Consecuencias de la vaporización del padre*
Las relaciones de parentesco hoy
El tema que voy a presentar es un tema que cualquiera de nosotros ha visto y tenido cerca, tanto los que trabajan en la práctica clínica con niños, como en educación, así como también en nuestra vida cotidiana, dentro o fuera de la familia. Es por tanto, podríamos decir, una cuestión de época.
Qué pasa con la familia, con las relaciones de parentesco en esta época en la que tanto los niños como los adolescentes están situados por el discurso actual en el lugar de quienes buscan una satisfacción permanente en los objetos, satisfacción que no se obtiene ya por la orientación de los ideales.
La familia no es algo natural y por lo tanto solo se sostiene por la eficacia de lo simbólico. Pero ya desde Freud, hay un desarreglo entre lo simbólico y la figura principal de la familia, el padre, está en declive desde entonces. Hoy claramente estamos viviendo la caída del patriarcado.
Pero el vínculo parental no es un producto puro discursivo, desconectado de un cuerpo sexuado. Una opacidad resiste, irreductible: el deseo no anónimo o el interés particular que el padre tiene por el niño, del que Lacan habla en su Nota sobre el niño, donde dice: “lo irreductible de una transmisión que es de un orden diferente de la de la vida según las satisfacciones de las necesidades”1.
Entonces, ¿qué es lo que funda realmente una relación de parentesco? Lacan revela el algoritmo que rige en la familia y lo formaliza de esta manera: “El deseo del hombre es el deseo del Otro”. Por lo tanto, el declive del patriarcado ha ido a la par de la preponderancia del deseo.
“El parentesco en cuestión pone en valor que es de lalangue de lo que se trata”2. Una breve frase de consecuencias, que contiene una nueva concepción de la paternidad, lo más cerca posible de la definición del inconsciente como parlêtre que nos invita a repensar la clínica.
Lalangue es un concepto con el que Lacan establece la base de un parentesco más allá o más acá de la novela familiar. No se trata ni de lenguaje ni de discurso en el parentesco sino de lalangue, que no tiene nada que ver con el diccionario, no es un hecho del lenguaje, sino que tiene que ver con el cuerpo.
El niño terrible
En muchos casos la familia se estructura, no a partir de la metáfora paterna y del valor fálico del niño, sino a partir del niño como objeto a, el niño como objeto de goce, no solo de la madre, sino de la familia.
El niño de hoy es un niño solo, que muchas veces se manifiesta con la queja del aburrimiento. La madre también está sola y con la ciencia ahora se puede tener un hijo prêt-a-porter, una industria de la procreación que lleva al “niño defecto cero”, que no corresponde en absoluto con la realidad.
El niño terrible asusta a su entorno, con su agresividad, con su ira incontenible. Es un niño sin ley, fuera-de-sentido. Los padres intentan dar sentido a su ira, pero no lo hay, no es descifrable. La nada no responde a un deseo sino a un vacío. Este niño no responde a la definición lacaniana de representar la verdad de la pareja en la familia; está sordo al Otro porque no está conectado a su lengua. Puede convertirse en el objeto a, el objeto malo, el objeto éxtimo que se rechaza. El niño terrible es un síntoma que revela un real sin ley y causa el rechazo.
Padres exasperados
La exasperación es la expresión de un desbordamiento, pero también puede tener el valor de una llamada. Los padres acuden desesperados a la consulta, con la idea de que no hay solución, pero la escucha puede abrir un espacio en el que el niño no solo es insoportable, hablando de él. La exasperación tiene una ventaja frente a la complacencia; cuando se acepta conduce al cuestionamiento. Si se soporta lo que no se puede decir, puede surgir una respuesta.
La crisis se ha vuelto, no la salida fatal de la familia moderna, sino el principio organizado de la familia, como dice Daniel Roy: “Las crisis, las rabietas, el niño que no escucha, que los padres no pueden manejar y, al mismo tiempo, que se agotan al hacerlo, todo esto se puede considerar como el principio organizador de la familia. Más aún, estos y otros significantes se han convertido realmente en lo que fundamenta una relación directa y sin mediación del hijo con los padres”3, Incluso el acontecimiento del psicoanálisis se debe a las crisis de la familia: comenzó a partir del declive de la imago paterna.
El borramiento del niño y el adulto
Ahora ya no se trata de la familia conyugal o la crisis de pareja, si no de la nueva pareja que forman el niño terrible y su o sus padres exasperados. Se pasa del ‘niño síntoma’ al “niño objeto a”.
Ya no es la familia quien hace al hijo, es el hijo quien hace a la familia.
El retroceso de la función paterna con su contenido simbólico, parece haber reordenado la educación sobre el eje imaginario: es el más fuerte quien impondrá su voluntad.
Con la ley trans y todo este movimiento de la autodeterminación del niño en cuanto a la elección de sexo, se intensifica el borramiento entre el niño y el adulto que venimos constatando en los últimos años.
Por otra parte, lejos de haber desaparecido, el Otro se desata y ejerce su poder superyoico más que nunca. Es el Otro de las redes sociales.
El padre se pregunta ¿qué le autorizaría a intervenir sobre el goce del otro? ¿En nombre de qué impondríamos nuestras ideas y deseos al niño? ¿La educación contemporánea no velaría más bien por que el niño llegue a ser él mismo, libre de las determinaciones y la dominación del Otro?
En la promoción contemporánea del ego, se fomenta la "autoafirmación".
Hoy se espera que los niños sean ellos mismos desde el principio y que se hagan cargo de sus propias determinaciones sin apoyarse en el Otro.
La respuesta: el niño terrible
Pero las razones de los padres, por muy sensatas que sean, no bastan para tener una autoridad en el niño. Para que la palabra de los padres tenga un sentido, hace falta algo que escape al sentido y que esté mucho más cerca del capricho, del capricho como objeto causa. Un objeto le da a la palabra su lastre.
Hace falta la implantación del superyó. Para Lacan, "el superyó es lo que plantea la cuestión de saber cuál es el orden de entrada, de introducción, de instancia presente, del significante que es indispensable para que funcione un organismo humano".
Por muy libre o positiva que sea la educación que se le dé, el niño no podrá escapar al sádico dominador que es el superyó. Es mejor proporcionarle algunas marcas de un deseo no anónimo para que, desde la ley del lenguaje, acceda a una versión más humanizada.
* Intervención en “Hacia PIPOL 12” en la Sede de Bilbao de la Comunidad del País Vasco de la ELP el 26 de junio de 2025.
Notas:
- Lacan, Jacques. “Nota sobre el niño”, Otros Escritos. Paidós, Buenos Aires, 2001, p. 393 ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 24, L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre. Lección del 19 abril 1977. Colofón, n. 25. Alsur, Granada, 2005, p. 35. ↑
- Roy, Daniel. “Padres exasperados, niños terribles”. Nueva Red Cereda, 2023. ↑

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