., quedaron afectados por las palabras, distorsionados y extraviados de sus rieles naturales. La ciencia y la tecnología no pueden organizar un retorno a la vida natural. Es tarea imposible.

La hipótesis hacia la que confluyó la argumentación tiene que ver con la cuestión de la transparencia. Un ejemplo, las ecografías de los fetos fotografiados en tres dimensiones. Algo siniestro, el niño mirado antes de salir del cuerpo materno. Wajcman lo ilustra de esta manera: “Bienvenido al mundo del hombre transparente”. Otro ejemplo, las cámaras de vigilancia domésticas, prótesis del ojo de la madre para la asistenta y el niño que toma a su cargo. Miradas imperativas, promoviendo un afán de evaluación encarnado por instituciones, médicos, educadores, conductistas, cognitivistas, sometidos por ideologías imperativas.

Estaríamos ante un sujeto tomado como objeto y enfrentado al enigma de la mirada del Otro. En la actualidad, el Otro es la ciencia, con su enorme capacidad para cambiar la naturaleza del mundo y del sujeto. Esto se enmarcaría dentro de la alianza entre ciencia y tecnología, una alianza que no es inocua, sino que induce al establecimiento de una ideología imperativa. Se trata de un encuentro con el cuerpo, transformado en objeto de investigación y mercancía. Órganos que se venden y se fabrican, lo cual nos sitúa en el escenario de Blade Runner, donde ya no se podía diferenciar a los humanos de los replicantes.

Ante esta evidente mutación civilizatoria surgieron algunas preguntas: ¿Tenemos algún margen de respuesta ante este panorama? ¿Este dispositivo puede borrar la experiencia de la verdad y del inconsciente? ¿Por qué en las consultas no aumentan los casos de paranoia? ¿Por qué no nos molesta que nos graben todo el tiempo? ¿Qué es lo que hace que el ser humano obedezca un orden que le resulta insatisfactorio?

En primer término, no aumentan los casos de paranoia porque ya formamos parte del sistema. Nuestro goce consiste en mirar y ser mirados. el mundo se constituye como omnivoyer.

En segundo lugar, el sujeto obedece a un orden insatisfactorio porque, como descubrió Freud, el sujeto se entrega al amo. Es una servidumbre que obedece a la estructura del sujeto.

Tercero, el psicoanálisis acoge y resguarda la categoría de la imposibilidad, que lo es de una síntesis total del sujeto, de un saber total, de una verdad absoluta. Habría un límite infranqueable que ningún saber puede traspasar.

Cuarto, también acoge al sujeto del inconsciente, postulándose a contracorriente de los afanes de la ciencia, pues los seres humanos no somos ecuaciones. Reivindica el derecho a la intimidad, a lo oculto, la defensa de la sombra frente a la luz totalitaria.

Quinto, se trataría de recuperar la subjetividad. Es la tarea que impone el psicoanálisis en su viaje a un real que no puede ser representado. Sería el modo que tiene el sujeto de recuperar la dignidad del deseo, el pudor de lo íntimo, y un saber hacer con lo extraño que lo habita.

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