Adentrarse en una nueva perspectiva clínica*

Las próximas jornadas de la ELP -las vigesimoquintas ya-, que se celebrarán en Zaragoza, los días 14 y 15 de noviembre de este año, nos convocan bajo el título Cuerpos adorados. Esta pequeña fórmula Cuerpos adorados, abre un gran campo clínico, político y epistémico, y está extraída, del Seminario El Sinthome. Se encuentra en la clase que Miller ha titulado Joyce y el enigma del zorro, en la que Lacan afirma:

“el parlêtre adora su cuerpo” y prosigue “porque cree que lo tiene. En realidad, no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia –consistencia mental, por supuesto, porque su cuerpo a cada rato levanta campamento.

Ciertamente el cuerpo no se evapora, y en este sentido, es consistente, el hecho se constata incluso en los animales. Cosa que resulta antipática a la mentalidad, porque esta cree tener un cuerpo para adorar. Esta es la raíz de lo imaginario”1.

Hay que leer esta página formidable y la anterior, en la que aparecen algunas afirmaciones y conceptos que hemos comenzado a usar, tal como parlêtre y otros que son utilizados bajo una nueva perspectiva. Tener-no tener un cuerpo, consistencia, consistencia mental, mentalidad, lo verdadero o la afirmación un cuerpo para adorar como raíz de lo imaginario. Es el abordaje de este registro bajo una nueva perspectiva, como un nuevo imaginario, perspectiva que también tendrán lo simbólico y lo real, lo que nos interesa.

Dos puntuaciones para situar el contexto de estas páginas del Seminario XXIII:

1. El Otro no existe

El curso de Miller El ser y el Uno, nos han permitido situar que en el ultimísimo Lacan: el Otro no existe, pero sí es. Abriendo Lacan a partir de esta inexistencia la perspectiva borromea.

Otra de las consecuencias de la inexistencia del Otro es que no hay garantía última: el significante que garantizaría al Otro, falta en el Otro. Falla que introduce la percusión del significante sobre el cuerpo. Entonces no hay N del P a menos que cada sujeto la forje como función de manera singular. Lo que implica - sobre la base de la forclusión generalizada - una pluralización del N del P, que Lacan despliega en el seminario anterior al del Sinthome, proponiendo R, S, I, como tres formas del N del P.

2. El Otro no existe, pero el Sinthome sí –porque hay Uno.

Miller, en el curso mencionado, plantea que Lacan en su ultimísima enseñanza propone “la idea de que lo real puede ser un medio de la operación analítica”2, lo cual le parece una enormidad. Miller escande tres consistencias clínicas, que permiten una operatividad en la enseñanza de Lacan: las formaciones del inconsciente, el fantasma y el término clave al que Lacan llegó: el Sinthome. Habría entonces una operatividad en el uso del Sinthome, como consistencia clínica.

La lectura de Lacan de la implicación decidida de la pulsión en el síntoma se constata cuando Lacan borra progresivamente el término sujeto (en el que la implicación del cuerpo no es evidente) y lo reemplaza por el parlêtre. El sujeto esta disyunto de la pulsión mientras que el parlêtre, el ser hablante, incluye al cuerpo. El parlêtre, dice Miller, “su ser, compete a la palabra, pero su existencia compete al goce”. Hay que leer las nociones de este Lacan situando que el inconsciente del que se trata es el inconsciente real, que es otra cosa que el freudiano, en el que se trata de escuchar, no la verdad, sino lo real del Sinthome.

El Sinthome es real, no hace retorno de lo reprimido, no se tranquiliza con la verdad, en Freud aparece como los restos sintomáticos. Es el goce clavado en el cuerpo, al punto que Lacan vendrá a definir el cuerpo por su goce. De manera reflexiva.

He necesitado estas puntuaciones previas para contextualizar la noción de mentalidad, que es la que quiero cernir.

Como recuerda C. Alberti, “Lacan pasó de «el sujeto ama su cuerpo», del estadio del espejo a «el parlêtre adora su cuerpo». Y esto no es lo mismo”3. Es la lectura que hace Lacan cuando dice que “a cada rato el cuerpo levanta campamento”, aludiendo a la paliza que recibió Joyce, donde Lacan considera una disyunción del cuerpo imaginario y del yo. El ego de Joyce escritor constituye una suplencia estable del yo especular en falta; es un modo de anudar el cuerpo que se desfonda, que a cada rato levanta campamento, con el ego. En el caso de Joyce “No tenía el imaginario ordinario”. Lo que engancha cuerpo e imaginario no es el N del P, sino un ego que se da con la escritura. En lugar de la forclusión del N del P está la fuga de lo imaginario, no es que no tenga el significante del N del P, no tiene un yo en el sentido del estadio del espejo. Hay una forclusión del ego.

Es un caso que subvierte la teoría porque es un caso de psicosis, donde el fallo no se da en lo simbólico, sino en lo imaginario y las consecuencias para el psicoanálisis son inmensas, Lacan se ve llevado a pensar el psicoanálisis desde el punto de vista del esquizofrénico. Perspectiva que Miller retoma y prosigue en su conferencia Ironía.

Cito a Lacan: “el parlêtre adora su cuerpo porque cree que lo tiene. En realidad, no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia”4. Es diferente amar su cuerpo que adorarlo. No se trata del apego a la imagen del cuerpo. La cuestión es la consistencia que Lacan ha definido: “¿Qué quiere decir la consistencia? Quiere decir lo que mantiene junto y por eso aquí se la simboliza con la superficie”5. Es decir, solo tenemos idea de consistencia -que es la de una superficie-, una bolsa o un trapo, incluso al cuerpo lo sentimos como piel.

Sigo a C. Alberti, la relación de adoración implica al cuerpo, al goce, no implica a la imagen. La adoración fundamental no tiene tanto que ver con las sublimaciones como con la sustancia gozante del cuerpo.

Sin embargo, Lacan dice que la capacidad de abstracción imaginativa (de simbolizar) es tan débil que excluye el nudo. No es fácil pensarlo, realizar la abstracción imaginativa del nudo. Lacan dice que él si lo ha pensado, dice que el nudo es lo que ex-siste. El nudo no constituye la consistencia, ex-siste. (Diferencia consistencia y ex–sistencia). Y dice que procedió así señalando esta diferencia “dada la mentalidad, la sentimentalidad propia del parlêtre, la mentalidad puesto que él la siente, siente su peso, la mentalidad en la medida en la que él miente, es un hecho”.

Solo hay hechos porque el parlêtre lo dice (como hemos dicho antes: el ser del parlêtre, compete a la palabra, pero su existencia compete al goce). “Y es un hecho que él miente, es decir que instaura hechos propios y los reconoce porque tiene una mentalidad, es decir amor propio”6.

El amor propio es el principio de la imaginación. Es interesante en el caso de los embrollos del cuerpo que lee C. Alberti lo que llama “un disfraz mental: estoy disfrazado en la cabeza”7. La dimensión de disfraz de lo mental. Lo que Lacan dirá de la señorita Boyer: ilustra lo que yo llamo semblante. El sujeto encuentra su defensa en lo imaginario. No el del estadio del espejo, de la imagen del cuerpo, sino en aquello con lo que se envolverá, se adornará. Lo imaginario, una imagen ideal, se superpone al vacío, sin estar fijado al cuerpo, contrariamente al fantasma.

Esto nos lleva a la presentación de enfermos de Lacan de La señorita Boyer8 en la que Miller basó su texto: Enseñanzas de la presentación de enfermos9

Lacan, en la discusión de esta presentación dice “es muy difícil pensar en los límites de la enfermedad mental”.

“Ella no tiene ni la menor idea del cuerpo que ha de meter en ese vestido. No hay nadie que habite la vestimenta. Ella es un trapo. Ilustra lo que llamo semblante. Ella lo es. Hay un vestido y nadie que se deslice en él. Ella no tiene relaciones existentes sino con la ropa”10. Lacan prosigue: Kraepelin aisló estos curiosos casos -y la diagnostica de parafrenia imaginativa… Es la enfermedad mental por excelencia, la excelencia de la enfermedad mental. No es una grave (seria -serieux) enfermedad mental identificable, no es una de esas formas que se encuentran. Será parte de esos locos que forman nuestro ambiente.

Miller en la presentación de este libro Lacan redivivus, en la librería Mollat11, en Burdeos dice:

“Este comentario ha tenido una gran importancia para mí, es el pivote del texto Enseñanzas de la presentación de enfermos. A partir de algunas palabras de Lacan he elaborado toda una teoría de la enfermedad mental. Él hace de la parafrenia la enfermedad mental por excelencia, entendiendo que lo mental para él es una enfermedad. Lo mental es flotante, incierto, deslizante, de orden imaginario –de allí la palabra imaginativa, en la parafrenia imaginativa”12, que no es una invención de Lacan sino de Kraepelin. Porque la enfermedad sería la esencia misma de lo mental y dado que esta enfermedad mental se consagra a lo imaginario, fundamentalmente escurridizo, el sujeto debe aferrarse a lo simbólico, al significante, para fijar un orden y una coherencia. Lo real, la tercera categoría de Lacan es lo invariable, opaco, que se diferencia tanto de lo imaginario como de lo simbólico.

Miller señala que lo que Lacan comprende y enfatiza en el caso de la señorita Boyer es un estado preclínico. Como él mismo especifica: “sería tranquilizador si se tratara de una enfermedad mental típica”. El término «típica» es totalmente apropiado, ya que la práctica clínica se define precisamente por la distinción de tipos. Por lo tanto, sería muy tranquilizador si se tratara de una enfermedad típica, es decir, cristalizada. Sin embargo, nadie ha logrado cristalizar la enfermedad de la señorita Boyer. Se encontró con figuras importantes con las que se identificó, pero nunca se detuvo sobre una sola identificación. Continuó deslizándose por todas partes. Ella nos enseña que, estrictamente hablando, no existen tipos de síntomas; siempre existen tipos de significantes amos que mantienen unido lo mental de un sujeto.

La teoría que Miller produjo es: “Todo parlêtre carcomido por el lenguaje tiene una mentalidad. Y diferencia las enfermedades del Otro y las de la mentalidad. Las primeras son las de la emancipación de la relación imaginaria, de la reversibilidad de

a-a’, extraviada por no estar sometida a la escansión simbólica. Son las enfermedades de los seres que se acercan al puro semblante.

Un imaginario extraviado sin yo, espejo enganchado en todas partes, pero captado por nada, pura mentalidad desvergonzada… No hay significante amo… no hay objeto a que llene su paréntesis”13.

Tenemos entonces: 1. Las enfermedades del parlêtre. 2. Las enfermedades de la mentalidad. 3. Las enfermedades serias, aquellas que tienen un yo consistente y que pueden defenderse de lo real con una metáfora delirante. Las enfermedades del Otro, las paranoias.

Lacan llama parafrenia imaginaria, a lo que Miller nombra como enfermedad de la mentalidad “La enfermedad mental por excelencia.” La de esos locos que forman parte de nuestro ambiente. Son aquellas en las que lo mental es flotante, incierto, deslizante, de orden imaginario, es decir en las que se ha producido la emancipación de la relación imaginaria, en las que no hay cristalización por un S1, ni objeto a que llene su paréntesis.

Desde la perspectiva de la última enseñanza de Lacan, algunas soluciones permitirían mantener juntos real, simbólico e imaginario. Son esencialmente las soluciones por lo imaginario14.

Pierre Skriabine propone que en el caso de la señorita Boyer, a quien conoció, que R, S e I, incluso si lo pareciera, no están anudados, pero “no es más que una simple imagen, como la sombra proyectada de tres redondeles disyuntos pero superpuestos”15.

Es la imagen narcisista, idealizada de sí lo que le da una impresión de normalidad, de ordinaria. Pero no tiene mentalidad, no tiene ego carece de la “la idea de sí mismo como cuerpo…es precisamente lo que se llama ego”16. No tiene mentalidad, no tiene ego.

Sus identificaciones no se precipitaron en un yo, en ningún cristalizador. Imaginario extraviado sin yo. Lo que hace tener una imagen i(a) es un resto, es lo que llamamos objeto a y el S1 el significante amo, que sea el referente del sujeto.

Es en el cuerpo imaginario donde las palabras de la lengua hacen entrar las representaciones que nos constituyen un mundo ilusorio sobre el modelo de la unidad del cuerpo.17 El S1 corta la carne, el cuerpo se separa de ella y deviene el lugar del Otro como superficie de inscripción. El parlêtre recibe su ser de palabra y un tener que es su cuerpo18 (que nada indica que sea el propio).

¿Pero qué es la mentalidad? Lacan dice es el amor propio y el principio de la imaginación. Es la raíz de lo imaginario.

Las enfermedades de la mentalidad son aquellas en las que el signo, el S1 no ha operado, no permitiendo la adoración del cuerpo como primer tener y única consistencia, no permitiendo que las cadenas significantes se enraícen en el cuerpo como Otro.

*Este texto, presentado el 10 de septiembre, en el Espacio preparatorio de las Jornadas de la ELP de la Sede de Bilbao; es una reescritura del presentado en Sevilla el 12 de junio 2026, ante la Comunidad Andaluza de la ELP, en un espacio también preparatorio de las Jornadas de la Escuela.

 

Notas:

  1. Lacan, Jaques. El Seminario, libro 23, El Sinthome. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 64. ↑
  2. Miller, Jaques-Alain. “El «ultrapase»”. Freudiana, n. 66. ELP, Barcelona, 2012, p. 7-24. ↑
  3. Alberti,Christiane. “Curtirse en un nuevo imaginario”. El psicoanálisis, n. 46. ELP, Barcelona, 2025, p. 13. ↑
  4. Lacan, Jaques. El Seminario, Libro 23, El Sinthome. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 64. ↑
  5. Ibíd., p. 63. ↑
  6. Ibidem. ↑
  7. Alberti, Christiane. “Curtirse en un nuevo imaginario”. Op. cit., p. 16. ↑
  8. Miller, Jaques-Alain y Alberti, Christiane. “Lacan. Presentación de la señorita Boyer”. Lacan redivivus. Paidós, Buenos Aires, 2025. ↑
  9. Miller, Jaques-Alain. Enseñanzas de la presentación de enfermos. Paidós, Buenos Aires, 1999, pp. 417-430. ↑
  10. Miller, Jaques-Alain y Alberti,Christiane. “Lacan. Presentación de la señorita Boyer”. Op.cit., p. 135. ↑
  11. Miller, Jaques-Alain et al. “Zoom sur Lacan redivivus”. Conversation a la librerie Mollet, Paris-Bordeaux. La Cause du Desir, n. 11. L’École de la Cause freudienne, París, 2022, p. 71. ↑
  12. Distingue la parafrenia imaginativa de la fantástica, donde la megalomanía está en primer plano. ↑
  13. Miller, Jaques-Alain. Enseñanzas de la presentación de enfermos. Paidós, Buenos Aires, 1999, p. 428. ↑
  14. Sigo aquí a Guivarch, Armelle. “Maladies du parletre, La maladie mental par excelence”. Psychoses sous transfert. Le Paon, Le Champ Freudien, Paris, 2024. ↑
  15. Skriabine, Pierre. “La psychose ordinaire du point de vu borromeen”. Quarto, n. 94-95. École de la Cause Freudienne, 2009. ↑
  16. Lacan, Jaques. El Seminario, libro 23, El Sinthome. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 147. ↑
  17. Miller, Jaques-Alain. “El inconsciente y el cuerpo hablante”. Freudiana, n. 72. ELP, Barcelona, p. 12. ↑
  18. Ibíd., p. 17. ↑