No haré una crónica del Foro, que seguramente otros compañeros sabrán hacer mucho mejor. Sólo en líneas muy generales: que lo considero magnífico, por no usar la palabra “éxito”, significante amo del neoliberalismo. Congregar a 250 personas de distintas edades y procedencias, tanto geográficas como de experiencia laboral y profesional, en torno a una convocatoria de la Escuela de un psicoanálisis que pretende no ser ajeno a los malestares de la época creados por una democracia raptada, me parece un verdadero acontecimiento.

La participación tan activa, tanto de ponentes como de participantes desde la sala, hizo que los debates de cada mesa debieran ser interrumpidos por la premura del tiempo. Algunos continuaban en los pasillos o se retomaban luego en la mesa siguiente. Pero el del último, panel, del que participé, y cuya tarea consistía en recoger algunos puntos relevantes de la jornada y comentarlos brevemente, no permitió -precisamente por ser el último- formular todas las preguntas ni responderlas. Por ello, es que transcribiré mi intervención y responderé a los comentarios que se hicieron sobre ella.

A-. Una secuencia de la conversación
1) “ El capitalismo no es el único problema, ni siquiera el más grave. Si así fuera, no harían falta psicoanalistas, bastaría con que haya anticaptalistas y comunistas”. (Intervención de Carlos Fernández liria).

2) Una intervención de la sala: Democracia ¿para qué?

3) Respuesta de Fernández Liria: “Para parar esto, esta mierda, y poder así dedicarnos a los problemas graves”.

4) Pregunta desde la sala de Joaquín Caretti: “¿Cómo ‘parar’ el capitalismo sin modificar la subjetividad?

5) Pregunta con el que Oscar Ventura coordinador de la mesa “Democracia: estado de excepción y Singularidad” que cierra el debate: “¿Cuáles son las formas concretas de construir una contraexperiencia o un contra-relato (al neoliberalismo)?”

B-. Mi lectura de la secuencia
La afirmación de Carlos Fernández la leo como: “El capitalismo de nuestro tiempo, las democracias europeas actuales, son un obstáculo al psicoanálisis”. ¡Vaya noticia! podrían decirme los psicoanalistas que trabajan en instituciones públicas, bajo la constante presión de la evaluación. También los que atienden pacientes de aseguradoras de salud deben firmar un contrato por el que se comprometen a no hacer hipnosis, ni psicoanálisis, ni terapias psicoanalíticas.

Sin embrago no a ese este tipo de obstáculo al que se refiere la afirmación de Carlos Fernández Liria. El obstáculo que pone el capitalismo de nuestro tiempo al psicoanálisis se extiende más allá de la esfera institucional e incluso de la práctica privada.

Antoni Vicent hablaba esa mañana del poder de la palabra. Entiendo ese poder como el de decir. La “democracia” actual europea, la democracia emplazada, como la llama Vattimo, le ha quitado ese poder a la palabra. El supuesto ciudadano de hoy que acude a nuestras consultas afectado por algún malestar, lo hace para hablar, pero para no decir nada. Como ha dicho Manuel Montalbán, no hay hecho traumático sin intervención subjetiva. O, como lo decía Gustavo Dessal, no se trata de víctimas y victimarios. Estoy de acuerdo. Pero lo que no podemos negar es que hay explotadores y explotados. Y cuando la explotación económica, sumada al ninguneo laboral, a la cosificación moral, a la incertidumbre del mañana que será decidida por los mercados, llega al extremos como el que hemos llegado…, la agenda neoliberal interpone una pantalla resistente entre los enunciados y la enunciación del sujeto, que le quita a la palabra su poder de decir, de modo que cada vez se hace más difícil que un paciente se transforme en analizante. Esa es la lectura, que -acorde con mi experiencia clínica- hago de la certera afirmación de Carlos Fernández Liria.

Siguiendo este orden de razones, a la pregunta de Joaquín Caretti “¿Cómo podemos parar al capitalismo sin una modificación de la subjetividad?, es preciso hacer valer también la inversa: ¿Cómo producir una modificación de la subjetividad, sin parar los efectos del capitalismo? Sin pretender que sea ésta LA respuesta, me parece claro que a la primera es: sosteniendo con su acto el discurso analítico; y a la segunda: haciéndose cargo de sus actos políticos como analista ciudadano. A esto apunta la pregunta de Oscar Ventura, que es preciso seguir sosteniendo para que puedan tener sentido foros como éste.

Termino preguntando. Hay un antes y un después de la conjetura de Jorge Alemán sobre la “izquierda Lacaniana”. ¿No habrá llegado el momento de plantearse un “lacanismo de izquierda”?

C-. Las respuestas a mi lectura
Antes de hablar de ellas debo decir que a lo largo de las más 8 horas que llevábamos de debate apenas si había sido nombrada sólo dos veces -y no por analistas- la expresión “Izquierda Lacaniana”. Esto me llamaba poderosamente la atención. Tenemos la fortuna de que dicha expresión, elaborada en 5 libros y difundida en infinidad de artículos, entrevistas televisivas y de radio, de España, Europa y Sudamérica, sostenida y explicada en conferencias dictadas en foros psicoanalíticos, de intelectuales, universitarios, hospitalarios… se la debamos a un colega de nuestra ELP y precisamente en nuestro Foro, tratando un tema en el que dicha conjetura está más que concernida, apenas si se la nombrase.

Alguien de la sala mostró su acuerdo con mis comentarios y acentuó el papel que los medios de comunicación cumplen en la creación de esa pantalla de la que hablaba.

Jorge Alemán me preguntó qué diferencia establecía yo entre una izquierda Lacaniana y un lacanismo de izquierda.

– Un abogado advirtió del peligro político que implicaba la expresión Izquierda Lacaniana, izquierda a la que consideró, además de inexistente, antigua (la confundió con el freudo- marxismo) y que sugiere la existencia de un lacanismo de derecha, cuando no se trata de ninguna de las dos cosas en una Escuela. También pidió que se le explicara qué es eso de la “emancipación”.
– Manuel Fernández Blanco hizo un amable resumen de mi ponencia, es decir, la dijo con otras palabras, en total coincidencia con lo que yo había dicho, exceptuando el final donde concluyó que lo del psicoanalista no es otra cosa que una política del síntoma mediante la interpretación. En cuanto a la izquierda y el socialismo, ya sabemos de ellos por la historia. Se refería a la URSS, a China y a la socialdemocracia española.

No tuve oportunidad de formular mis respuestas porque el tiempo apremiaba y aún quedaban tres ponentes por hacer sus comentarios. Aquí van algunas:

– La que más me hubiera gustado plantear, pero lo hizo luego Jorge Alemán, de la forma breve, clara y concisa en que suele exponer sus ideas. No explicó lo que ya está escrito en sus libros pero sí dejó claro que hay derecha lacaniana y que su conjetura no es una propuesta para ser asumida por la Escuela sino para ser trabajada por quienes se crean concernidos por ella.

– En cuanto a la pregunta sobre la emancipación lo remito a la lectura del texto de Joaquín Caretti ¿El oxímoron “grupo analítico” puede iluminar la política?, publicado el ELP-Agalma, de textos preparatorios la XII Conversación de la Escuela que se realizaba al día siguiente: “Por qué creer que puede haber una emancipación política si no se acompaña de una emancipación subjetiva? La palabra emancipación es pertinente ya que significa salir de la tutela del padre, liberarse de la patria potestad, el cese de la sujeción a alguna autoridad o potestad”

– Creo que todos los analistas presentes sabíamos que lo que debe hacer el analista es interpretar y que su política es la del síntoma. Pero ¿y qué más? Porque para repetir lo que ya sabemos no hacía falta un foro y movilizar a 250 personas. En cuanto a lo de que “ya sabemos qué ha hecho la izquierda en el poder”, Enric Berenguer dejó claro que más allá de China y la y la URSS ha habido experiencias democráticas de cuyos resultados no podemos saber porque fueron derrocadas por golpes militares o guerras civiles. Fueron asesinadas, diría yo.

Comentario Final
Se puede no estar de acuerdo con la conjetura “Izquierda Lacaniana”. Es más, mejor que haya quienes no lo estén. Pero sería interesante, para un debate fructífero, que antes de entrar en él se conociera el tema de que se trata. Para ello recomiendo 5 libros de Jorge Alemán:

– “Para una izquierda Lacaniana”, “Lacan, la política en cuestión”, “Soledad: Común”, “ Conjeturas sobre una izquierda Lacaniana” y “Jacques Lacan y el debate postmoderno”.

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