La Escuela bonsái
Últimamente me ha interesado el arte del Bonsái. Esta compleja práctica de orígenes milenarios en China viajó y se desarrolló ampliamente en Japón. Hoy día, el discurso capitalista ha globalizado el bonsái en la serie de objetos de consumo; se compran en grandes almacenes como Ikea, como objetos decorativos. Pero en su origen y aún hoy en algunas Escuelas, el bonsái sigue siendo un objeto de culto que hunde sus raíces en la tradición taoísta y zen.
La masa vegetativa no deviene bonsái sin la paciencia que requiere tomar en cuenta el vacío, las oquedades entre las ramas, las imposibilidades naturales de la formación del árbol. Cada brote, cada raíz, sugiere unas interpretaciones posibles de lo que será un resultado que nunca se agota hasta la muerte del bonsái. Los brotes axilares, coloquialmente llamados chupones, se llevan el vigor de las ramas principales y auxiliares, así que no interesan. Hay ramas apicales que se dejan crecer mucho, estimulando el crecimiento de todo el árbol, para luego cortarlas en un momento y favorecer ramificaciones laterales. Son las ramas de sacrificio. Si se dejan crecer los brotes y raíces de una zona, de ahí saldrán unas ramas más fuertes que de la otra parte. Una vez se produce el corte no hay vuelta atrás, con los años el árbol será otro.
Si de algo no carece la Escuela es de interpretaciones. Como el bonsái, si no se elige y se corta por algún lado le brotan ramificaciones, es decir interpretaciones por doquier. Todos locos, cada cual articula su S2 para el S1 Escuela. Es el delirio de interpretación generalizado. Para uno es exigente, para otro insuficiente, para aquel hay demasiadas actividades, para el otro es la nostalgia del tiempo en que fueron mejores, etc.
Siguiendo a Miller en Teoría de Torino podemos leer cómo su propuesta es apostar por una interpretación desmasificante, que remita a cada uno a la soledad de su relación con la causa. No se trataría de la interpretación que hace masa, que agrupa en torno a un S1, un amo con el que identificarse. Sería más bien el colectivo en torno al S1 Escuela, tomado como un S1 que no rechaza su vacío constitutivo.
Este colectivo, la Escuela, es decir sus miembros ¿cómo harán para no dormirse en la interpretación masificante? ¿Cómo harán para no degradar la Escuela en grupo de amigos contra los enemigos vecinos, infieles a la buena Escuela? Sabemos por la psiquiatría clásica que en el delirio compartido hay muchas veces el débil mental, que sigue la tesis del paranoico fuerte. No creo que sea casual que una de las propuestas dominantes de la IPA desde la ego-psychology para el fin de análisis, fuera la promoción de un yo fuerte. Esto de otra manera en las otras escuelas era la identificación al analista. Es decir, los débiles siguiendo y acatando finalmente la interpretación del fuerte, introyectándola. Recuerden la crítica de Lacan en su escrito Situación del psicoanálisis y formación del psicoanalista en 1956.
Que Lacan haya propuesto que aquel del que se espera una interpretación para la Escuela sea el AE, no ha impedido que crezcan y que sigan exigiendo existir los múltiples brotes en ramificación delirante interpretativa. ¿Qué puede hacer que dichos brotes no asfixien, no debiliten la Escuela? ¿Cuándo cortar una rama de sacrificio, que se dejó crecer en un momento, pero que luego no interesa más que cortarla para que emerjan más y con mayor fortaleza? ¿Cómo calcular cuando se debe prescindir de los chupones si los hubiere, para no debilitar el árbol?
Hace unos años Miller nos dijo que la Escuela está enferma. Tuvimos después una invención, la Nueva política de juventud, que procuró incluir de manera más decidida la presencia de jóvenes en la Escuela. Me preocupa algo que he escuchado en múltiples espacios, actividades de Sede, de Comunidad, cárteles. Algo como una tensión entre la desesperación de los mayores que no encuentran el modo de hacer pasar La Escuela a los jóvenes rebeldes y unos jóvenes que quieren reinventarla sin tomar en cuenta el resto sintomático que la Escuela porta, casi en una deriva a la creación exnihilo.
Es como si la tendencia interpretativa fuera de nuevo al ellos contra nosotros. Y la interpretación de los AE, desmasificante ¿se está escuchando? El conjunto de los miembros está en la responsabilidad de por lo menos, si no es capaz de formular dicha interpretación (a la que quizás algunos, aun no habiendo sido nominados, pueden llegar por su recorrido analítico) dejarse orientar por ella. ¿Es la interpretación del AE o recurrimos solo a Miller en la ELP para orientarnos?
Me pregunto si en esta deriva interpretativa conviene de vez en cuando un acto que remita a cada uno a la soledad de su relación a la causa. Se trataría de un acto, haciendo como Lacan en el acto de fundación sin imitarle, un acto de Escuela. Entonces interpretación en oposición a acto. Si no queremos una Escuela que tienda a secarse, marchitarse, mortificarse en la profusión de ramas delirantes, frente a interpretaciones acto de Escuela. Quizás en dichos actos de Escuela, cuando la Escuela sujeto está dispuesta a asumirlos, es propicio que sea la interpretación del AE la que revitalice el tronco de la Escuela. Dicha interpretación no enunciada para decir de El analista sino por Un analista podría remitir a cada uno a su soledad y renovar la transferencia a la Escuela, de delirio de interpretación a transferencia de trabajo.
Como hace el bonsaista, quizás a la Escuela le corresponda una buena poda de cuando en cuando. Así como el bonsái requiere del corte de sus ramas y raíces, tal vez el analista requiera de los actos de Escuela que poden su tendencia delirante y lo devuelvan con fuerza a su lugar de trabajador decidido por la causa analítica.

Miembro de la ELP y de la AMP. Secretario de la sede de Bilbao.
