Escuchar a Ricardo Rubio en la conversación de la “Noche del directorio ampliado de la Comunidad de Cataluña”, transmitir que el nombre de su lazo con la Escuela es “amor” y puesto que “el amor es vacío” seguir interrogando ese nombre en relación al lazo, me produjo emoción.

Que una emoción pueda transmitirse a través de las pantallas del espacio virtual ha sacudido de una muy buena manera mi relación con lo virtual. La consigna de Eric Laurent a la FCPOL para llevar adelante la experiencia del “Dispositivo de atención telefónica ante la emergencia sanitaria” de que se trataba de “pasar de lo virtual a lo Real”, me sorprendió por mi propia interrogación ¿se puede?

El nombre de mi lazo a la Escuela es “lugar” y ese nombre, si bien no ha cambiado como palabra sí ha variado como contenido, o mejor dicho como sustancia que es algo más próximo a lo experiencial en cuanto que es próximo a lo que tiene textura, sabor.

Si hablamos de experiencia de Escuela es porque el lazo con ella, cambia. No es el mismo para cada uno de los que la habitamos, no es el mismo a lo largo del tiempo mientras transitamos por ella, no es el mismo cuando vislumbras que hay un lugar en la Escuela que puede ser alcanzado, no es lo mismo, cuando ese lugar, lo ocupas.

Primero fue lugar de saber, de un saber que teñido por un ideal me parecía reservado a los libros y a los otros que me demostraban su dominio de la teoría. Cuando el síntoma pudo empezar a ser leído y desnudó lo que de imaginario le daba forma y deletreó lo que de lo simbólico llenaba de contenido, la dimensión de lo real, un saber inédito, todavía no dado, me orientó hacia la posibilidad de producir pequeños hallazgos de un saber siempre fragmentado y escurridizo.

Lo virtual que ha fijado una forma de lazo entre unos y otros por las limitaciones a encontrarnos presencialmente y que nos retiene en nuestras casas, ha hecho emerger para mí el afecto de estar a la intemperie. Nombre de un desamparo original. ¡Qué paradoja!

Si hablar desde la Escuela es un tratamiento posible a la intemperie, ¿De qué lugar da cuenta entonces Una casa lacaniana? De la posibilidad de alojar allí lo que dé de sí nuestro lazo con el psicoanálisis, nuestra creencia en el inconsciente y mantener viva esa tensión entre el saber sabido y aquel que puede inventarse en ese espacio que cabe en la pregunta ¿es psicoanálisis?

Estela Paskvan propuso pensar la Escuela como una “comunidad de experiencia”. Un lugar que ofrece un tratamiento posible a lo real del momento actual, para pensar los problemas que nos afectan, para posibilitar que un encuentro pueda darse en forma de conversación, para poder relativizar lo virtual y aguardar lo presencial en su dimensión de un deseo renovado.

 

Comparte / Imprime este artículo
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Print this page
Print
Email this to someone
email