Después de las XXIV Jornadas de la ELP

Deseo, más que éxito

Han sido unas Jornadas extraordinarias. Casi 500 personas, miembros de la Escuela, socios de Sede, participantes de actividades en el Instituto, en actividades y espacios variados de nuestra oferta formativa, profesionales de salud mental, educación, servicios sociales, del mundo de la cultura, etc., en torno al acto en psicoanálisis, acto fundante del sujeto, que subvierte la mera cronología y que se mide por sus consecuencias. Las felicitaciones y los agradecimientos se suceden. Son palabras sinceras, que transmiten alegría y reconocimiento a las variadas comisiones, a la organización, los participantes en las mesas, y, de manera especial, a la comisión in situ, que ha sabido combinar delicadamente orientación y calidez.

Episteme y clínica se han dado la mano en las plenarias y han encontrado su ilustración enseñante en los casos expuestos en las simultáneas. La labor ya partía de atrás, en la preparación de las Jornadas: Web, Alikindoi, comisiones científicas, clínica, bibliográfica, espacios de Sedes y Comunidades, etc., que han allanado el camino. Al final, se ofrece el testigo a Zaragoza, que retoma el encargo de relanzar el trabajo. La hospitalidad con la que hemos recibido a los colegas es heredera de una tradición en la Comunidad de Andalucía, que fue pionera en la orientación lacaniana, y que sigue poniendo a prueba el deseo de Escuela.

¿Cómo conseguir que ese sintagma no sea vano? La Comunidad de Andalucía y las Sedes han manifestado un compromiso directo y decidido. Una Comunidad diversa, pero que en su diversidad explora vías por las que seguir a Lacan para distinguir la lógica del deseo de Freud y separarla de sus particularidades, erradicándolo del fantasma paterno. Solo así podemos deducir el deseo del analista, seguir el ejemplo de Lacan, el surco del deseo que fundó su Escuela.

Desear la Escuela es distinto de un anhelo de pertenencia. El deseo de integrar y sostener una Escuela, con otros, implica partir de un imposible para, contingentemente, volver algo posible. Así lo indica J.-A. Miller, en su texto "Teoría de Turín sobre el Sujeto de la Escuela"1, al que solemos recurrir cuando nos adentramos en estos parajes. Es a esto a lo que denominamos "subjetivar la Escuela", tomando a la causa freudiana como el Uno ‒significante ideal, al que cada uno subjetiva de un modo singular– solo, como siempre se está en la relación con la causa psicoanalítica. Así, la Escuela es un conjunto de soledades que no constituyen un todo, ni es para-todos. Responde, por tanto, a una lógica inconsistente y, por ello, anti-totalitaria: S (Ⱥ). Ahí el carácter subversivo del psicoanálisis toma cuerpo. Y requiere de esa interpretación, de la que habla J.-A. Miller, para que la Escuela no vire completamente hacia lo institucional, para que no se sustente en lo grupal y pueda sostener la singularidad del discurso del analista, frente a cierta tendencia a desplazarse hacia otros discursos. Esto es verdaderamente complejo y no puede más que tenernos en guardia.

La apuesta por la Sede de una Comunidad para acoger unas jornadas no es cualquier cosa. Es decisión de los órganos directores de la Escuela, Directorio y Consejo. Es una apuesta de Escuela y eso significa que se aventuran consecuencias. No es tan sencillo como animar el trabajo, intentar resolver conflictos, obligar a la integración. Se trata más bien de convocar a la Escuela Sujeto. La conclusión de las Jornadas cierra el evento, pero se abre a los efectos. Queda trabajo por delante. Valoremos lo que trae de nuevo este momento, y confrontémoslo a lo que se repite, incluso a eso que se vuelve a presentar con la mejor intención.

Apertura, más que conclusión

El programa definitivo de las Jornadas ha venido precedido de una labor previa muy minuciosa de preparación y construcción de los elementos epistémicos y clínicos que son nucleares en el tema elegido. La invitación a esa preparación se ha extendido a toda la comunidad analítica, siendo la respuesta, como hemos podido constatar, muy entusiasta.

La relación entre geografía y tema de las Jornadas es necesario triangularla con la experiencia de Escuela. Es un sesgo poco recomendable identificar las Jornadas con el lugar donde se realizan. No han sido las Jornadas “de” Málaga, sino las Jornadas anuales de la ELP, celebradas, en esta ocasión, en Andalucía, en concreto, en Málaga. La fijación de localismos obtura la posibilidad de separar al sujeto de los significantes-amo que lo colectivizan y, por ende, lograr aislar su diferencia absoluta. Nuestra “a” gráfica y matérica, imagen de las Jornadas, objeto plus de goce que se sostiene sobre el vacío, aparece atravesada, dividida también la A mayúscula que contiene, con reminiscencias del tictac de las agujas de un reloj que determina que nos las arreglemos con el a-tiempo lógico.

El interés en la Comunidad de Andalucía por la dupla “trabajo de transferencia-transferencia de trabajo”, que se mantuvo durante años en nuestras conversaciones de la década de 1990 y 2000, nos puede ayudar a reconsiderar este aspecto. Ya para Freud la transferencia, además de motor, era obstáculo del tratamiento. El analista rehúsa la reciprocidad del amor en juego con el acto, el silencio, la interpretación, el corte, introduciendo ahí un vacío. Las Jornadas han dado cuenta, con nitidez, de esto.

La transferencia de trabajo es una expresión que Lacan introduce en “El Acto de Fundación”, en 1964, y no retomará explícitamente, aunque haya recibido mucha atención por desentrañar su alcance. La transferencia de trabajo es, en cierta medida, el reverso del trabajo de transferencia. Se trata de transferir el deseo de saber, con el trabajo que ello implica, y contribuir a la formulación de un no-saber, la pregunta, relanzada cada vez, de qué es un psicoanalista, en qué consiste el deseo del analista. Esto determina un ir más allá de cualquier identificación, teniendo presente que la categoría clásica del odioenamoramiento siempre conduce a la duplicidad imaginaria, siendo, por contra, el final del análisis la producción de un nuevo amor, alternativo a la complementariedad narcisista.

Lo nuevo

Tras la satisfacción de las Jornadas, esta argumentación es una propuesta para iniciar un espacio de debate sobre cómo continuar. Espero que podamos contribuir con la aportación de algún elemento nuevo que modifique el valor de los elementos acumulados (esos significantes reiterados que sirven de preámbulo, pero no de rumbo). Como recordaba Óscar Ventura en una plenaria, Freud sorprende a Alix Strachey al comienzo de su análisis diciéndole: “Ya sé que usted tiene un padre y una madre, vayamos entonces a lo importante…”. La referencia no es solo anecdótica. “No hay relación sexual” es un aforismo lacaniano provocador, que marca la siguiente parada en nuestro trayecto común.

El “Acto a-tiempo” y el “No hay relación sexual” pueden conjugarse de manera estimulante. J.-A. Miller en el texto de orientación Los Trumanos2 del Congreso de 2020, resalta que la fórmula en cuestión representa un conjunto vacío, y al mismo tiempo deconstruye la fantasía de que sí se da esa proporción sexual entre los padres y los hijos, o que hay relación sexual hasta la tercera generación, es decir con aquellos que nos enseñaron la lengua, más la transmisión del superyó que vehicula el baño de cultura en el que nos sumergieron. Esta deconstrucción viene de atrás, pero se formaliza explícitamente con este aforismo. Ya en el Seminario 4, ilustrándolo con el caso Juanito de Freud, Lacan, a contracorriente, problematiza la relación de objeto -la madre-, cuando algo o alguien le hace o obstáculo, de algún modo. Prosigamos.

 

Notas:

  1. Miller, Jacques-Alain. Teoría de Turín sobre el sujeto de la Escuela. Grama, Buenos Aires, 2025.
  2. Miller. Jacques-Alain. “Los Trumanos”. Textos de Orientación, XII Congreso AMP, 2020: