El día 8 de marzo se presentó en San Sebastián el libro “Adolescencias por venir» de la editorial Gredos.

Esta actividad, organizada por la Biblioteca de Orientación Lacaniana -Sede San Sebastián de la ELP– contó con la colaboración de la Biblioteca Municipal de la ciudad, en cuyo local se realizó la presentación.

La presentación corrió a cargo de Isabel Montes, (directora de la B.O.L. de la Sede de San Sebastián), quien mostró su especial satisfacción por presentar este libro, no solo desde su experiencia clínica con adolescentes, sino también desde su trabajo de años desde el marco de Escuelas de Padres en diferentes centros de la ciudad. La posibilidad de compartir un libro escrito por psicoanalistas, orientados por Freud, Lacan y J.-A. Miller, pero con un lenguaje claro, de divulgación, abierto a ser leído por profesores, padres y otros profesionales que trabajen con adolescentes.

Tras explicar la estructura coral del libro (17 textos de 17 autores), puso en valor las diferentes aportaciones de cada autor, que consiguen abrir interesantes preguntas sin zanjar las respuestas con axiomas absolutos, dejando una puerta abierta a la investigación y al debate.

El título de “adolescencias”, en plural, establece así una apuesta por remarcar que existen diversidad de formas de vivir la adolescencia y una pluralidad por tanto de adolescentes, cada uno con su experiencia y su historia particular, buscando y encontrando las salidas.

Destacó también la importancia de la orientación psicoanalítica que no ofrece recetas estandarizadas, ni protocolos, sino que se orienta por la práctica del uno por uno.

Señaló la diferencia, que se plantea en alguno de los textos, entre orientaciones psicológicas que insisten en “saciar el apetito adolescente de identidad” y el enfoque del psicoanálisis que consiste en acompañar a cada adolescente en la búsqueda de la causa de su deseo, de su singularidad y encontrar ahí su autorización.

El libro plantea también cuestiones relativas a la adolescencia en la actualidad, en el siglo XXI y, por tanto, no es ajeno al marco histórico social contemporáneo, ya que “no hay adolescente sin Otro”, es decir, sin sus padres, profesores, la institución o el analista. Recalcó la importancia de no dejar a los adolescentes solos. Que los adultos que les acompañan, sea desde el marco que sea, estén a la altura de su función.

Tras esta presentación, Isabel Montes pasó la palabra a los tres participantes en la mesa.

En primer lugar, Fernand M. Aduriz, compilador y autor de uno de los textos, nos explicó que se cerraba en San Sebastián el ciclo de presentaciones del libro, tras una variada experiencia de presentaciones en distintas comunidades. Parece que el libro ha tenido muy buena acogida, lo que hace plantear la posibilidad de una 2ª edición.

Comenzó su intervención planteando la adolescencia como un discurso que no tiene edad y señaló la diferencia entre acción y acto, como un modo de separar adolescencia y madurez. Retomaba así el texto de Philippe Lasagna, que plantea que los adolescentes son muy activos, pero, por el contrario, no hacen nada en el sentido de un acto concebido como una acción que tiene consecuencias. Retomó también la idea de este autor que afirma que la elección de los adolescentes es no elegir. Estar entre varias hipótesis sin elegir ninguna y probando un poco todas. Esta circunstancia, enmarcada además sobre ese fondo de lo «liquido » que impera en nuestra época. Antes uno no tenía que elegir ya que sabía dónde viviría, más o menos con quién se iba a casar y qué oficio iba a desempeñar «para siempre”. Hoy se considera que el sujeto puede tener varias vidas, varios oficios, incluso varias familias.

Planteó también la adolescencia como la clínica del amor y se refirió a la adolescencia en el momento contemporáneo, con sus dificultades en el lazo social, y en la que surgen fenómenos como «el botellón» que se pretende prohibir sin ofrecer alternativas a los jóvenes, que carecen de lugares donde encontrarse. Así mismo se refirió a cuestiones identificatorias con ejemplos como el de “las tribus urbanas” y también a las formas actuales de tratamiento: la medicación (droga legal) y el esteroide cognitivo.

Insistió en la importancia de mantener abierta la conversación entre los adultos y los jóvenes.

Posteriormente, Vilma Coccoz, autora de uno de los textos del libro, realizó una interesante reflexión con el título “Palabra de cada uno”, que transcribimos a continuación:

“Uno de los principios fundamentales de la práctica psicoanalítica es acoger las diferencias subjetivas considerando a cada quien, uno por uno, en su singularidad. Y ello con el fin de que cada uno encuentre su manera de decir, su enunciación personal. Lo que llamamos “estilo”, es el color de la palabra, depende de ese lugar desde donde se habla. Difiere del rol, que puede aprenderse y repetirse, y de los enunciados, del conjunto de lo que se dice. Ese lugar desde el que hablamos se traduce por una manera de decir, y por lo tanto, por una manera de escuchar. El lugar desde donde se habla es lo que llamamos “posición subjetiva” y es convocada cuando debemos pronunciarnos ante las cosas importantes en la vida, las cosas en las que nos comprometemos y en las que encontramos una satisfacción.

Desde ese lugar de la palabra pueden surgir auténticos actos de palabra. Un acto es algo muy distinto de un comportamiento. Hanna Arendt, en los años ‘60, anticipaba lo peor si prosperaba la psicología de la conducta porque pensaba que ello traería como consecuencia la supresión de las diferencias personales, aquellas que hacen los actos memorables, ejemplares, dignos de ser recordados.

El psicoanálisis nos enseña que la matriz de ese lugar desde donde hablamos se ha forjado a partir de lo que Lacan llama “nuestras necesidades más humildes” durante nuestra experiencia de la infancia. Formamos parte del mundo y de su murmullo constante, de su incesante blablá. Nada nos garantiza que podamos, que sepamos en todo momento hablar desde ese lugar genuino.

Psicoanalizarse enseña a asumir el riesgo de ese lugar, consintiendo al vértigo que supone la ausencia de garantías, cada cual habla en su nombre y además, nada nos asegura que sepamos hacerlo en cada momento. Aunque, por eso mismo, cuando acontece, nos reporta, en términos de Virginio Baio, la alegría del acto ético.

Ese es el lugar que conviene cuando recibimos un jovencito o jovencita en nuestra consulta, el lugar que le otorga la posibilidad de ocupar el suyo, su lugar auténtico en la palabra, su decir propio, que tiene que ir conformándose en el enfrentamiento a poderosas fuerzas. Por una parte, los discursos de los adultos, por otra, la palabra de sus pares y, por último, lo que acontece en su cuerpo. No nos extrañe que se despiste a veces, en el abanico de posibles donde busca probar y probarse a sí mismo que es real, que lo que está viviendo no es un sueño. Por eso Lacan, contrario a toda visión romántica, vinculaba esta época de la vida al despertar. Porque es un momento de encuentro con un imposible, con un límite de la estructura en lo relativo a la sexualidad. (Si pensamos que todo es posible andamos extraviados). Lacan decía, respecto a las ficciones que prohíben el goce que, si no existieran, habría que inventarlas. Y ello en la medida en que las prohibiciones prefiguran el lugar de lo imposible que salvaguarda el deseo.

Lacan definía al adulto como aquél responsable de su goce, es decir, de las consecuencias de sus actos y palabras. Ironizaba al considerar que, en su mayoría, los adultos se presentan como adulterados.

En el intercambio con los jóvenes, en nuestra necesaria conversación, es importante respetar la disimetría entre adultos y adolescentes. Los jóvenes de hoy tienen un radar muy sensible a la impostura y no actúan como antaño, rebelándose, denunciándola. Se callan, renuncian, lo dan por perdido, se repliegan en un moroso abatimiento.

Nos corresponde a nosotros aclararnos y esforzarnos en ocupar el lugar que conviene para ayudarles en la ardua tarea de afianzar su decir, su manera singular de enfrentarse a la existencia. Cada ser que llega a este mundo debe recorrer ese camino y cada uno representa una experiencia inédita. Así se desprende de lo que dice el poeta Xabier Lete, en una hermosa canción de la que hay diferentes versiones”.

Izarren Hautsa
El polvo de las estrellas se convirtió un día
En germen de vida
Y de él surgimos nosotros en algún momento
Y así vivimos, creando y recreando nuestro ámbito.
Sin descanso. Trabajando pervivimos
Y a esa dura cadena estamos atados.
(…)
El hombre (…)
Busca afanosamente la sabiduría y la luz
Y en esa búsqueda no conoce el descanso
Se orienta por sendas oscuras
Y va inventando nuevas leyes,
Jugándose en ello la vida.
(…)
Del mismo tronco del que nacimos nosotros
Nacerán otras ramas jóvenes que continuarán la lucha.
(…)
Por la fuerza y evidencia de los hechos
Convertirán en fecunda y racional realidad
Lo que en nosotros es sueño y deseo.

Finalizó su intervención afirmando: ¡Qué bueno sería un encuentro de adultos y jóvenes para comentar este precioso poema!

Por último, intervino Juan Jesús Ugarte, psiquiatra y psicoanalista en Bilbao, quien alabó la idea del libro, muy útil para la clínica, y comenzó subrayando el plural del título “adolescencias” o dicho de otro modo, la Adolescencia no existe. No hay adolescente típico, no hay un universal del adolescente sino que estamos ante una multiplicidad de singularidades (como señala S. Tendlarz). El adolescente queda situado en el intersticio en el que es aún el depositario del discurso del Otro y se trata para él de producir un efecto de separación en el que abandona la niñez y elige una posición como sujeto frente al goce.

Entre los diversos trabajos que conforman el libro, todos ellos muy instructivos, destacó dos. En primer lugar el de Hugo Freda, en el que se subraya cómo las nuevas formas del síntoma se imponen como un modo de «hacer». Este «hacer», ya adelantado por Lacan, tiene una serie de funciones y entre ellas, la más importante, la de restituir la figura del padre. En esta configuración «lo social» va a tomar el relevo de la función del padre. La crisis de la adolescencia puede ser definida entonces como una crisis del padre. En segundo lugar, se centró en el texto de Dolores García de la Torre, «¿Conviene al educador estar analizado?» donde examina el modo en que la experiencia analítica permite al educador analizante un abordaje nuevo en lo imposible de la educación. Resalta los aspectos del deseo del educador y la transferencia del alumno a los maestros como fundamentales en la experiencia educativa, aspectos ya señalados por Freud en el texto «Sobre la psicología del colegial» (1914).

Terminó su intervención recomendando vivamente la lectura del libro a todos aquellos que trabajan con adolescentes, tanto del campo psi como de la educación.

Tras las intervenciones tuvimos la oportunidad de asistir al intercambio de pareceres entre los ponentes y el público asistente entre los que se encontraban profesionales de la educación, padres, y psicoanalistas de la ciudad. No faltaron en el debate ejemplos divertidos extraídos de la práctica clínica, como el del joven que afirmaba estar harto de unos padres, que desde que había devenido adolescente, habían decidido hablarle todo el tiempo de sexo. O ejemplos más dramáticos como el de un joven que tras cinco años de terapia cognitivo-conductual y un intento de suicidio, afirma ante el analista que es la primera vez que alguien le escucha a él sólo, sin la presencia de la madre.

Tuvimos el honor por tanto de cerrar en Donostia la serie de presentaciones de este libro valioso para cualquiera que quiera acercarse a pensar las adolescencias y el modo de acompañar a los adolescentes uno por uno.

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