Quitar el tapón

Inconsciente intérprete

Si tenemos en cuenta que el inconsciente interpreta todo el tiempo, nuestro inconsciente interpreta la Escuela sin parar. Este inconsciente intérprete funciona como una máquina de cifrado y descifrado cuyo único fin deriva de la satisfacción de este propio mecanismo. Podemos decir que el inconsciente intérprete en su labor incansable está en el origen del análisis interminable que Freud señaló.

Entonces nos enfrentamos a una máquina de interpretar. Una máquina que no para y que puede fascinarnos y fijarnos con sus producciones. Estas producciones pueden ser de diverso calado. Algunas más atinadas que otras en cuanto a lo que nos convoca. ¿Y qué es lo que nos convoca?

Un despertar abrupto, de nuestro sueño de complacencia, nos ha puesto en alerta. El psicoanálisis lacaniano estaba amenazado desde hace tiempo, y no lo sabíamos. La supervivencia del discurso analítico no está garantizada. Nunca lo estuvo. Pero viendo las afrentas directas que ha recibido en el país vecino, no estaría mal que estuviéramos advertidos. La psiquiatría de alta precisión y la vertiente neuro más reaccionaria tratan de desquitarse del viejo psicoanálisis, tanto freudiano como lacaniano, de encima. Ha sido como una pesadilla que nos ha presentificado un real de nuestros tiempos. Nuestro discurso carece del rigor y soporte científico, según esta ofensiva, y entonces debería ser retirado de la clínica de diferentes patologías, entre ellas el autismo. La emergencia de este real nos ha hecho despertar por un momento. ¿Pero es un despertar para seguir soñando o se trata de un despertar que nos interpreta de la buena manera?

Estas son las dos vertientes de la interpretación: la que va a favor del principio del placer, la que nos adormece en nuestra modalidad de goce. Y la pesadilla, la que nos muestra un trozo de real, la que nos despierta. Parece que por fin hemos visto las orejas al lobo.

Entonces el lobo, ¿Qué sería el lobo? Se trata de que esta triple alianza entre discurso capitalista, discurso del amo y el universitario, se pueda comer nuestro discurso analítico. Que seamos devorados, eliminados. Tuvimos una advertencia, estábamos envejecidos, ahora quieren eliminar nuestra práctica…

Suena realmente aterrador. Cuestión que es interesante. Porque podemos de este terror que plantea la extinción del discurso al que servimos, promover una acción. Lacan siempre separó el acto analítico de la interpretación. Ponía la interpretación y la elaboración del lado del paciente y al analista le quedaba la responsabilidad del acto1.

Pero volvamos a la cuestión de la interpretación. Hemos dicho que interpretamos la Escuela todo el tiempo, miembros, socios, participantes del instituto... Todo el mundo interpreta la Escuela. No se espera al Analista de la Escuela para tener una interpretación de la Experiencia de la Escuela. Es así.

La cuestión es en qué medida estas interpretaciones son válidas para salir del atolladero en el que se encuentran las Sedes, cada vez menos concurridas. Los jóvenes quieren herramientas para la clínica, quieren poder enfrentarse a las dificultades en su práctica con menor angustia. Ahí está la formación en clínica psicoanalítica. ¿Pero qué hay más allá de la formación en clínica psicoanalítica? ¿Es esto a lo que aspiramos? ¿A que los jóvenes se puedan bandear en la clínica sin que tengan ninguna noción de lo que es la Escuela? ¿Es posible que puedan tomar un poquito de esto y un poquito de aquello, pero que no se zambullan en el torbellino de la Escuela?

¿Es posible sostener el discurso del Psicoanálisis sin la vida en las Sedes, corazón de la Escuela? ¿Qué hemos entendido mal en cuanto a la dialéctica entre lo uno y lo múltiple? Jornadas y Congresos sí, pero Sedes no.

Dos caras

La Escuela conformada como sujeto tiene dos caras, una: la cara del Sujeto Supuesto Saber y la otra: la cara oculta, la que debe a su estructura de inconsistencia lógica, a un agujero central. Un agujero en el saber. Entonces en este vaivén entre una y otra cara, bascula la Escuela. Primer tiempo: institución de la Escuela como Sujeto Supuesto Saber, primer tiempo de la transferencia. Segundo tiempo: desvelar el agujero central de la misma.

Primer tiempo: amor al saber supuesto, podría derivar en una relación profesor-alumno. En la que alguien va a este lugar en busca de un saber. Segundo tiempo: barra sobre el saber supuesto, mostración del agujero, de lo no sabido. Del significante que falta, del libro que falta en la biblioteca. ¿Por qué es tan importante este segundo tiempo? Porque puede promover un deseo de saber inédito. Que lo saque a uno de la posición de alumno pasivo eternizado.

Pero para que estos dos tiempos se cumplan, tendríamos que comenzar por el primero. ¿Realmente instituimos nuestras sedes como lugar de suposición de saber? Parece que no, o no siempre. Muchas interpretaciones salvajes que se escuchan van en la dirección contraria. La máquina de interpretar de los propios miembros puede producir una desbandada en la medida en que no favorezca esta derivación o transferencia a la Escuela. Es una buena pregunta. ¿Cómo nos tratamos entre nosotros mismos en la Escuela? ¿Somos una Escuela que promueve la transferencia hacia los demás miembros o tratamos de aglutinarla sobre nuestra persona? ¿Es decir, somos buenos camaradas o nos hemos convertido en pequeños amos que aspiramos a nuestros cortijos a modo de pequeños reinos de Taifas?

Si el primer tiempo no se cumple, si no instituimos las sedes como lugar de saber supuesto, los jóvenes no se van a acercar a las sedes. No están para perder el tiempo.

Para seguir con la supervivencia del discurso analítico. ¿En el caso de que la sede se convirtiera en un lugar de suposición de saber y animáramos a nuestros jóvenes analizantes, controlandos y demás a acercarse, qué más haría falta? El segundo paso: desvelar la inconsistencia de la Escuela, como dice Miller, su agalma2. Se trata de que el discurso analítico no se cierre sobre sí mismo, no se colapse. Que no cierre su respiradero. Es la única salida de supervivencia. Que se separe claramente del discurso universitario, que se funda sobre un saber sedimentado, pero muerto. Que se renueve cada vez.

Desde la cuestión d'École se han vertido interesantes propuestas: que los significantes lacanianos circulen en la universidad, incluso en los institutos preuniversitarios… Recuperar los lugares perdidos. Todo esto está muy bien. Pero si no recuperamos nuestras Sedes como lugares de saber, todos esos significantes lacanianos bailarán en el aire y perderán su fuerza. Es decir, serán fagocitados por otros discursos. Lo que quiero decir con esto es que no es suficiente con acudir a un Congreso mundial o a unas Jornadas para sostener un discurso. Hay que realizarlo, corporizarlo en las Sedes. Hacerlo experiencia de Escuela, para que otros se puedan impregnar de esto.

Homo homini lupus est

La cita es de Plauto año 206 a.c., de la obra Asinaria, la comedia de los asnos. La locución completa es la siguiente: Lupus est homo homini, non homo, quom qualist sit non novit: Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro. La clave está en esta segunda parte, cuando desconoce quién es el otro. Ahí se comporta como lobo.

Hemos hablado del lobo exterior. De la amenaza que viene de otros discursos para la supervivencia del nuestro. Pero me gustaría insistir en la amenaza interior. De nuestra propia capacidad interpretativa. Creo que ahí está la amenaza real para nuestro discurso, en nuestra propia tendencia tanática. Al parecer se trata de una deriva estructural al que somos empujados según el análisis se acerca al final. Parece que es difícil reenviar la transferencia al agujero central de la Escuela al final y no quedarse como nos lo recordaba Miller, cada uno a su aire3. Cada uno a lo suyo. Con su grupo. La única manera que veo es estar advertido de este lobo interior. El que más daño podría ocasionar a nuestro propio discurso.

Sabemos que el lobo es una figura del Superyo. Estaría bien escucharlo, notar qué sonoridad tiene, para poder reenviarlo al trabajo más que a la rivalidad estéril.

Quitar el tapón

Para finalizar, si no quitamos el tapón que impide el acceso a las Sedes, no importará cuantos significantes lacanianos circulen en nuestra periferia que no van a tener más valor que el de aglutinar grupos a nuestro alrededor. Es decir, no va a tener un efecto real para la supervivencia de nuestro discurso. Creo que conviene recordar la diferencia entre difusión y extensión del psicoanálisis. La difusión podría ser: relanzar los significantes lacanianos, hacer que circulen, conversar con otros discursos, presentar libros, estar en la ciudad, en las universidades… Pero, el “concepto de extensión se refiere a los miembros del conjunto, a los que hay adentro, si me permiten materialmente. Mientras que la intensión concierne a la definición del conjunto”4. Para aclararlo: la extensión son los miembros en sí y la intensión es la condición de admisión en la Escuela. Para finalizar, creo que un discurso hay que encarnarlo, en las Sedes también. Pedir la admisión y tomar cargos institucionales para sostener la Escuela, es una manera.

 

Notas:

  1. Miller. Jacques-Alain. Introducción a la clínica lacaniana. RBA, Barcelona, 2006, p. 399.
  2. Miller, Jacques-Alain. “Teoría de Torino acerca del Sujeto de la Escuela”. El Psicoanálisis, n. 1. ELP, 2000, pp. 65-75.
  3. Miler, Jacques-Alain. “Quelle École pour demain?”. Lacan web Television. París, 24 enero 2026.
  4. Miller, Jacques- Alain. El Banquete de los Analistas. Paidós, Buenos Aires, 2000, p. 48.