Texto producto del Cartel Exprés de la ELP-CdC  «Sueños y verdad» realizado durante los meses de Diciembre 2019 a Febrero 2020, preparatorio del Congreso de Buenos Aires.

 

“Me figuro que la afirmación de la existencia de tales sueños engañosos despertará en algunos individuos, que se dan a sí mismos el nombre de analíticos, una tempestuosa indignación: De manera que también lo inconsciente puede mentir; lo inconsciente, el verdadero nódulo de nuestra vida anímica, mucho más cercano a lo divino que nuestra pobre conciencia. ¿Cómo podremos entonces edificar sobre las interpretaciones de análisis y la seguridad de nuestro conocimiento?”1.

El caso

Es ésta una cita del texto “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”. Freud supuso que los pocos sueños que tuvo la paciente eran el único indicio de transferencia, pero paradojálmente mostraban lo contario de lo que la chica manifestaba de forma consciente. Es por ello que Freud se pregunta sobre la mentira y el inconsciente. ¿Qué ocurre? ¿El inconsciente puede mentir?

Parece que la joven homosexual suscitó en Freud una gran admiración cuando después de un tiempo en análisis decidió enviarla a una terapeuta mujer le dijo “…tiene usted unos ojos tan inteligentes. No quisiera encontrarme en la vida con usted en calidad de enemigo”. La joven llegó a su consulta a petición de los padres, había despertado en ellos una gran preocupación, por el cariño e interés que mostraba tener por una mujer mayor que ella y, según parece, de no muy buena reputación. La chica no escondía su inclinación hacia la dama, ninguna vigilancia conseguía que no aprovechara cualquier ocasión para encontrarse con ella. La joven mostraba dos aspectos de su conducta en apariencia opuestos: uno la imprudencia con la que paseaba en compañía de su amiga y el otro la insistencia con que recurría a toda clase de engaños para salir de casa. La indignación del padre corría paralela al descaro con que la hija se mostraba en compañía de la mujer. Un día el padre las encontró paseando por la calle y les dirigió una mirada de indignación, la chica, separándose de la dama se lanzó a las vías del tren. Fue después de esta tentativa de suicidio que el padre consultó a Freud. La joven aceptó asistir a algunas entrevistas, pero sólo, según manifestó, para satisfacer a su padre, dado que no tenía intención alguna de cambiar nada. Freud destaca que, dado que la demanda no es realizada por la joven, no se podía esperar un buen proceso señalando que no es posible realizar un análisis por encargo.

Los Sueños. Transferencia

El análisis de la joven progresó siempre con mucha dificultad, Freud lo compara con la mujer que en un museo mira despreocupadamente una serie de objetos y dice “que interesante es todo esto” siendo que, todo ello, la tiene absolutamente sin cuidado. Describe una transferencia negativa por la cual la joven habría proyectado en él su total desprecio por el hombre, que la dominaba desde la traición sufrida por el padre, que es lo que argumentará como lo que motivó su decisión de interrumpir el tratamiento y la recomendación de continuarlo con una analista mujer. La aparición de una serie de sueños es lo que va a permitir a Freud afirmar que son el indicio de una transferencia positiva. Ellos expresan el deseo de la joven de encontrar un marido y tener hijos, y por lo tanto pueden considerarse como una satisfactoria preparación a la transformación deseada, cuestión que, de todas formas, aparecía en manifiesta contradicción con lo que la joven expresaba. Freud considera entonces que los sueños son mentirosos y que sólo persiguen la intención de engañarlo a él como lo hace con el padre. Le comunica esta observación y afirma que en adelante los sueños no volvieron a presentarse.

¿El inconsciente puede mentir?

Freud elabora una explicación sobre si el inconsciente puede mentir, evoca un pasaje del texto “La interpretación de los sueños” donde distingue entre el deseo preconsciente y el deseo inconsciente. El sueño no es lo inconsciente, es la forma como una idea preconsciente ha podido emerger, apoyándose en los impulsos optativos inconscientes, experimentando la deformación que impone la elaboración onírica. La intención de engañar procede del preconsciente y la de agradar del inconsciente, la primera nace por represión de la segunda y esta es la que emerge en la elaboración onírica.

El sentimiento optativo que procede de la consciencia puede contribuir a la formación de un sueño, pero este no nacería si el deseo preconsciente no fuera robustecido por otros factores que proceden del inconsciente. El deseo consciente sólo se constituye en estímulo del sueño cuando consigue despertar un deseo inconsciente. Éste, a su vez, es siempre de procedencia infantil. El deseo de un sueño siempre tiene que ser un deseo infantil. Precisa entonces lo que el deseo inconsciente significa para el sueño estableciendo el símil del empresario y el capitalista, la idea preconsciente representa en la formación del sueño el papel de socio industrial, el que pone la idea, pero no puede hacer nada sin capital y necesita un socio capitalista que corra con los gastos. En el sueño el capitalista que corre con el gasto psíquico necesario para su formación es siempre un deseo inconsciente.

Freud lo que señala es que la intención de engañarlo (igual que al padre) con los sueños procede del preconsciente y que tal intención se logra enlazando a él también el deseo de agradarle (igual que al padre, cosa que sabemos que así es) que procede del inconsciente y crea así un sueño mentiroso. Ambas intenciones proceden del mismo complejo. La primera (la de engañar) nace por represión de la segunda (agradar). El sueño es la vía regia que conduce a lo inconsciente pero no es el inconsciente mismo, no interesa tanto por la fidelidad de su contenido como por su relato y es en la dirección al Otro que el sueño miente. Es pues bajo transferencia que se vuelve engañoso.

Una acción contratransferencial

Lacan toma en diversos momentos el caso de la joven homosexual. En el Seminario IV comenta la cuestión de la transferencia de la joven afirmando que, lejos de ser una burla de la transferencia, la voluntad de engaño es la transferencia de la joven, y como tal tenía que haberla aceptado, ocupando este lugar del Otro engañado. Esto no le hubiera sido posible a Freud porque éste le atribuye a la joven una intención de cautivarlo, de enredarlo y se lo cree en exceso, se lo toma como algo dirigido exclusivamente contra él. Se trata dice de una acción contratransferencial. Así lo destaca recordando el pasaje en el que Freud relata que la intención de la joven era una tentativa de ganarse su interés para decepcionarlo después y que la intención de engañarlo estaba en el origen del sueño. La observación de Lacan apunta al hecho de que Freud efectivamente, con su explicación sobre la formación de los sueños, indica que aquello que es esencial del inconsciente es la relación con el Otro y que esta relación implica en su fundamento la posibilidad de que se efectúe como una mentira (en el caso el deseo de engañar al padre y por lo tanto, por transferencia, a Freud). Entonces en vez de tomar la vía del deseo de engañar y seguir el análisis en este punto, le dice a la joven que eso es lo único que pretende, con lo cual aborta cualquier tipo de posibilidad de revelar el contenido del sueño y el lugar al cual éste apuntaba. Lo concibe en la perspectiva del engaño y por lo tanto en su intencionalización preconsciente. ¿El sueño adonde apuntaba? “Lo que se formula en el inconsciente… lo que en el origen esta desviado, a saber, su propio mensaje que proviene del padre bajo una forma invertida, bajo la forma de tu eres mi mujer, tu eres mi amo, tu tendrás un hijo mío… la promesa en que se basa la entrada de la niña en el Edipo.”2 Efectivamente, pues, todo lo que estaba en el origen de la hipótesis inicial de Freud.

Aunque la presentación del sueño se produce en relación a Freud (en la perspectiva del engaño al padre, o sea la transferencia imaginaria) no es menos que la representación de la transferencia en su sentido propio, es decir, la transferencia simbólica que da cuenta de la repetición inconsciente. Freud debiera haberse olvidado de que la joven lo engañaba, igual que engañaba al padre, que debía de haberse concentrado en el texto de los sueños y no en la relación entre él y la joven que lo provocaba igual que hacía con el padre.

La mentira sintomática. El Otro engañado

Lacan retoma en el Seminario X la cuestión de los sueños mentirosos. Recuerda que Freud había señalado que los sueños eran el único indicio de transferencia, pero señala a su vez su sorpresa sobre la cuestión de si el inconsciente puede mentir, afirmando que ante lo que Freud se detiene es ante el problema de toda mentira sintomática, o sea de aquello que el sujeto pretende decir cuando miente. “Y lo extraño es que Freud tira la toalla, ante este agarrotamiento de todos los engranajes. No se interesa por lo que los hace agarrotarse, o sea el desecho, el pequeño resto, lo que detiene todo y que, sin embargo, es lo que aquí surge como pregunta. Sin saber qué es lo que le produce este embarazo, Freud está conmovido como él mismo lo pone de manifiesto, sin duda, ante esta amenaza a la fidelidad del inconsciente. Y entonces, pasa al acto”3.

Y una vez más vuelve a la cuestión en el Seminario XI. Su comentario entonces tiene un tono distinto, no parece que Lacan considere aquí que Freud esté conmovido. Señala la importancia de situar la cuestión del Otro engañado, algo que se palpa en la experiencia del análisis, cuando el sujeto teme engañarnos, dar una pista falsa o que nos engañemos nosotros mismos. Afirma entonces que eso no perturbó a Freud quien supo dejar claro que el inconsciente no es el sueño y que a su vez puede ejercerse en el sentido del engaño. Destaca el capítulo “El olvido de los sueños”, donde Freud afirma que a todo aquello que entra en la composición del sueño no se le discutirá si es o no verdadero, cabe conferirle a todo ello un valor igual de huella en lo que al sujeto respecta. Vuelve a la cuestión de la mentira sintomática, esa verdad dice que hace posible la aseveración “yo miento”. Esta vez no redunda en la cuestión de la acción contratransferencial, sino en afirmar que en lo que Freud falló fue en formular correctamente el objeto del deseo de la joven (también en el caso Dora). Se trataba en la joven de desafiar el deseo del padre, y como prueba de ello el carácter de evidente provocación que mostraba paseándose por lugares cercanos a la oficina del padre. “Lo que hace la homosexual en su sueño, cuando engaña a Freud, es un desafío más dirigido al deseo del padre: usted quiere que me gusten los hombres, pues tendrá todos los sueños de amor por los hombres que quiera. Es el desafío en forma de irrisión”4.

Sidonie Csilliag

Sidonie Csillag es el nombre que las biógrafas de la joven homosexual de Freud, Ines Rieder y Diana Voigt le pusieron en la biografía que de ella escribieron, publicada en castellano en el año 2004. Las autoras escriben en una nota extraída del prefacio de la versión original, que esa fue la única cuestión que les pidió, que no publicaran sus memorias con su nombre verdadero, así como tampoco el de algunos de sus familiares y amigos. Una de las dos era la nieta de una de las amigas de la joven, fue así como supieron que ella vivía en una residencia de ancianos. Conectaron con ella quien aceptó construir junto a ellas el relato de su vida.

La biografía rememora en uno de sus capítulos las sesiones con Freud. Su recuerdo no es muy halagador, la joven evoca con pesar sus idas al despacho de Freud. Afirma que aceptó asistir porque no tuvo el coraje de enfrentarse a su padre, también porque lo quería mucho y no deseaba que él estuviera disconforme con ella. El recuerdo de la sesión en la que Freud le interpreta su amor al padre es descrito por ella en la biografía con el mismo rechazo que le suscitó en su momento. “Ya hace tiempo que me pregunta de todo sobre mis padres y mis hermanos (…) sabes lo que me dijo hoy: que me hubiera gustado tener un hijo con mi padre y como por supuesto la que lo tuvo es mi madre, yo la odio por eso y a mi padre también y de ahí que me aparte por completo de los hombres”5.

En relación a los sueños, Sidonie cuenta que al sentir ella la presión de que le contara sus sueños y darse cuenta de que no soñaba nada, le relata la historia con su amante en la forma de sueños. Según parece, comentaba después, las sesiones con su amante contraviniendo la promesa hecha al padre de no verla más. Mientras Freud se preguntaba sobre esos sueños que aparentaban engañosos dado que mostraban lo contrario de lo que ella afirmaba desear, resulta que en el recuerdo de Sidonie los sueños aparecen como una fórmula para poder hablar de su relación con la dama, mostrándose así como la chica que obedece el mandato del padre y lo que supone que desea Freud también. Desde esta perspectiva, entonces Freud fue engañado pero no en el punto en que creyó advertirlo.

“Además no sueña nada, pero Freud insiste en los sueños, ¿Estará sospechando el profesor que ella se está encontrando otra vez regularmente con Leonie? Ojalá que no. Pero ella podría darle una manito a la realidad y distraerlo de reflexiones inconvenientes. De modo que le cuenta a Freud sus encuentros con Leonie en forma de sueños. Sólo hace falta adornarla un poco y ya está lista la historia de la muchacha obediente que, aunque se consume por su amada, mantiene valientemente su promesa”6.

 

Notas:

  1. Freud, Sigmund. “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”. Obras completas. Tomo XIII. Ed. Orbis, México DF, 1977, p. 2557.
  2. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 4, La Relación de objeto. Paidós, París, 1994, p. 137.
  3. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 10, La angustia. Paidós, París, 2004, p. 143.
  4. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales. Paidós, Paris, 1973, p. 46.
  5. Rieder, Ines/ Voigt Diana. Sidonie Csillag. La “joven homosexual” de Freud. El cuenco de Plata, Buenos Aires, 2004, p.60.
  6. Ibid., p. 64.

 

Bibliografía:

  • Freud, Sigmund. “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”. Obras completas. Tomo XIII. Ed. Orbis, México DF, 1977.
  • Lacan, Jacques. El Seminario, libro 4, La Relación de objeto. Paidós, Ediciones du Seuil, París, 1994.
  • Lacan, Jacques. El Seminario, libro 10, La angustia. Paidós, Ediciones du Seuil, París, 2004.
  • Lacan, Jacques. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales. Paidós, Ediciones du Seuil, Paris, 1973.
  • Rieder, Ines/ Voigt, Diana. Sidonie Csillag. La “joven homosexual” de Freud. El Cuenco de plata, Buenos Aires, 2004.
  • Allouch, Jean. La sombra de tu perro. Discurso psicoanalítico. Discurso lesbiano. El cuenco de plata, Buenos Aires, 2004.

 

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