IX CONVERSACIÓN DE LA ELP: El pase y la formación del analista. Madrid, 5 de mayo de 2007. Conversación animada por Éric Laurent, Delegado General de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Con la participación de Pierre-Gilles Guéguen, Presidente de la Escuela Europea de Psicoanálisis.

Creer en el síntoma, no por el sentido que encierra, sino por lo que testimonia de arreglo de goce. Renunciar al cinismo, tan caro al terapeuta posmoderno, porque si sólo se trata de hacerlo desaparecer todos son intercambiables, sentidos fuera, y si el goce no es causa de síntoma, fuera también.
Al fin y al cabo ¿qué habría más allá de una disfunción? La vacuidad de los discursos terapéuticos, reducidos a un savoir faire técnico, se manifiesta en el summum de lo cuantificable, la estadística como pretendida muestra de cientificismo que excluye la ética de su horizonte.
Y en lo temporal, en lo caduco, en lo moderno, ¿con qué vector orientarse? No encuentro otro que el pase, maravilloso nudo en el que el saber adquirido siempre está presto a ceder sus armas para renovarse, en el que la política no es otra que la del síntoma, con una nueva clínica, a demostrar con los CPCT´s, que muestra que el psicoanálisis es un instrumento útil y precioso. Lugar de verificación fuera de la evaluación masiva.
Tomo las palabras de una analizante aficionada al ajedrez: “Hace falta tiempo para cambiar la posición en la partida”. Primer tiempo con movimientos previsibles, no sorpresivos, de tanteo (de establecimiento de una transferencia, no tanto al analista sino al discurso), pero llevando en su interior como algo preciado, el momento del asalto final. Jaque.

Pero el amor no está de moda y el saber como algo subjetivado tampoco, no hay mucha gaya ciencia. Parecería que la única estrategia posible sería hacer de la contingencia semblante cuando ya el azar es anodino. De alguna manera ¿no nos enseñan las crisis de ansiedad, la angustia, que al síntoma ya no es fácil hacerlo consistir?
El buen funcionamiento (recuperar la capacidad de amar y trabajar según Freud) no utiliza ya esos parámetros para su comprobación. Hoy se trata de la capacidad de gozar sin límite, la castración ha perdido su brillo, su capacidad revulsiva, su poder de causar el deseo. La castración no es hoy una falta productiva, la castración es algo rechazado y renegado, de ahí al reino de los fetichismos más diversos (la publicidad da buena cuenta de ello) y a la psicosis ordinaria, sólo hay un paso.
Precisamente por ello, Lacan recurrió al nudo borromeo, nada de estructura, de rigidez. Dados los tiempos que se avecinaban, mejor adelantarse, contraatacar. El síntoma se hará obsoleto, mejor hablemos de sinthome, mejor tratemos de cómo arreglárselas, no de un síntoma duro como el hierro, sino de un sinthome, dulce, souple, por cuya coreografía habrá que dejarse manejar, para poder servirse de él, precisamente.
Pase sinthome entonces, porque sí, hay que pasar, y no es cuestión de cantidad (como ocurre con los “síntomas” del DSM) sino de cualidad. Salto cualitativo, un hale hop prodigio de equilibrio, donde las identificaciones ya no son un asidero, donde el goce se identifica y se recorta, y sin dominio se condensa.
¿Recuerdan Vds. el viejo chiste? Alguien llamaba a la puerta: “¿Se puede? la respuesta era: ¡Between, between!”. Un entre como respuesta del dispositivo que permite la nominación como AE. Y un entre que sitúa al pase, invento feliz, como interfaz del psicoanálisis puro y el psicoanálisis aplicado.
Es la Escuela. Y es el pase que pasa: Nuestra palanca de Arquímedes, nuestro caballo de Troya, nuestro tiempo y espacio relativos. Y nuestro deseo como analistas.

Fe Lacruz (Vigo)

(Publicamos este texto escrito como preparatorio de la IX CONVERSACIÓN DE LA ELP dedicada al tema «El pase y la formación del analista», y que tendrá lugar en Madrid el próximo sábado 5 de mayo de 2007)

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