Acción Lacaniana – Foros de la ELP: EL MALESTAR EN LA DEMOCRACIA. EFECTOS POLÍTICOS Y SUBJETIVOS. Luis Seguí, Alberto Fernández Liria, Gabriela Medin, Araceli Fuentes. (Selección)

LA DEMOCRACIA DEVALUADA
Luis Seguí. Miembro de la ELP

"Cuando una sociedad se corrompe lo primero que se gangrena es el lenguaje". Octavio Paz.

En 1930 Sigmund Freud publicó un texto luminoso en el que explicaba porqué los sujetos -todos los sujetos, en tanto hablantes, sexuados y mortales- debían pagar un precio en malestar a cambio de la sujeción de las pulsiones: dado que la condición humana no predispone a los hombres para la contención voluntaria de sus instintos, la emergencia de la ley como límite al goce y a la prepotencia de lo real es el requisito imprescindible para garantizar la convivencia social. Y aún cuando el transcurso del proceso llamado civilizatorio ha creado la ilusión de que la mayoría de las sociedades han hecho suyos unos principios morales que sus miembros asumen y respetan voluntariamente y de buen grado, en la realidad no se trata más que de eso, de una ilusión.

El hecho constitutivo del malestar característico de la relación de los sujetos con la ley es la existencia misma de la ley, que se les impone de una parte como un fenómeno estructural, y de otra como la encarnación simbólica del discurso del amo. La argamasa que mantiene unida a una comunidad es la vinculación afectiva -las identificaciones- entre sus integrantes, y cuando esta falta o se debilita, la función homogeneizadora propia del discurso del amo se expresa mediante la violencia.

De la democracia puede decirse que siempre está en crisis, en la medida en que para perdurar ha de adaptarse constantemente a situaciones cambiantes. El anquilosamiento de las arterias institucionales por las que han de circular los deseos de los miembros de una comunidad deriva en lo que se ha dado en llamar una crisis de representación, caracterizada por el hecho de que la sociedad civil y los movimientos sociales en general perciben que hay un abismo entre sus aspiraciones y quienes toman las decisiones desde las instancias de poder. Ello conduce a una "desimbolización" de las instituciones -incluidos los partidos políticos, estén o no en el Gobierno- y en ocasiones, y esto es lo más peligroso, a una ciudadanía de baja intensidad, como se comprueba con ciertos resultados electorales en los que corruptos públicamente reconocidos son premiados con renovadas mayorías absolutas. Una ciudadanía de baja intensidad es aquella que soporta indiferente -y los indiferentes son el peso muerto de la historia, según Gramsci- la deslegitimación de la política y de lo político, así como la progresiva pérdida de la calidad moral de los líderes y del sistema democrático.

Es obvio que el malestar, como constitutivo del sujeto, está presente en cualquier régimen político y sistema social -por eso el enunciado del Foro se cuida de emplear la preposición "en" y no "de" al aludir a la democracia-, pero se trata del aquí y el ahora de nuestro entorno político y social, de un régimen de libertades constitucional y legalmente garantizadas y que sin embargo padece de un plus de malestar propiciado por una política económica que castiga a la inmensa mayoría y premia a los tiburones financieros, y unas políticas sociales reaccionarias que hacer retroceder un conjunto de derechos duramente conquistados a lo largo de muchos años.

Víctor Klemperer, en su estudio sobre el uso y la manipulación de la lengua para conseguir sus fines totalitarios por parte del Tercer Reich, dejó sentado que "la expresión de una época se define también por su lenguaje". A este respecto podemos constatar hasta qué punto, entre nosotros, el plus de malestar es alimentado e incrementado por el empleo espurio de palabras y conceptos destinados a apuntalar falsos argumentos, a sostener descalificaciones insultantes dirigidas a los adversarios políticos del Gobierno, e incluso a todos aquellos que siendo ajenos a la política se atreven a denunciar las injusticias. Produce vergüenza ajena observar y escuchar lo mal que hablan muchos líderes políticos de todas las tendencias, algo particularmente grave cuando se trata de personas que ocupan altos cargos en el Gobierno o en la cúpula de los diferentes partidos.

Puede que las simples aliteraciones no sean muy significativas, pero la multiplicación de los anacolutos -esas construcciones lingüísticas en las que falta la coherencia- acercan a quienes incurren en ellos a lo que Lacan llamó debilidad mental: "los sujetos que no están sólidamente instalados en un discurso".

Alfonso Reyes inventó el neologismo "jitanjáforas" -admitido por la RAE e incluido en su diccionario- para designar las frases sin sentido, un concepto recientemente enriquecido por expresiones como el "pago en diferido de la indemnización correspondiente a un contrato simulado" al señor Bárcenas, pronunciada por la señora Dolores de Cospedal. Pero no es necesario aludir a burradas tan flagrantes como esta para señalar el uso y abuso de eufemismos para esconder la cruda realidad de los hechos, como llamar "movilidad exterior" a la emigración forzada por el desempleo, "ayuda" en lugar de rescate, "reformas" para no decir recortes, o "crecimiento negativo" para evitar la temida recesión, entre muchas otros. Este modo de pretender ocultar las consecuencias negativas de la acción del Gobierno, que resultaría candoroso si no fuera canallesco, es sin embargo menos grave que el desprecio y la ignorancia de la historia que exhiben cuando llaman "nazis" a quienes se manifiestan pacíficamente ante sus domicilios particulares.

En el caso de los eufemismos o de las simples mentiras ocultas detrás del forzamiento y tergiversación del sentido de las palabras, que parecen inspiradas en la famosa respuesta de Humpty Dumpty a la ingenua Alicia cuando esta le preguntó si se podía hacer que las palabras significasen cosas diferentes, los manipuladores parecen creer que los sujetos a los que se dirigen son memos, y que el efecto multiplicador de las mentiras convertiría a estas en verdades.

En su estudio sobre la psicología de las masas Freud cuenta que personas bien intencionadas le sugerían emplear términos menos directos para referirse a asuntos tan delicados como la sexualidad, para evitar herir la sensibilidad de sus lectores, a lo que aquel se negó diciendo que "nunca se sabe adónde se irá a parar por ese camino; primero uno cede en las palabras y después, poco a poco, en la cosa misma". El primero de los principios rectores del acto analítico nos dice que "el psicoanálisis es una práctica de la palabra". ¿Cómo, entonces, podríamos ser indiferentes a la perversión del lenguaje?

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UNA PREGUNTA A ALBERTO FERNANDEZ LIRIA
Psiquiatra.Coordinador del Area de Salud Mental 3 de Madrid.
Realizada por: Graciela Elosegui. Corresponsal en Barcelona del Boletín on line del Foro ????

En su opinión, en este contexto llamado de crisis, ¿qué nos podría decir de la incidencia de las políticas en la subjetividad?

Para poder entender lo que sucede ahora mismo con la subjetividad, en el momento que estamos viviendo, de crisis, tenemos que poder hablar y entender las políticas previas sobre las que se sustentó esta crisis. Para mí el tema fundamental que se ha producido en los últimos cincuenta años, es que hubo de algún modo, una expropiación de los instrumentos individuales y colectivos que los sujetos tenían para gestionar su postura frente a la adversidad. Y se ha dado una expropiación porque los avisos del malestar que estas situaciones podían despertar en los individuos y en las comunidades han pasado a ser reinterpretados como síntomas de enfermedades. Por lo tanto como algo que requería la intervención de expertos y técnicos que se hicieran cargo de aquello y poder arreglarlo desde fuera. Esto ha pasado con un montón de elementos de la vida de las personas, no sólo con lo concerniente al manejo del malestar emocional. Yo recuerdo en mi casa, a mi padre, desmontando los instrumentos más sofisticados que había en nuestra casa, que eran la aspiradora y el turmix, y apretando las poleas y este tipo de cosas, para arreglarlas, porque eran instrumentos que eran factibles de ser arreglados por las personas que los usaban. Claro, a nadie se le ocurre hoy día abrir el iphone, porque arreglar el iphone es imposible, probablemente haya que comprar otro, y en todo caso hay que ir a Apple para que lo haga, porque además los aparatos se construyen de manera que es imposible entrar en su interior y arreglarlos, hacen esos tornillos que se pueden apretar, pero, no se pueden aflojar. Esto, el hecho de que los seres humanos hemos perdido la posibilidad de arreglar los instrumentos que utilizamos para organizarnos en la vida cotidiana, ha pasado a suceder también con el manejo de las emociones. Esto es lo que ha sucedido en toda la época anterior a la crisis.

Pero esto ha servido para algo, no es una historia que haya pasado por casualidad, esto ha servido para generar un mercado que ha convertido a la industria farmacéutica en el segundo sector de inversión y de beneficios en el mundo, después de la industria de armamentos. El problema surge cuando nos encontramos en una situación en la que, vamos a decir, la disponibilidad de estos instrumentos venidos desde fuera, caros y que hacía falta comprar, no están disponibles porque la capacidad adquisitiva y el nivel de protección de las personas han hecho que dejen de estar disponibles. Y las poblaciones no disponemos de los procedimientos que otras culturas tienen para poder manejar el malestar. Esto se traduce en ese porcentaje altísimo de trastornos afectivos que informan los estudios epidemiológicos o los papeles de la OMS que hablan de una prevalencia de los trastornos que tienen que ver con la serie de depresión que hablan que están entre un 25 o 50% de la población. Lo que no deja de ser una barbaridad y probablemente un disparate. Yo no creo que haya esa cantidad de enfermos con ningún tipo de enfermedad. Lo que hay es una cantidad de gente que ha perdido la capacidad de manejar experiencias y situaciones porque les han sido expropiados los instrumentos para hacerlo. Eso es lo que me parece importante.

¡Muchas gracias!

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MILLONES DE "ÚNICOS": SUNFLOWER SEDES de AI WEIWEI
Gabriela Medin. Miembro ELP.

Para inaugurar esta sección hemos pensado en una obra conmovedora que alude a la tensión entre lo individual y lo masivo, entre lo singular y lo colectivo en la sociedad capitalista actual. Profundiza en la problemática de la historia, la tradición y los nuevos medios de producción y de comunicación. En definitiva, una obra con múltiples resonancias acerca del malestar en la contemporaneidad.

Inaugurada en Octubre de 2010 en la Sala de Turbinas de la Tate Modern como parte de la Serie Unilever, la instalación está formada por cien millones de pipas de girasol aparentemente idénticas, pero únicas, todas diferentes. Fueron hechas en porcelana y pintadas a mano una por una, en pequeños talleres de artesanos de la ciudad de Jingdezhen. Artesanos que antiguamente fabricaban la famosa porcelana de la corte imperial china y actualmente intentan sobreponerse a la ruina económica. En el video que acompaña la obra pueden verse las historias de toda esa gente, sus familias, la minuciosidad con la que ejecutan su oficio. Oficio milenario que ha perdido vigencia frente a los nuevos medios de producción. Esta obra de arte conceptual alude a las relaciones entre lo igual y lo diferente, la fabricación industrial y lo artesanal, poniendo en tensión el “made in China” de todos los supermercados con esa cultura milenaria. Según su comisaria, Juliet Bingham, la obra platea las siguientes preguntas: “ ¿Qué significa ser un individuo en la sociedad actual? ¿Qué consecuencias tienen para el futuro de la sociedad y el medioambiente nuestra creciente necesidad de objetos de consumo?”.

En una crítica de la obra, Fletta Jarque afirmaba respecto de su autor: “Creador incómodo para el gobierno de su país y a la vez su más poderoso embajador en los acontecimientos más significativos del arte contemporáneo. Ruptura y liberación. Con él la actitud se hace poesía y a la vez manifiesto político. Es capaz de articular innumerables discursos y preguntas con cosas tan simples como modestas y pequeñas semillas de girasol.”? ? ?Ai Weiwei es un artista nacido en Beijing en 1957. Su trabajo abarca distintos campos del arte contemporáneo, la arquitectura y la crítica social.

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DELIRIOS DE LA VIDA COTIDIANA, FICCIONES DEL TODO, FALSOS DIOSES
Araceli Fuentes. Psicoanalista. AE de la ELP y AMP.

A la psicopatología de la vida cotidiana de Freud, podemos oponer “el todos deliran” de Lacan, afirmación con la que responde al auge de “la salud mental” y que por supuesto no significa que todos seamos psicóticos. Del todos deliran pasamos al delirio del todo, a la ficción de un “todo” del síntoma que se ha convertido en un nuevo dios de nuestra época.

El título de este trabajo proviene de mi lectura del libro “El sentimiento delirante de la vida”, de Eric Laurent, un excelente libro sobre los delirios de la vida cotidiana, delirios de todos los días que por cotidianos pasan inadvertidos.

Para participar en la conversación preparatoria del próximo Foro de la ELP sobre la democracia, he decidido tomar la perspectiva psicoanalítica del síntoma.

¿Qué nos enseña el síntoma?
La concepción que tiene el psicoanálisis del síntoma va más allá de la psicopatología, es una concepción que en si misma implica una ética contraria a cualquier tipo de totalitarismo.

Si para que la práctica analítica pueda ejercerse es necesaria la libertad de palabra que solo es posible en democracia, dentro de los sistemas democráticos encontramos corrientes, que en nuestro campo, tienden al totalitarismo. Son “ficciones totalitarias” que conciben el síntoma como un universal separado del inconsciente.

Cada una de ellas desmiente lo real que hay en el síntoma, un real del cual el psicoanálisis no se desentiende.

Lo real no son las clasificaciones que pretenden atrapar el síntoma, lo real es el síntoma mismo en tanto no encaja en los esfuerzos de clasificación de un metalenguaje sobre el síntoma. El síntoma no puede ser estandarizado como pretenden estas clasificaciones, el síntoma habla en una lengua privada que hay que aprender a escuchar pues no hay sentido común de los síntomas.

“El síntoma es lo más real que cada uno tiene”, afirma Lacan, esta posición está en las antípodas de lo que nos propone esa ficción llamada “DSM”. El DSM es una ficción, un intento fallido de descripción exhaustiva de los síntomas, un esfuerzo delirante por abarcar el “todo” del síntoma que fracasa en su esfuerzo por estabilizar el objeto que quiere captar. Los síntomas que describe el DSM son síntomas sin causa y sin inconsciente, síntomas separados de la creencia.

Para el psicoanálisis el síntoma es inseparable de la creencia. El sujeto cree en su síntoma, cree que su síntoma dice algo de él aunque no sepa qué, suposición que hace existir el inconsciente. La creencia subjetiva no puede ser erradicada como pretenden estas “ficciones del todo” porque los sujetos no renuncian a creer que su síntoma pueda tener algo que ver con ellos, una persona puede padecer un síntoma “orgánico”, un síntoma que se considera a-subjetivo y sin embargo eso no le impide preguntarse ¿por qué le ha sucedido a él? Es más, para algunos el recurso a medicinas alternativas frente a la emergencia de un síntoma “orgánico” puede ser tomado como una resistencia a perder su lugar como sujetos de la palabra.

Para el psicoanálisis el síntoma es lo más singular que cada uno tiene, lo que nos hace diferentes a todos los demás. No es que el psicoanálisis no cure o alivie de los síntomas que nos hacen sufrir, al contrario como terapia el psicoanálisis demuestra ser muy eficaz, pero su manera de abordar el síntoma no es sólo terapéutica, va más allá. El lugar que tiene el síntoma para el psicoanálisis no es el de un disfuncionamiento que hay que curar a toda costa. Para nosotros el síntoma “habla” y lo que dice es una verdad que concierne al sujeto, una verdad a descifrar, además en el síntoma hay un goce pulsional que es tratable pero no puede ser eliminado en su totalidad, siempre queda un resto pulsional. La presencia pulsional del síntoma es ineliminable, no sólo en nuestro campo, también en el de la medicina, un síntoma puede ser tratado con medicamentos y eso no impide que quien toma los medicamentos haga de ellos un uso pulsional.

En USA hicieron un experimento con sujetos psicóticos con alucinaciones auditivas aplicándoles una nueva medicación que hacía desparecer las “voces alucinadas”. La sorpresa de los experimentadores fue que, al poco tiempo, estos sujetos volvían a reclamar que se les devolvieran sus voces. Lo irreductible del síntoma tiene que ver con el goce pulsional en juego. Esta irreductibilidad es una objeción a la ficción delirante de un todo, al intento de estandarización del síntoma.

El abordaje psicoanalítico del síntoma implica al sujeto y su responsabilidad, “no hay clínica sin ética”, sin el consentimiento del sujeto no hay curación posible. Además, el síntoma al desplegarse hace escuchar lo que no entra en la lengua común. Es decir que el síntoma muestra que hay una lengua privada del síntoma de cada uno que es preciso localizar. Esto sucede en grado extremo con la “significación personal” del síntoma psicótico para quién su síntoma toma una dimensión de soledad absoluta.

El síntoma nos enseña que más allá del lenguaje entendido como herramienta de comunicación, está lalengua como vehículo de goce y que lalengua nos afecta a cada uno de una manera singular e incalculable.

La ficción de que hay “una normalidad” es una “ficción del todo” que consiste en hacernos creer que los síntomas sólo son disfuncionamientos que deben ser eliminados en aras de la supuesta “normalidad”, esta ficción totalitaria ha sido alimentada por la burocracia sanitaria que hace de “la salud mental” un ídolo de nuestra época.

Entre los falsos dioses que pueblan nuestro mundo, cabe destacar el lugar que ocupan las neurociencias, al presentar el funcionamiento psíquico como el doble de la actividad neuronal, las neurociencias se han convertido en la fuente de la ciencia ficción del S. XXI. Las neurociencias son el retoño monstruoso de lo que ha sido aceptado del psicoanálisis: una concepción del inconsciente como funcionamiento, con disfunciones pero sin síntomas, y una concepción del funcionamiento del cerebro.

El síntoma tiene un alcance político, Freud lo comprobó en la guerra del 14-18 cuando surgieron la neurosis de guerra, sujetos que no podían ir a la guerra porque sentían horror al “cuerpo a cuerpo” asesino. Hoy, la extensión del síntoma de la depresión es una objeción al discurso del amo, un obstáculo al imperativo “a trabajar” del amo, y al mismo tiempo un intento de la insaciable industria farmacéutica por medicar a cuantos más mejor. El síntoma plantea una objeción a los intentos totalitarios de eliminarlo. A finales del S.XIX gracias al síntoma histérico y al rechazo de los sujetos histéricos a que su cuerpo marche al paso del significante amo, Freud encontró la oportunidad para inventar el psicoanálisis.

El síntoma tiene un alcance político, no sólo porque hay síntomas que funcionan como objeciones a los discursos, sino fundamentalmente porque nuestra concepción del síntoma determina nuestra política, nuestra política es la política del síntoma, una política que preserva la singularidad subjetiva.

En la última enseñanza de Lacan, ni el mundo ni el todo tienen consistencia, leer el inconsciente a partir del “todos deliran” con el que Lacan saludó el auge de la “salud mental”, nos reenvía, según E. Laurent, a un interrogante sobre lo universal y sobre los mitos sobre “el todo” que podrían anudar a los sujetos, mitos que se ponen en evidencia más fácilmente en momentos de crisis, como el actual.

El psicoanálisis no es una sociología. La sociología parte de la idea de que hay lazo social y de que a partir de este lazo se puede dar una imagen de la sociedad, mientras que para nosotros no existe tal ídolo de la sociedad, para el psicoanálisis lo que hay son formas de hablar que hacen lazo, discursos que no pueden universalizarse. La pragmática de los discursos impide sostener una universalidad del discurso, La única manera de saber lo que es un discurso es practicarlo, entrar en esta comunidad definida por el discurso mismo.

Para el psicoanálisis el síntoma es lo que viene a suplir la falta de lazo social, el síntoma es nuestro real, un real que se opone a los delirios de la vida cotidiana, a las ficciones del todo, a los falsos dioses. Una manera de contribuir a la democracia.

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* El Foro tendrá lugar en Madrid el 28 de septiembre de 2013 en el Círculo de Bellas Artes