Sí, es evidente que, de momento, los psicoanalistas consideramos la peligrosidad de una nueva pandemia viral a nivel mundial. Sí, por cuestiones de peligro manifiesto de contaminación-transmisión-difusión a nivel de masas, los «des­-encuentros» entre los respectivos cuerpos hablantes vivos del analizante y del analista, han sido proscritos en nuestras prácticas psicoanalíticas y solo recientemente «autorizados», bajo determinadas «precauciones sanitarias» a tomar.

Sí, en estos tiempos, en que a pesar de tantos y múltiples avances tecno-científicos, somos alcanzados por los efectos en nuestros cuerpos de una nueva inyección recordatoria del horror angustiante de la indestructible existencia de la «cosa silenciosa», bajo una u otra forma; he considerado oportuno, no solo el dar respuesta a la invitación de la Asociación Psicoanalítica suiza ASREEP-NLS, del país donde practico el psicoanálisis y resido  con un pequeño texto de actualidad sobre el coronavirus en su blog, sino asimismo el traducirlo yo misma para su difusión  al castellano, en el Blog de la ELP.

Si bien en estos momentos graves de reacciones en masa a peligros de masas, donde la supervivencia del psicoanálisis no está asegurada, he considerado importante el evitar esconderme en frases solemnes o en citas grandilocuentes atribuidas a mis-nuestros «capitanes analíticos». Ha sido sin embargo una pequeña frase de Jacques-Alain Miller, una vez más, descubierta en las redes sociales y repescada y difundida por nuestra colega Susana Genta Paiva, la que me ha parecido que ponía el acento en una cuestión esencial del psicoanálisis.

Que nosotros los psicoanalistas estemos como la mayoría de ciudadanos del mundo, limitados hoy, en el ejercicio de nuestra practica psicoanalítica y obligados a una puesta entre paréntesis prudente  de acercamiento de los cuerpos vivos de los llamados humanos, es un hecho; queda, sin embargo, por ver si vamos a ser capaces de no sucumbir a la febrilidad ambiental de masas, a los únicos cálculos de sobrevivencia pecuniaria particular, deslizándonos por la vía resbaladiza de confundir la continuidad de nuestra practica psicoanalítica con encuentros virtuales con nuestros psicoanalizantes, por teléfono o vídeo-conferencia. Prácticas que, de momento, debido a la ausencia de vacuna o tratamiento frente al Covid-19, hemos podido hasta ahora proponer a los más angustiados de nuestros analizantes; aquellos que soportaban mal la indeterminación de la fecha para retomar sesiones suspendidas, hasta que el «vendaval» amaine más o menos.

Quedará asimismo por ver cuando pase la tormenta viral Covid-19, si hemos sido capaces de evitar la tentación de creer poder camuflarnos de lo real del virus psicoanalítico, bajo la canallesca de recurso fácil, al eslogan “branché”: » hablar la lengua del Otro», para justificar el establecer como “Práctica del psicoanálisis en el siglo XXI”, el recurso a la vídeo-conferencia (que tiene sin embargo su justificación en encuentros institucionales de varios tipos, entre colegas), como reemplazo de sesiones psicoanalíticas analizante-analista in vivo, falsamente llamadas «tradicionales» o de “Otros Tiempos”.

No es imposible el que se corra el riesgo de llegar a confundir el “Otros Tiempos” con “Otros Discursos”.

Así pues, solamente me limitaré a dejaros, aquí debajo, esta pequeña gran reflexión de Jacques-Alain Miller, esperando se abra en nuestro campo un debate de psicoanalistas a la altura de los tiempos que amenazan al psicoanálisis, si no de nombre, sí de hecho, de desaparición; ya que, como bien sabemos, el psicoanálisis no sobrevivirá sin psicoanalistas de hecho.

Continuará…

“La copresencia en carne y hueso es necesaria, aunque solo fuera para hacer surgir la no relación sexual. Si se sabotea lo real, la paradoja se desvanece. Todos los modos de presencia virtual, incluso los más sofisticados, tropezaran en ese punto» 1.

 

Notas:

  1. Miller, Jacques-Alain. Le divan. XX1e siècle. « Demain la mondialisation des divans ? Vers le corps portable ». Libération, interview du 3 juillet 1999.

* Imagen: Magritte, René (1898-1967). Obra “ Ceci n’est pas une pipe” («La Trahison des images»). Bélgica, 1929, junto a ilustración de «coronavirus»

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