La clínica psicoanalítica debe consistir no sólo en interrogar al análisis,
sino en interrogar a los analistas, de modo que éstos hagan saber
lo que su práctica tiene de azarosa, y que justifique a Freud el haber existido 1.

Jacques Lacan

 

Leo a diario lo que los colegas de la AMP escriben desde el real del propio confinamiento. Los he leído casi todos, son una brújula. Sus textos son el testimonio vivo de la comunidad de deseo que conformamos. ¡Eso existe! Por fortuna, no ha sido un sueño. Cuando despertemos de la pesadilla llamada «pandemia», habrá una Escuela donde volver a vivir.

Cuando leo sus textos, decía, me sorprendo de la capacidad de elaboración sobre este real que nos toca vivir. Hacen de contrapunto al exceso de información que circula en las redes, cálculos imposibles de mensurar y predicciones políticas y económicas abrumadoras, mientras la ciencia muestra sus propios límites. Las cifras de los muertos duelen en el mundo entero. Se devela la inconsistencia del Otro bajo todas sus formas. Ante lo real, ninguna garantía. Entonces, la angustia generalizada.

Para mí, en cambio, la escritura no surge con claridad. La cuarentena y su confinamiento me han hecho entrar en un registro suspendido del tiempo y del espacio. Me habita un cierto silencio, es la forma que toma la ausencia de palabras para nombrar lo real. A veces el mal humor se me instala, me cala el alma, es un viejo conocido de otras épocas. Respuesta de lo real para soportar otro real.

Como enseña Miller, hay diversos nombres de lo real2. Me preocupa el real de la experiencia analítica en este tiempo en el que el psicoanálisis ha entrado masivamente en la virtualidad. Me interroga su operatividad, me pregunto por sus efectos. No hay duda del valor psicoterapéutico de la palabra, aunque sea virtual. Sin embargo, el psicoanálisis como experiencia exige la encarnadura del encuentro entre el analizante y su analista cada vez. «La tesis -dice Miller- es que el analista, con su presencia, encarna la parte no simbolizada del goce»3. En efecto, por mucho que se diga, resta lo imposible de decir. Esa operación se repite cada vez hasta que se inscriben, para cada uno, el exceso de goce y la ausencia de significante para nombrarlo. Derecho y revés de una única estructura, la del ser hablante.

Sin embargo, nuestra clínica es caso por caso. Una paciente experimenta, a medida que transcurren las sesiones virtuales, la creciente incomodidad que se produce ante cada llamado a la analista; con sorpresa descubre que eso la reenvía a la connotación sexual del trauma infantil. Otro paciente constata, en cuarentena, que la respuesta subjetiva ante lo traumático del encierro es un deseo inédito anudado a la enseñanza, lo cual agujerea el fantasma de la depresión, significante de la identificación con el padre. Una joven mujer verifica que el punto de mayor angustia constituye el encierro bajo la mirada amenazante del partenaire que la reenvía al horror y, como no la puedo ver pero es importante que lo sepa, me advierte de su angustia a medida que habla del otro lado del auricular. Una adolescente refiere que, ahora que está encerrada con su madre, reconoce que toda su vida sintió miedo y al decirlo, me cuenta, ella tiembla. En su primer testimonio, Débora Rabinovich relata que para ella hubo una interpretación inolvidable de su analista que, en ocasión de una angustia devastadora, la atendió por teléfono; ese decir tocó el goce que la atrapaba y le abrió el camino hacia el final.

Lo real de la experiencia analítica no tiene nada que ver con la realidad, tampoco con el real de la biología ni de la ciencia. Pero creo que la virtualidad, de la que hacemos uso en esta contingencia histórica, de ningún modo sustituye la necesidad del encuentro real que permite que el psicoanálisis sea «una experiencia», un «acontecimiento de cuerpo», y no solo un fenómeno discursivo. Lacan ha insistido: «la clínica psicoanalítica es lo real en tanto que imposible de soportar»4. De lado del analizante, se trata de la experiencia de lo real de un goce fuera de sentido que anida en el síntoma; del lado del analista, se trata de lo real de un acto sin garantías.

La vida es sueño, ficción de la que podemos ser despertados bruscamente. Lacan dijo que despertamos del dormir para seguir soñando con los ojos abiertos porque no hay despertar a lo real. «No nos despertamos nunca: los deseos sostienen los sueños»5. Soñar es estar habitado por el deseo, es proyectar con otros, es anhelar que las contingencias de los buenos encuentros se produzcan… ¡el Congreso de la AMP podría hacerse realidad, y nuestras Jornadas, y nuestras Noches de Escuela! Soñemos juntos, entonces, con los encuentros por venir porque, como dijo Daniel Millas, «afortunadamente, la causa analítica no entra en cuarentena»6.

Mientras escribo, mi ventana está abierta. Escucho a lo lejos los acordes de una guitarra eléctrica que un vecino que no conozco hace sonar desde su balcón, de vez en cuando, mientras canta. Otros, que tampoco conozco, cantan a coro desde los confines de sus balcones y entonces se nos ilumina el alma…. «Near, far, wherever you are… my heart will go on and on….» 7.

Buenos Aires, 12 de mayo de 2020.

 

* Texto publicado por EOL-Postal en el Boletín aperiódico “Discontinuidad” N. 15. Buenos Aires, 8 de junio de 2020.

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. Conferencia de apertura de la Sección Clínica de París. Pronunciada en Vincennes el 5 de enero de 1977.
  2. Miller, Jacques-Alain. L’uno tutto solo. Astrolabio, Roma, 2019.
  3. Miller, Jacques-Alain. Los usos del lapso. Paidós, Buenos Aires, 2004, p. 22.
  4. Lacan, Jacques. Conferencia de apertura de la Sección Clínica de París. op.cit.
  5. Lacan, Jacques. “Respuesta de Lacan a una pregunta de Catherine Millot. Improvisación: deseo de muerte, sueño y despertar”. Freudiana, nº 88.
  6. Millas, Daniel. Palabras del Presidente de la EOL, difundidas el 21 de marzo de 2020 por EOL- Postal.
  7. Cerca, lejos, dondequiera que estés…mi corazón continuará…” de la canción My heart will go on and on, letra del tema original de la película Titanic cantada por Céline Dion.

 

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