Actividad organizada por el IOM2 Nuevo Cuyo, dictada vía Zoom y Facebook Live el 29 de agosto de 2020.

Desatornillarse

Para desatornillarme un poco del amor que pueda tener por aquellos que saben transmitir el psicoanálisis, de la figura y la función de Otro imprescindible, es que decidí hacer esta pequeña reseña, como una resonancia en el cuerpo.

Un efecto en el cuerpo del amor real como transferencia de trabajo, de estas casi tres horas que compartimos con un millar de personas repartidas por el mundo, frente a una fría pantalla que tomó cuerpo al ser atravesada por el singular estilo de hacer que tiene Juan Carlos Indart.

Fue en ese decir que no es cualquiera, que invitó a repensar con el último Lacan esas “verdades primeras” en las que es necesario ponerse de acuerdo.

Ab – negación

Es muy difícil decir qué es la transferencia de trabajo, que es uno más de esos sintagmas que se enquistan en la comunidad analítica de tal manera que urge su reproducción casi automática. ¿Pero de qué se trata en términos de política? ¿Cómo dar cuenta de eso?

Indart propone plantearla en términos de amor real, un paso necesario para poder llegar a decir algo de lo que es la política del goce en el cuerpo (en su diferenciación goce en el cuerpo /goce fuera de cuerpo) y a la noción de sinthoma en la última enseñanza de Lacan.

Hay diversas políticas, y la que prima es la política del No que organiza un para-todos. En este punto cita Indart al Lacan de “La dirección de la cura y los principios de su poder” tomando la controvertida tríada de política (deseo del analista en tanto falta en ser), estrategia (el manejo de la transferencia) y táctica (la interpretación).

Si hablamos de interpretación, tenemos allí de lo que se trata, un real sin ley: la interpretación no está reglada, se trata de una dimensión del no-todo, sin Otro, sin ley. Esta libertad en la interpretación, podemos decir, perturba cualquier defensa.

Del lado de la estrategia, hay un desdoblamiento en la transferencia: por un lado, el analista como semblante de objeto a, el lado “máscara” que evita una relación dual para nada conveniente en un análisis. Y por otro el lado que sostiene al Otro del inconsciente.

Hay un término que Lacan usa en ese escrito de 1958 que tiene que ver con la posición del analista y es el término de “abnegación”, que Indart rescata quitándole todo el sentido religioso, de sacrificio, de altruismo, y recuperándolo en su etimología: ab-negación: separase de la negación, del No (ese No que funda el Todo) Se trata de esa abnegación que podemos encontrar también en el lado femenino de las fórmulas de la sexuación, la negación del Todo(es el lado masculino el que afirma el No). Esto, dice Indart, es clave para pensar el amor de transferencia.

La política del analista en la cura siempre se trata del deseo del analista, pero como falta en ser ¿cómo ubicarse en esa falta en ser?

Al final de su enseñanza, Lacan habla del parlêtre como una noción que lejos de iluminarnos, más bien pone un límite: si hablamos, sostenemos un ser.

Algunas verdades primeras

En el Seminario 24 Lacan articula los efectos de la interpretación a los efectos del no-todo. Cuando en ese Seminario (en la clase del 14 de diciembre de 1976) Lacan trae “algunas verdades primeras” no se refiere más que –sostiene Indart- a los fundamentos en los que ya es hora de ir poniéndonos de acuerdo.

En primer lugar, que el “para todos” es una noción de valor de cambio, lo que domina las relaciones humanas en el mercado. Eso es el resultado de la aparición de un Todo. Y el inconsciente en tanto saber inconsciente -que a esta altura Lacan llama une-bévue, una equivocación- ese inconsciente es un todo falso, en tanto está hecho de significantes, y lo podemos llevar a su materialidad del Uno del significante, el Uno solo, cada uno como un incomparable. Pero es una unicidad de una soledad un poco limitada, porque hay muchos de esos unos. Todo, por diferente que parezca (un mate, un termo, una biblia, un calefón), todo, por diferente que parezca, tiene un valor de cambio. Es ahí cuando un significante, por el hecho de tener su valor de cambio se hace signo del Todo. Es lo que conocemos como la significación fálica; eso que nos permite decir que no hay ni un significante que no tenga valor fálico. En eso son intercambiables unos por otros.

Cuando decimos que el inconsciente es el Discurso del Amo, o que el inconsciente es la política, es porque el inconsciente produce un plus de goce, un sometimiento del valor de uso al valor de cambio. Entonces de lo que se trata es de ir más allá del inconsciente en tanto determinismo.

En el Seminario 20 tenemos como antecedente lo femenino como eso que escapa a este mercado de valor de cambio. Es solo la mujer en tanto madre que eso se hace un todo, se universaliza.

Indart pasó por las nociones de acting-out, pasaje al acto y acto, ubicando la posición del analista ahí en tanto “alojamiento” de algo por lo cual el sujeto se tranquiliza. Y no se trata de una manifestación de amor que hace el analista al analizante, por sus palabras de amor que lo calman. Eso si se resuelve es en dos cuerpos, pero fuera del registro especular y de ideales.

Lo que media

Es con el nudo borromeo que Lacan produce más saber sobre el amor. Es en el nudo de 3 (Seminario 22, R.S.I.) donde se puede mostrar que cualquiera de los tres registros puede cumplir una función de medio, de mediar entre algo que no va. Y, sin romper el nudo, hace pasar la función de medio a cualquiera de los tres registros.

Primero Lacan sitúa lo simbólico como amor; como medio entre lo imaginario y sus fragilidades, y lo real (entendido como muerte). Se trata del amor divino, un amor al ser. En términos del seminario 24 esto significa que el amor simbólico es inherente al saber inconsciente. Hay de eso en el inconsciente, el amor para siempre… ¡Y Lacan marca todo el tiempo que nosotros también estamos dentro de eso! No estamos fuera de ese amor, del amor a las instituciones, el amor a la Escuela…

El amor simbólico es el amor que niega la diferencia de los sexos, el amor que sostiene la degradación de la vida amorosa. Un amor que no termina de eliminar al otro, con un cariz perverso, esos amores que nos hacen sentir originariamente culpables.

Poner el amor en lo simbólico como medio, genera estos efectos, es poner el amor en el ser (lo que juntaría la verdad con lo real) Es ese fantasma de la mujer como caridad, fe y esperanza.

Poner el amor en lo simbólico produce un efecto de rechazo del deseo. Luego Lacan pensará que ese rechazo volverá como deseo en lo real. Atar al deseo a un fin teleológico.

Si no salimos de eso, o al menos no estamos advertidos de eso, nos quedamos en la lógica del No y el Todo, del Nombre del Padre. Eso que repetimos tantos, que nosotros “nos servimos del padre para prescindir de él” es algo que hay que verificarlo, tanto en la clínica como en el Pase.

Tampoco hay amor simbólico sin rodearse de lo imaginario, de esa actitud antigua que rebota en lo que fue por ejemplo el amor cortés. ¿Cómo es que puede aparecer esto en regímenes tan totalitarios como el feudalismo? El amor cortés era un retorno de lo que quedaba en la gente de culturas precristianas. Ahora el inconsciente nos articula al Nombre del Padre. La idea es que todo ese amor imaginario trastocado por un cambio en el nudo, por el que se paralizó el amor simbólico y el rechazo del deseo, retorna en lo real en el invento de Freud, en la invención del dispositivo analítico, donde el deseo vuelve a ser desanudado de su solución por el amor simbólico.

Y es eso lo que hace el deseo del analista, un analista articulable con un amor en tanto real. Es el amor real el que media entre lo simbólico mortificante y un imaginario que pierde la vida.

El deseo del analista implica un goce; se trata de un real, de un goce en el que se sumerge el deseo del analista. Y como es real, ese goce está por fuera de ese saber inconsciente y el filtro del fantasma (como sí lo tiene el goce fálico). Y es por eso que sin saber las consecuencias de inventar el dispositivo analítico y la libertad de asociaciones que ello implica, en ese desdoblamiento transferencial queda en la posición de sostener el deseo sin teleología y en una experiencia de goce en el cuerpo, que lo lleva a Freud a construir nociones como la de “masoquismo primordial” (diferente al masoquismo perverso). Eso se le puede ocurrir solo a alguien que está en posición de analista. La exposición a un goce Otro, en el cuerpo y por fuera del fantasma –pero no fuera de cuerpo.

En el nudo hay una zona entre lo imaginario y lo real donde ese Otro goce se inscribe, por fuera de los alcances del saber inconsciente. No quiere decir que con el lenguaje no se pueda tocar ahí, en forma de resonancia. De eso se trata el amor real.

En el seminario 21 se trata la resonancia de un decir, pero no es todo decir el que tiene eso como efecto. Solo si ese decir es acontecimiento de cuerpo.

Ese amor real no tiene relación a la Verdad. El amor se dirige al saber rodeándolo de un goce no todo; un deseo de inventar el saber.

Si el psicoanálisis es un medio para algo, lo será en tanto amor real, un saber diferente al saber coagulado del saber inconsciente. Un efecto de significación no todo. Para eso, nos recomienda Juan Carlos que leamos a los poetas, pero no por las palabras de amor que puedan usar, o porque hablen del amor, sino por los efectos de equivocidad que nos puedan transmitir. Esos poetas que producen resonancias en el cuerpo.

Es en este punto que Indart introduce la equivocidad chistosa, que es el otro lado del chiste, no el de la significación fálica, sino el que produce ese goce en el cuerpo.

El chiste tiene su lado de goce fálico y su lado de goce en el cuerpo. Y ante ese decir es muy difícil distinguir los cuerpos.

Hay el Uno solo, pero hay además una manera de vínculo real con algunos otros, los que entran en la parroquia de algunos chistes; a partir de él podemos tener certeza de que el goce de la vida no es solo, sino además de algunos otros.

Política del inconsciente // políticas del amor real

Está claro que las instituciones pueden verse teniendo que participar de la política como tal, la del No y del Todo, la de las leyes; pueden participar de leyes que afectan la libertad de palabra de la práctica analítica, por ejemplo. Pero la política del inconsciente es diferente a las políticas del amor real en psicoanálisis.

En extensión, es lo que estaría en juego en términos de transferencia de trabajo, cuando alguien renueva, pagando el precio del goce fálico, incorporando un saber y dando lugar al propio estilo. Eso sí sería algo plausible a considerar como el psicoanálisis más allá del consultorio. Si en la transferencia está en juego el amor real.

Para terminar el amplio espacio de preguntas que abrió esta exposición, Indart concluyó con una anécdota evocando a Germán García, de la que rescato una resonancia fundamental, ese goce de la vida que lo lleva a decir, parafraseando a François Regnault “Necesitamos de los que aman, no de los que odian”.

*Juan Carlos Indart es AME de la EOL y de la AMP.

 

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