El XI Curso Anual de Esquizofrenia, que se realizó en Madrid los días 2 y 3 de diciembre, cuyo tema era “Identidad, subjetividad y experiencias psicóticas”, se ha transformado en el evento más importante de la psiquiatría en España, medido por su concurrencia masiva y por el interés de la misma. Este año asistieron 700 participantes, agotándose las inscripciones. Congrega a psiquiatras, psicólogos y diferentes trabajadores de la Salud Mental. Valga esta crónica para situar el contexto donde se realizaron las diferentes intervenciones donde participó José María Álvarez, psicoanalista lacaniano. Su intervención fue la mañana del 2 de diciembre, siendo el último en realizar su exposición. Para situar la misma considero conveniente hacer una breve referencia a las tres ponencias que le precedieron, que es una manera de introducir la diferencia de concepción que tiene el psicoanálisis lacaniano de la psicosis con respecto a otras teorías.
La primera ponencia se centraba en el estudio del insight en las psicosis, de qué manera el psicótico podía expresar la comprensión de su enfermedad. Este estudio se reducía a pasar un cuestionario y su posterior evaluación. La segunda ponencia se fundamentaba en una concepción piagetiana del lenguaje, que conduce a considerarlo en la psicosis no como un falla sino como un déficit. La tercera ponencia, interesante recorrido histórico por los delirios que afectan a la corporalidad hasta llegar al delirio de Cotard, pero esta descripción psicopatológica, valiosa en su sentido histórico, queda sin consecuencias en la práctica, vacío que es ocupado por la psicofarmacología como un único instrumento terapéutico.
En las tres ponencias, a mi juicio, no había referencias a la subjetividad ni a las experiencias psicóticas. En este contexto llega la ponencia de José María Álvarez, introduciendo una referencia a lo conceptual, a la subjetividad del psicótico y a la práctica en que se sostiene el psicoanálisis lacaniano. Su exposición sobre la certeza como experiencia y como axioma da relevancia al punto que sostiene la lógica delirante, el rigor de la misma, la certeza, que se establece sobre la ausencia de toda precomprensión. Un postulado, es el término adoptado por Clerambeault para calificar el término más incondicional del delirio del erotomaníaco, en efecto, hace derivar el conjunto del discurso en las psicosis delirantes erotomaníacas de un postulado en el sentido lógico, es un axioma, entendiendo que no hay una más allá del mismo, “el Otro me ama”. Así el delirio sería la invención de una respuesta basada en la certeza. Diferente posición a considerar el delirio como un error. José María Álvarez recuerda en este punto, que es Freud, en 1894 en su texto “La neuropsicosis de defensa” que refiere a un mecanismo particular del yo que implica el más enérgico y efectivo rechazo del mismo a todo tipo de representación intolerable, la Verwerfung y en el mismo texto nos recuerda que en este mismo texto Freud lo vincula a la Unglaube, la increencia, conceptos rescatados por Lacan en su retorno a Freud y que adquiere un lugar central en la concepción de la psicosis en el psicoanálisis lacaniano. La certeza no es la creencia, el creyente se esfuerza y se empeña en convencer mientras que el psicótico en su certeza no necesita testigos que le avalen ni razonamientos que le fundamenten ni verificación que lo sostenga. José María Álvarez trajo las referencias a Schreber y a Wagner, sujetos psicóticos que en su certeza delirante demuestran que están concernidos, pero las referencias históricas a la clínica psiquiátrica clásica construidas por los clásicos que elaboraron en el encuentro con el enfermo, que prestaban atención a lo que el enfermo podía decir de sorprendente, José María Álvarez, además de esta mención, introdujo en su exposición viñetas clínicas vinculadas a su práctica. Un sujeto que llega a su consulta haciendo mención a un ruido “tengo un ruido aquí”, dice señalando su cabeza. En todas sus entrevistas repite lo mismo hasta que el analista introduce la pregunta sobre si ese ruido también lo oían sus vecinos; la respuesta del sujeto fue “sí, ese es mi drama”. Perplejidad, enigma, vacío de significación que por la maniobra del analista el sujeto puede salir construyendo un delirio. Sale, del riesgo de mantenerse en un estado de perplejidad, enigmático, expresiones de su fenómeno elemental, y que sin el recurso del delirio se corría el riesgo de un pasaje al acto. Esta viñeta clínica fue una de las preguntas que se le formularon luego de su exposición. Otra viñeta: un sujeto que se define como “normal”, que en su definición de “sujeto normal” produce inquietud en su primer entrevista. En ausencia de su analista por viaje hace un brote psicótico, desarrollando un delirio mesiánico que obliga a un ingreso. Al alta retorna a las entrevistas donde sigue manteniendo que es un “sujeto normal”, suplencia basada en una certeza que es respetada por su analista. En estas viñetas clínicas, articuladas con la introducción conceptual que realizó José María Álvarez, donde fue exponiendo conceptos, clínica y práctica del psicoanálisis lacaniano, marcando de la mejor manera las diferencias con las exposiciones que lo precedieron, concluyendo su exposición en una visión unitaria de la psicosis, fundado esto en un mecanismo genérico que conformaría la estructura propiamente psicótica que introduce una diferencia con el reduccionismo a que ha sido sometida la psiquiatría a partir del uso tanto del DSM IV como de Cuestionarios.
En esa mañana madrileña se escuchó un discurso diferente que daba ilusión y otro tipo de respuesta a la psiquiatría actual empobrecida, que ha perdido su rumbo, que genera un gran malestar en la comunidad psiquiátrica. Así también se entiende que el Hospital Villacián de Valladolid comience a ser una referencia para psiquiatras y psicólogos que quieren realizar su formación MIR y PIR en España.

Rodolfo Pujol (Málaga)

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