“De este modo se torna manifiesta esta progresiva unificación de una humanidad en vías de formar Uno, un todo, y tanto más apegado a su bienestar cuanto que el de cada uno se presenta como la condición del bienestar de todos” 1.

 

«Casi una veintena de muertes”, fue la frase que, en los inicios de esta pandemia, utilizó una periodista de la TV pública para referirse al número de fallecimientos en Madrid. La pandemia se presentó en un espacio social donde cohabitaban la negación y la sorpresa, y esta dificultad contable comenzó a hacer signo de un desbordamiento. El sistema se presentó como incapaz de acoger el sufrimiento del viviente, desvelando el envés implícito en la promesa del bienestar para todos.

Lo que el discurso no pudo comenzar a contar ha tenido un efecto en la subjetividad de la época, la muerte ha saltado de la esfera de lo privado a lo público imposible de evaluar, imposible de decir, y lo que vino del Otro desbordado, que dice que no sabe y que reconoce las insuficiencias del discurso de la ciencia y los déficits del estado, fueron los significantes que llamaron a la colectividad a hacer Uno: guerra, resistencia, confinamiento, responsabilidad.

Si el universal de la muerte, del que Lacan planteaba “reunámonos en esa igualdad entre todas comunicable” “hablemos en conjunto”2 remitiendo al para todos del silogismo aristotélico, nos lleva en el recorrido analítico a la singularidad del uno por uno y a las diferentes respuestas subjetivas ante la barra de la falta en Otro; con la pandemia, la colectivización de la muerte, ha sustraído al viviente de los ritos y elementos discursivos que permiten el tratamiento de la pérdida y que Lacan señalaba como rasgo de lo humano: la posibilidad de imaginarizar la muerte, la muerte del otro por supuesto, e inscribirla en el universo simbólico permitiendo la articulación del hombre a su historia singular.

Todos en riesgo, o todos potencialmente peligrosos para el otro, diseña un campo de lo humano donde el peligro exterior deviene lo más íntimo, es un miedo que trasciende las viejas lecturas de la confrontación imaginaria, es un miedo que se articula al real innombrable.” Lo real es un caos hecho de elementos dispersos y disparejos 3.

Crueldad, se escucha ahora en el discurso de algún representante de la política y que nos orienta en un escenario de traumatismo colectivo. Pero para cada uno, en este tiempo suspendido, extraño, donde los objetos se amontonan, cuanto más lejos estamos de los cuerpos, atendiendo a la tristeza, a la angustia, a la soledad, “no se trata de comprender, de mordiscar en el sentido, sino de rasurarlo, lo más que se pueda” 4. “El bien decir no dice dónde está el bien” 5.

Y entretanto, el parlêtre nos devuelve en su movimiento, aquello que anuda y vivifica. La voz y la mirada se asoman desde la distancia a los espacios públicos, a los patios de vecinos y en las redes sociales, indicando un desplazamiento del dominio de la libido narcisista, para hacer con los objetos más particulares, un nuevo lazo colectivo.

 

Notas:

  1. Miller, Jacques-Alain. Sutilezas analíticas. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 281.
  2. Lacan, Jacques. Radiofonía. Anagrama, Barcelona, 1977, p.12.
  3. Miller, Jacques-Alain. Sutilezas analíticas. op.cit., p.141.
  4. Lacan, Jacques. Televisión. op.cit., p.107.
  5. Nota al margen (Manudictio) de Jacques-Alain Miller, citado en: Lacan, Jacques. Televisión. op.cit., p.103.

 

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