Reseña XXII Jornadas de estudio de la Diagonal Hispanohablante de la Nueva Red CEREDA

El 28 de febrero de 2026 tuvieron lugar, en la Sede de la ELP de Barcelona, las XXII Jornadas de Estudio de la Diagonal Hispanohablante de la Nueva Red CEREDA, bajo el sugerente título La angustia del niño y sus objetos. En su bienvenida, Irene Domínguez (Directora de la Comunidad de Cataluña de la ELP) nos invitaba a “hacer y volver a hacer jornadas como esta”, como modo propio al discurso analítico de producir un saber siempre agujereado, inacabado, que se pone en función trabajando a partir de la puesta en común. Y de esto trató el encuentro: un arrojar luz a través de los trabajos presentados, de la viva conversación que suscitaron y de la lectura esclarecedora de la invitada, Omaïra Meseguer.

En el primer tiempo de conversación, Irene Domínguez y Ruth Pinkasz (Directora de la Jornada) situaron dos funciones esenciales de la angustia en el trabajo con niños: por un lado, la angustia como indicador clínico que encontramos en nuestra práctica, haciéndolo valer como el afecto por excelencia, “el afecto que no engaña”1. Por otro lado, la angustia como operador de separación, a partir de la indicación “la angustia se produce cuando hay demasiada presencia de objeto”. Nos precisaban entonces que las maniobras del clínico se orientarán según la modalidad de dicha presencia.

Tras esta introducción, se dio paso a una serie de casos organizados en dos mesas: la primera llevaba por título Localizaciones de la angustia en el niño. El caso presentado por Diana Etxeberría (DHH País Vasco), nos enseñó sobre cómo el niño se posiciona en relación al discurso materno, produciéndose en la cura una localización de la angustia que le permite formular su preocupación (¿Qué hacer con el cuerpo patoso?) y ponerla al trabajo. El segundo caso, presentado por Paula Díaz (DHH Barcelona), nos mostraba un sujeto decidido que atrapa al vuelo la invitación de la analista a hablar de sus sueños y ficciones y que consigue, a través de la palabra bajo transferencia, subjetivar algo de la locura materna (con el alivio que esto conlleva).

La segunda mesa trató sobre La lengua y el Otro: función y usos del objeto. Se inauguró con un caso de Iván Navarro (DHH Valencia) que nos situó de lleno en la clínica del autismo, cuando se presenta la obturación de la angustia por el objeto, sin que se produzca cesión. Iván reflejó el tiempo necesario para leer algo de la lógica del sujeto y la necesidad de introducir paradas que posibiliten la aparición de un circuito. Por su parte, Cecilia Espejo (DHH Barcelona) presentó un caso en el que podíamos hablar propiamente del niño angustiado y de la aparición a lo largo del acompañamiento de una invención significante propia del niño (cacae) que resuena con el “caer” de la lengua materna. El tercer caso, de Cristal Pozón (DHH A Coruña), nos enseñó sobre la clínica de la discontinuidad y los escoyos con los que se encuentra el niño cuando no hay posibilidad de ella. La condensación cerdilobo ilustraba la dificultad de separar los significantes y la amalgama subjetiva que esto produce. Un minucioso trabajo de gramática, no sin el analista que le acompaña en esta ardua tarea.

El cierre de la Jornada fue protagonizado por una conferencia de Omaïra Meseguer titulada Objetos hablantes. Omaira tomó el famoso enunciado recogido por Freud “hay más luz cuando alguien habla”2 como hilo conductor para aclarar la cuestión de la angustia, abriendo a preguntas que nos sirven de brújula para explorar en la clínica con niños: ¿Por qué pedazos de la lengua está atravesado el niño? ¿Quién es el angustiado? ¿El niño, se quedó solo con la angustia? ¿Se le permitió hablar? ¿Respondió?

Nos indicaba a su vez que un modo de agregar luz sería “interpretando, puntuando, cortando” y, en ocasiones, situándose en la lógica de tamizar, ya que el exceso puede volver ciego y producir angustia. Para ello, la invitada nos alentaba a leer lo que muestra el niño en sus juegos, sus dibujos, sus ficciones, su material… y a seguirle en sus elaboraciones “al pie de la letra, como única forma de leer sin añadir”.

Siguiendo al hilo de la luz, Omaïra articuló la angustia y la oscuridad, aclarando que “Freud nos permite desarrollar que la soledad del niño no es debida a una falta sino a un exceso”. Lo que produce la angustia frente a la oscuridad, no sería tanto la falta de alguien, como el hecho de que el niño se encuentra solo frente al exceso en su cuerpo, en sus objetos…

Por último, mencionar la invitación al trabajo lanzada por la psicoanalista y recogida al vuelo por la Comisión de Coordinación de la DHH-NRC, a partir de la siguiente orientación con la que terminó su conferencia: “la clínica con niños es la clínica de la madre-mujer”. Esta formulación abre así a una nueva perspectiva de investigación, que seguro resonará durante algún tiempo en los espacios de Estudio de la Red.

Sitio web: Nueva Red CEREDA Diagonal Hispanohablante

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 10, La Angustia. Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 75.
  2. Freud, Sigmund. Conferencia 25, “La angustia, Obras completas, vol. XVI. Amorrortu, Buenos Aires, 1991, p. 371.