¿Qué dicen las mujeres sobre lo femenino?
El 24 de febrero de 2025, la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona, en colaboración con el Institut Français, inauguró el ciclo ¿Qué dicen las mujeres sobre lo femenino?, con la participación de la psicoanalista Lidia Ramírez y la filósofa Begonya Saez Tajafuerce.
Valérie Nicolas, directora del Institut Français, destacó el valor del diálogo interdisciplinario, mientras que Oriana Novau, directora de la Biblioteca, enfatizó la importancia de sostener la dificultad en la discusión: “No todo va a ser fácil, pero lo fácil no siempre es lo mejor”.
Valente introdujo el encuentro recordando que el psicoanálisis busca escuchar la singularidad de cada mujer sin reducirla a una definición universal, como indicaba Lacan, abriéndose al diálogo con la filosofía y los debates contemporáneos sobre feminidad. Advirtió que el problema de lo femenino resiste cualquier intento de cierre, lo que dio paso a las intervenciones de Ramírez y Saez.
Lo femenino: entre el vacío y el enigma
Plantear lo femenino en el marco de una pregunta es, según Lidia, muy acertado para podernos orientar en un debate que recorre los tiempos y que tiene hoy una actualidad. Freud dejó planteadas dos preguntas fundamentales: ¿Qué es una mujer? y ¿Qué quiere una mujer? Aparentemente dirigidas a las mujeres, pero, como señaló Lidia “lo femenino concierne al género humano, a los seres hablantes, al hecho de estar atravesados por el lenguaje y al hecho de tener un cuerpo que es afectado por las palabras”. Si los hombres y las mujeres solo son significantes, el psicoanálisis nos enseña que los hombres y las mujeres son otra cosa que macho y hembra.
Lidia enfatizó que la diferencia anatómica no agota la cuestión de la diferencia sexual: la imagen del cuerpo no da cuenta de lo que es el cuerpo en cuanto sede de un goce que no se deja limitar por las palabras. El psicoanálisis introduce aquí la noción de cuerpo hablante. Desde esta perspectiva, se abre una pregunta: si la discusión sobre lo femenino puede trascender, atravesar el muro que suponen las diferencias sexuales. Para introducir esta idea, citó un poema de Antoine Tudal, al que Lacan hace referencia en Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis: “Entre el hombre y el amor,/ Hay la mujer. / Entre el hombre y la mujer, / Hay un mundo. / Entre el hombre y el mundo,/ Hay un muro”1. Este muro no es solo la diferencia entre sexos, sino el límite mismo entre lenguaje y el goce.
Lidia regresó a Freud para destacar que su idea de la feminidad estuvo influida por la literatura. “Freud fue alguien que supo escuchar a las mujeres a las que atendía y a aquellas de las que se rodeaba”; su concepción de la feminidad estuvo marcada por su lectura de Ibsen . Más tarde, en su conferencia “La feminidad”, Freud retomará la pregunta desde la historia misma del pensamiento: “El enigma de la feminidad ha puesto cavilosos a los hombres de todos los tiempos, tampoco ustedes si son varones estarán a salvo de tales quebraderos de cabeza; de las mujeres presentes, no se espera que sean tal enigma para sí mismas”2.
Lidia introduce el aforismo lacaniano La mujer no existe3, señalando que no hay un universal de lo femenino, ya que cada mujer lo inscribe de manera singular. Si Freud veía la feminidad como un enigma, Lacan va más allá: lo femenino es un obstáculo para la lógica del todo. Apunta que el discurso del amo busca unificar, pues un discurso establece vínculo social. Entonces surge la sospecha de que las mujeres saben algo sobre lo femenino, pero lo mantienen en secreto. Pero no, este saber no es intencionalmente oculto, sino la marca de lo que escapa al significante. Lo femenino, más que un misterio, desborda el sentido, lo que el discurso no puede controlar. Entonces, Lidia plantea: ¿será lo femenino el obstáculo al universal del todo?
Aquí aparece la noción de vacío, central en la lectura de Marie-Hélène Brousse. La ponente citó a Brousse cuando afirma que “el vacío existe y produce energía que se despliega hacia diferentes vías, es decir, es un vacío activo”4. La física ha mostrado que el vacío permite discernir lo lleno. Y en la experiencia femenina, ese vacío no es falta ni carencia, sino un espacio de potencia y de desplazamiento.
Lidia retomó La Regenta y Madame Bovary, novelas en las que las protagonistas enfrentan la estrechez del mundo para los seres sexuados y la experiencia del amor y la dimensión del goce. Citó a Clotilde Leguil, quien en La era de lo tóxico describe cómo el goce femenino “puede convertirse en estrago, lo que ahora llamamos amor tóxico, que lleva al sujeto a soltar todas las amarras y a obedecer a una deriva pulsional que lo arrastra hasta la pérdida de sí”5. Si bien hay una diferencia: para Ana, la tentación era suya, su único placer; bastante hacía con no dejarse vencer, pero quería dejarse tentar apunta citando a Leopoldo Alas Clarín, mientras que Emma Bovary se pierde como sujeto y queda como objeto de un goce que la intoxica.
Si el goce femenino se inscribe en la lógica del no-todo, se articula con el aforismo lacaniano “sólo el amor permite al goce condescender al deseo”6. Y como lo reformula Leguil, solo el deseo permite al amor no perderse en el goce.
Para cerrar, se apoyó en breves viñetas de su práctica clínica, señalando que estas cuestiones siguen presentes en el discurso actual y nos advierte que estos enunciados no deben leerse como meros signos de la época, sino como formas actuales de una pregunta que no cesa: lo femenino sigue siendo un enigma, pero, sobre todo, lo es para sí mismo.
Lo femenino y la lógica del no-hay
Begonya Saez abre su intervención con una interrogación que resuena en la pregunta que da título a este ciclo: ¿Qué dicen las mujeres sobre lo femenino? Pero ante esta pregunta, introduce otra cuestión fundamental: ¿Qué hay del no-hay? Porque si algo le concierne en esta conversación, es precisamente el no-hay. Y así sitúa el problema: no se trata de hablar en nombre de nadie, sino de reconocer el lugar desde el que se enuncia. Me parece clave a la hora de plantear el lugar de enunciación en el discurso cuando de lo que se trata, de alguna manera, es hacernos cargo de lo femenino, subraya.
Este no-hay lo desarrolla a partir de tres niveles de negación, de los cuales el primero es una afirmación: el aforismo lacaniano La mujer no existe. Pero ¿cómo leer esta enunciación? Begonya advierte que de lo que partimos en última instancia es de una paradoja y esto es esencial: Lacan enuncia una afirmación que se estructura como una negación, lo que nos coloca ante un problema lógico. Lo que afirma es eso justamente, donde se juega una negación de lo que se afirma a la vez, explica. No se trata de un simple juego retórico, sino de una pirueta lingüística que desafía la lógica aristotélica.
Para situar el alcance de esta afirmación-negación, recupera los tres principios fundamentales de la lógica clásica:
- Principio de identidad: A es igual a A.
- Principio de causalidad: algo es causa y otra cosa es efecto.
- Principio de no contradicción: no se puede afirmar que hay y que no hay.
Estos principios siguen vigentes como estructura del pensamiento y garantes de un marco de inteligibilidad. Sin embargo, el aforismo lacaniano los desafía simultáneamente, provocando una fractura en el orden simbólico que sostiene lo inteligible, lo existente y lo normativo. Begonya subraya que este orden binario ha sido históricamente utilizado para fijar la diferencia sexual: el principio de identidad ha definido lo masculino y lo femenino como categorías separadas; el principio de causalidad ha situado al hombre como causa y a la mujer como efecto, en una estructura que la asimila a la materia informe sobre la que actúa la forma masculina; y el principio de no contradicción ha garantizado que lo masculino y lo femenino se mantengan como términos opuestos. Pero cuando Lacan enuncia que la mujer no existe, lo que hace es romper la lógica binaria que organiza el discurso sobre la sexualidad. En esta afirmación, hay un desplazamiento: no se dice que no haya mujeres, sino que no hay un universal de lo femenino. Si tenemos confianza en Lacan y decimos que lo que afirma no es un absurdo, se nos convoca a preguntar qué está diciendo entonces Lacan al afirmar que la mujer no existe.
Es necesario salir de la lógica aristotélica. No basta con el sentido común; hay algo que plantea Lacan aquí que no es del orden del sentido común. Y ahí radica la potencia del aforismo: no es una certeza, sino un acto performativo que abre un espacio de interrogación; no se trata de fijar lo femenino en una identidad cerrada, sino de desplegar un campo de incertidumbre.
Desde esta perspectiva, Begonya introduce otro giro: lo femenino no es sinónimo de La Mujer. Lo femenino no dice una esencia, no dice una substancia, no dice una identidad que se da plenamente y de una vez por todas. Más bien, abre un espacio de circulación, de vaivén. Ese espacio que se abre entre el plural y el singular existencial es un espacio de desplazamiento.
Esta lógica del no-hay tiene consecuencias en la estructuración del deseo, del amor y del goce. Begonya lo enlaza con el aforismo lacaniano No hay relación sexual. Y aquí encontramos otra paradoja: no es que no haya encuentros entre los sexos, sino que no hay proporción, no hay ajuste posible. Si el goce masculino es fálico y unívoco, el goce femenino es no-todo fálico, lo que introduce una deslocalización del placer. Para ilustrarlo, cita a Luce Irigaray, quien en Ce sexe qui n’en est pas un7 sostiene que el placer femenino no es uno, sino múltiple, disperso, desplazado.
Todo esto nos conduce a una reformulación radical de la diferencia sexual. Ni la mujer ni lo femenino encajan en el par conceptual universal-particular; no encajan en el universal, pero tampoco en el particular. O no lo hacen todamente. Por eso, es necesario declinar el significante mujer en plural, hablando de las mujeres, o bien situarlo en un singular existencial, que remite a cada mujer en su diferencia, una por una. Este singular existencial no fija una identidad, sino que abre un espacio de incertidumbre y desplazamiento que nos pregunta: ¿cómo pensar lo femenino sin fijarlo en una identidad cerrada, sin reducirlo a una esencia?
Para cerrar, introdujo una última provocación: La igualdad no existe y lo argumentó desde dos ángulos. Por un lado, si todos los seres humanos son sexuados, eso no nos hace iguales, sino radicalmente diferentes. Por otro, si no hay relación sexual, podríamos también decir que no hay relación social. O, mejor dicho, no hay proporción social.
Este planteamiento tiene consecuencias políticas. Son cuestiones relevantes para el feminismo y para lo que muchas mujeres consideran referente, significante privilegiado a la hora de decirse, concluyó Begonya. No se trata de ceder a la certeza de la identidad, sino de sostener la problematización de los significantes mujer y femenino; si algo nos enseña el aforismo lacaniano es que lo femenino no cesa de desbordar cualquier intento de fijación.
Conclusión y aportaciones: la pregunta sigue abierta
Trinidad Valente cerró la sesión destacando que las intervenciones de Lidia Ramírez y Begonya Sáez abrieron un espacio de interrogación, donde el significante "mujer" no puede capturar completamente la experiencia que nombra. Resaltó que ambas ponencias trataron el cuerpo como eje central en el psicoanálisis y lo femenino, e invitó al público a participar en el diálogo.
Se discutió la no relación social, vinculada con la metáfora de los erizos de Freud, y la violencia de la inclusión, que puede excluir aún más en ciertos ámbitos. Se propuso vincular lo femenino con la noción de khôra de Derrida, un espacio de indeterminación que posibilita el sentido sin fijarlo. También se abordó la idea de vaciar los significantes, permitiendo a cada sujeto inventar su lugar. Se planteó la pregunta sobre la masculinidad, sugiriendo que, mientras las mujeres han cuestionado su posición durante siglos, los hombres lo hacen recién ahora. Se recordó a Jean-Luc Nancy: “cuando nos preguntamos por algo, es porque no lo hay”, reflejando la crisis de la masculinidad.
El encuentro concluyó con la afirmación lacaniana de que “la mujer no existe”, invitando a seguir la conversación el 2 de junio de 2025 sobre la mujer, el amor y el estrago.
Notas:
- Lacan, Jacques. “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, Escritos I. S. XXI, México, 1989, p. 278. ↑
- Freud, Sigmund. “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis”, Obras completas, vol. XXIII. Amorrortu, Buenos Aires, 1991, p. 105. ↑
- Lacan, Jacques. “Televisión”. Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 563. ↑
- Brousse, Marie Helène. Lo femenino. Tres Haches, Buenos Aires, 2020, p. 195. ↑
- Leguil, Clotilde. La era de lo tóxico. Ned, Barcelona, 2025, p. 104. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 10, La angustia. Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 194. ↑
- Irigaray, Luce. Ce sexe qui ne n’est pas un. Minuit, Paris, 1977. ↑

Participante de la Biblioteca de la CdC-ELP.
