En la sede de la Comunidad de Aragón de la ELP y con una gran afluencia de público tuvo lugar el pasado viernes 3 de mayo, el testimonio que Araceli Fuentes había titulado “El relieve de la voz”.

Nos explicó que ya había realizado varios testimonios, pero que el de ese momento sería sobre el tema “fenómeno psicosomático: entre la medicina y el psicoanálisis”. La psicosomática, dijo Araceli, es el fracaso de la medicina, y en un siglo como este marcado por la biología, no le queda más remedio que aceptar la causalidad psíquica. Sin embargo sigue siendo un cajón de sastre donde van a parar las emociones, el stress, y los factores de personalidad como causas explicativas.

Araceli diferenció con rigor el síntoma analítico, ligado al inconsciente, en el que goce y cuerpo se anudan, del fenómeno psicosomático. En éste último, el goce se inscribe directamente sobre el cuerpo, es no legible, no hay sentido, es una escritura real. El fenómeno psicosomático es mudo, un goce real que lesiona el cuerpo, un real sin ley, es decir, por fuera de la ley y del sentido.

El sujeto no se siente representado por el fenómeno psicosomático, se le impone, y no lo subjetiva ni como propio ni como del Otro. El fenómeno psicosomático es un accidente en la constitución del cuerpo en el encuentro con el lenguaje.

Araceli citó las diferentes referencias que ha dado Lacan sobre el FPS. En el Seminario XI, Lacan toma la holofrase como modelo, un goce fijado al cuerpo, un trozo de lalengua. Posteriormente, en la Conferencia de Ginebra sobre El síntoma, Lacan señala que un psicoanálisis puede permitir que el inconsciente cifre algo de ese goce real, y pueda llegar a ser un síntoma.

Araceli Fuentes presentó su elaboración, continuada, sobre su fenómeno psicosomático: desde la holofrase recibida en la primera infancia, “trozo de discurso pre-constituido del Otro” a la que se unía un malestar y un síntoma recurrente de dolor de oídos, hasta el desencadenamiento de la enfermedad 30 años después, tras la muerte del padre. “Un duelo no hecho impide hacer otro”, en el lugar del síntoma sobreviene la enfermedad, y la mancha del lupus atrae la mirada.

En su primer análisis no hablaba del lupus, éste se daba a ver a la medicina. En otro momento, muchos años después, la holofrase se trató con la interpretación, y ésta tuvo el efecto de separar la mirada y el goce, y de la mirada separando de ésta la visión, cuyo efecto fue la pacificación de la enfermedad. “A pesar de la permanencia de lo escópico, lo más central fue la voz”, nos dice Araceli.

No podemos reproducir en esta esquemática reseña, el rigor y la transmisión -que tuvo efectos de verdad en el público-, del desarrollo que Araceli Fuentes hizo de este tema. Lo podremos leer en próximas publicaciones. Los sueños en el final de su análisis, la elaboración del analizante en el tiempo del pase, las conclusiones e investigaciones en curso…, y por si fuera poco lo que Araceli nos dio, aún tuvo la generosidad de contestar a las preguntas del público.

La Comunidad de Aragón de la ELP, agradece sinceramente a Araceli Fuentes y a los AE que con su enseñanza dan cuenta del verdadero espíritu de la Escuela de Jacques Lacan.

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