La lectura de esta obra se produjo a partir de un intercambio por correo electrónico con el autor. Tras este, fui en búsqueda del libro y lo abrí con el interés de leerlo. No sabía aún que ello me llevaría a escribir sobre esa lectura. Una decisión que ya estaba tomada, en el inconsciente, quizás en el mismo momento en que hubo aquella comunicación.

El título del libro Inconsciente 3.0 no deja indiferente a nadie y mueve a una interrogación. El número tres es notable para el psicoanálisis. En la portada de este volumen se pueden localizar los lugares del Otro, el sujeto y el objeto: una tríada protagonista asimismo en el escenario de la sociedad contemporánea. Cifra y número tienen toda su importancia en la teoría psicoanalítica. Lacan en los años 70 aborda la teoría de los números: el número forma parte de lo real, aunque no opera sobre él1. Destacará, no obstante, la diferencia y oposición respecto al número del que se ocupa la ciencia.

En definitiva, el inconsciente escapa a la cuantificación y esta obra da buena cuenta de ello. Frente al enunciado del título, y de su subtítulo: “Lo que hacemos con las tecnologías y lo que las tecnologías hacen con nosotros”, me parece interesante tomar el sintagma “Inconsciente 3.0” como una escritura de lo inasible, como número en tanto cifra fuera de sentido, letra del goce que escapa a lo calculable. Inconsciente, pues, que abre a lo imprevisto y a la invención.

El ensayo de Dessal versa sobre las nuevas tecnologías: sus incidencias y consecuencias sobre los seres humanos y sus relaciones. Ofrece muchos elementos de información y conocimiento, producto de una investigación ilustrada a partir de la selección, que él hace, sobre publicaciones punteras y relevantes en el mundo contemporáneo. A su vez, da voz al psicoanálisis a partir de Freud, Lacan, J.-A. Miller, entre otros… y a la filosofía y otras disciplinas con escritores como Chomsky, Foucault, Bauman, etc. El lector encontrará múltiples citas que dan cuenta del funcionamiento del mercado y sus métodos derivados del discurso neocapitalista que, junto a las contribuciones de estos investigadores clásicos y contemporáneos, pueden servir al lector de marco para nutrir su propia crítica sobre el panorama de la época actual y los escenarios futuros.

La lógica del trabajo del autor está atravesada por el deseo del escritor que hay en él, producto también de su encuentro y experiencia con el psicoanálisis. Es un libro, no obstante, abierto a todos los lectores que viven y gozan las inclemencias de la época actual.

A medida que nos adentramos en la lectura de cada capítulo, la inquietud crece en el lector a la par que avanza la curiosidad: Es un acto responsable querer saber sobre lo que estamos viviendo, el impacto de los avances tecnológicos sobre el pârletre (el sujeto con su cuerpo hablante) y conocer también los supuestos de lo que vendrá, de aquello que ya está aquí en forma de innovación y oportunidad para una vida mejor. El libro de Gustavo D. da la enhorabuena, por supuesto, a las investigaciones científicas, a las invenciones tecnológicas y a sus adelantos; sin embargo, a su vez ofrece elementos de reflexión para que sepamos leer sus consecuencias sobre los propios sujetos y sus vidas (discursos, percepción y opinión, hábitos, estilos…).

Esta investigación comienza y acaba, también, con dos valiosas aportaciones: De Javier Peteiro y de Juan de la Peña.

El Prólogo a cargo de J. Peteiro habla de la escritura de Dessal -no sin dejar su propia huella de lectura crítica y orientadora- a la que nos tiene tan bien acostumbrados. Da su reconocimiento al trabajo del autor por su extensa revisión y examen del desarrollo tecnológico y del progreso de la ciencia a partir, también, de la experiencia psicoanalítica de Gustavo. Peteiro advierte que las investigaciones en materia de Inteligencia Artificial (IA) y los sistemas operativos derivados de las innovaciones tecnológicas (Dessal lo desarrolla con precisión en el capítulo XIV “Las nuevas máquinas de influencia”) ya no hablan de un futuro lejano, están aquí.

En el final del libro, el Epílogo de J. de la Peña contribuye a cerrar la lectura con una transmisión asimismo fina y perspicaz. Retomaré luego un punto vivo de su aportación.

 

Notas a partir de algunas preciadas cuestiones encontradas en el libro: “El capitalismo emocional nos abre sus puertas”2

Nos encontramos inmersos en la sociedad de la transparencia3 promovida por el discurso imperante, que se propaga sobre la oscuridad de los métodos de vigilancia y de control de la población4. Justamente trabaja contra su propio calificativo: ocultando el lado oscuro de la cosa. Desconociendo, o no…, que lo visible esconde lo invisible. Tal sociedad actual trabaja para tapar el goce oscuro con buenos eslóganes que proclaman la gestión de las emociones, el confort, e incluso la felicidad… de los ciudadanos.

Gustavo D. señala que Internet se ha convertido “en una lanzadera que arroja al espacio globalizado incontables contenidos que pueden ser instrumentados con fines políticos, económicos e ideológicos”5. Por consiguiente, no se hacen esperar los innumerables “problemas éticos surgidos a partir de los desarrollos tecnológicos”6.

Hemos de estar advertidos que, a cada avance en la tecnología, con cada objeto tecnológico, se produce un cambio en la relación entre los consumidores y la propia tecnología: “Sin ti no soy nada”7. Una razón poderosa, la encontramos en el hecho que las tecnologías “y los discursos que las acompañan, tienen un profundo impacto en el plano del fantasma inconsciente”8. El discurso del Otro hace mella en el sujeto y también el sustrato tecnológico puede favorecer “la tendencia del sujeto a reencontrar en la realidad aquellos signos que confirman el argumento de su propio fantasma”9.

El título de uno de los capítulos del libro (“Cuerpos sin almas”)10 me llevó de inmediato al recuerdo de mi lectura de esa gran obra de Maxence Van de Meersh, Cuerpos y Almas y, sin apenas pausa, encontré que Dessal se refería a ella. Un libro que recreaba la vida del Hospital Universitario de L’Egalité en Anjou (Francia) y el submundo de la sociedad de finales de los años treinta, cuya visión sagaz dejaba en primer plano, entre otros, la relación de transferencia que Freud halló entre el paciente y su médico. También esta novela, a mi parecer, antecede la Biología Lacaniana de J.-A. Miller, esto es, los afectos que afectan el cuerpo. Asimismo, Gustavo D. la sitúa como una obra precursora de los fundamentos actuales de la neurociencia. Señala que los argumentos de la ciencia, en concreto de la medicina, divergen de los del discurso psicoanalítico. Para Lacan hay imposibles y límites: la imposibilidad de la relación sexual advierte de la centralidad del campo del goce (donde no hay objetividad que valga) y de la importancia del síntoma como un incurable con el que saber operar.

Volviendo a la lógica que subyace en las nuevas tecnologías, podríamos decir -desde el psicoanálisis- que compartimos la vertiente de lo “artificial” dado que: “para el ser hablante la lengua también es en definitiva un dispositivo –“artificial-“11. No hay nada natural en ella. Más bien, diríamos que hay una opacidad. No obstante, no podemos desconocer que la IA, desde su “Estupidez Artificial” es la “negación del acontecimiento imprevisto” y este supone la experiencia singular que implica el propio goce, ausente en los sistemas computarizados12. Un ejemplo actual en boca de muchos analizantes: las apps de parejas incitan en sus usuarios el sueño de la relación sexual posible (anhelada como exitosa). Queda, no obstante, un margen para la elección y decisión de cada ser hablante. No queda otra que pasar de la pantalla a la presencia de los cuerpos, si realmente hay un mínimo deseo de que haya un encuentro… De sus avatares sintomáticos, el psicoanálisis ofrece espacio para que los sujetos hablen y hallen sus propias soluciones.

Una característica central del discurso dominante actual es el de la cuantificación: La era del hombre de cantidad, como la nombra J.-A. Miller. Ésta choca con el hallazgo de Freud de la libido como “energía constante que no puede medirse”13. El yo cuantificador triunfa y “…viene al lugar del sujeto como falta en ser”14. El discurso de la cuantificación causa cada vez más adeptos, cumpliendo la tecnología una función de suplencia del Nombre del Padre en la crianza y educación de los niños. Véase el desplazamiento de la función de autoridad del padre a Google. Es imposible sustraerse, niños y adultos, al fenómeno de la “parentalidad Google”15.

En este contexto discursivo, Dessal subraya que ciencia y técnica se desarrollan como paradigmas diferentes: “…la ingeniería y la medicina (…) rivalizan por ejercer un dominio hegemónico” sobre el cuerpo humano. Es el cerebro el nuevo objetivo a conquistar16. De lo que unos y otros, técnicos y científicos, no quieren saber -aunque detectan los obstáculos­- es el real del goce que objeta el lenguaje humano como información y comunicación. De ahí lo interesante de oponer al discurso de la cuantificación “una ética, la del inconsciente”17. A partir de la ética propia del psicoanálisis, hay posibilidades de hacer frente a la alienación digital producida por la revolución tecnocientífica. A mi parecer, se trata, pues, de hacer la contra a su “efecto anestésico” (con el que goza el usuario) a partir de la fuerza del deseo del pârletre.

Retomo, ahora sí, las palabras de Juan de la Peña en su Epílogo. Acuerdo con él que, cuando acabamos y cerramos un libro (no pasa con todos), eso que ha sido la escritura del autor, cuya voz tomará el sesgo de la lectura de cada uno, “se instaló en nuestra existencia impidiendo distinguir entre lo propio y lo ajeno”. Lo esencial en toda buena lectura de un libro es que “pasa a incorporarse a nuestras vidas como un elemento más con el que recubrir nuestra incompletud”18.

Podríamos decir que en una verdadera lectura se da “un antes y un después (…) una alienación, separación y nueva incorporación” – como indica De la Peña19. Aprovechando esta interesante manera de expresar qué ocurre cuando se deja un buen libro, creo que en ello encontramos también una diferencia radical entre la máquina y el sujeto. Hasta nueva información, el amor, el deseo y el goce, son tres estatutos patrimonio del ser hablante a partir de los tres registros lacanianos: real, simbólico e imaginario operativos en el sinthome que los abrocha. Desde esta perspectiva, el acto de escribir y leer, y viceversa, es del orden de una experiencia que solo puede pasar por el cuerpo vivo. De este lado, quedaría la invención. Algo diametralmente opuesto a la acción de escribir y de leer desde el cuerpo metálico, inerte, de los sistemas computarizados en constante sustitución a partir de la creciente innovación propia de la industria tecnológica.

Agradezco el acontecimiento imprevisto a partir del cual pasar de un correo informático a un deseo de lectura y de escritura ha sido una buena experiencia.

Gracias a Gustavo por su aguda investigación.

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 19, …o peor, Paidós, Buenos Aires, 2010, p.21.
  2. Dessal, Gustavo. Inconsciente 3.0. “Lo que hacemos con las tecnologías y lo que las tecnologías hacen con nosotros”. Xoroi Edicions, Colección +Otra, p. 106.
  3. Ibid., pp. 201, 222.
  4. Ibid., pp. 211, 212.
  5. Ibid., p. 114.
  6. Ibid., p. 114.
  7. Ibid., p. 223.
  8. Ibid., p. 109.
  9. Ibid., p. 110.
  10. Ibid., p. 119.
  11. Ibid., p. 132.
  12. Ibid., pp. 132, 133.
  13. Ibid., p. 137.
  14. Ibid., p. 143.
  15. Ibid., p. 140.
  16. Ibid., p. 144.
  17. Ibid., p. 146.
  18. Ibid., p. 247.
  19. Ibid., pp. 247, 248.

 

 

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