Reseña I Jornada Compostelana de Psicoanálisis Lacaniano
El 20 de junio tuvo lugar en la Facultad de Filosofía de Santiago de Compostela la I Jornada compostelana de psicoanálisis lacaniano, con el título “Malestares do século XXI”, organizada por Rosa Vázquez (miembro de la ELP) y Francisco Conde (socio de la sede de A Coruña de la ELP) con la colaboración de la Rue (Red Universitaria Europea de Psicoanálisis) y la Comunidad de Galicia de la ELP.
Se trataba de una jornada de formación en extensión, abierta a todo el público interesado y con intención de difundir el psicoanálisis de orientación lacaniana en la ciudad. Tras la acogida por parte del decano de la facultad, se presentó la jornada como un punto y seguido que vendría a coronar el trabajo colectivo de un grupo de lectura del seminario de Lacan que viene haciéndose en Santiago, desde hace 6-7 años y un curso de posgrado de introducción al psicoanálisis en la Universidad de Santiago de Compostela.
En la primera mesa tuvieron lugar tres intervenciones sobre los temas infancia, adolescencia y maternidad. Alejandra Boullón, psicóloga clínica en una fundación privada que trabaja con adolescentes, bajo el título “Crisis y disidencias: cuando algo no encaja en la adolescencia” se centró en la caracterización que hace el psicoanálisis de orientación lacaniana de la adolescencia, como un momento de desbordamiento pulsional en que el sujeto tendrá que hacer una invención peculiar para lidiar con la ausencia de relación sexual. Se trata de una época donde se ponen a prueba las identificaciones y el ideal del yo infantil al verse el sujeto confrontado al deseo del Otro. Los adolescentes manifiestan los malestares relacionados con las transformaciones del cuerpo en la pubertad, un cuerpo pensado como cuerpo de goce y que, dada la pobreza con la que el sujeto contemporáneo se inscribe en lo simbólico, da lugar a que en ocasiones el sujeto intente domar su real mediante marcas y tatuajes o identificaciones imaginarias (incluyéndose en una generación, por ejemplo). Concluyó recordando la necesidad de preservar la adolescencia como una etapa de transición donde el sujeto debe hacerse con su cuerpo por fuera de los discursos del amo, de los tóxicos y de las identificaciones imaginarias de las redes sociales.
Cristal S. Pozón, psicóloga de la red gallega de atención temprana, comenzó su trabajo, “Cuando la infancia no juega: el ruido del entretenimiento y el silencio del deseo”, con una caracterización de la época como aquella en la que impera un capitalismo libidinal que se extiende desde la etapa adulta a la infancia y elimina el espacio del juego para introducir en su lugar las pantallas. Defendió el juego como herramienta fundamental para que el sujeto pueda incorporarse al registro de lo simbólico y no se vea enfrentado de manera abierta al real de su cuerpo. Pasó a continuación a desgranar diversas manifestaciones de infancia contemporánea, objeto de atención cuando no preocupación, pero al mismo tiempo de una cierta dejadez, puesto que impera una mala interpretación de la autonomía, que lleva en ocasiones a permitirle al niño tomar decisiones que deberían adoptar los padres: por ejemplo, si ir o no a la consulta del pediatra. También hizo referencias al sobrediagnóstico de la infancia, motivado no por el bienestar y el sufrimiento del niño, sino por el grado de disfuncionalidad que introduce en lo social su conducta. Así mismo reivindicó el papel de la falta, del aburrimiento, del fracaso como únicos elementos que pueden fomentar el deseo, frente a unas paternidades que se dejan llevar por un ideal de plenitud que los lleva a la sobreprotección, para concluir insistiendo en la necesidad del juego como vía privilegiada de acceso al inconsciente infantil para el psicoanalista, pero también como una herramienta de apropiación de lo simbólico para el propio sujeto.
Finalmente, la primera mesa se cerró con la intervención de Lorena Fernández, psicoanalista en Ourense y socia de la sede de A Coruña de la ELP, quien reflexionó sobre cómo en las demandas de análisis de las madres contemporáneas se hace patente una queja acerca de lo sacrificial de la maternidad. En una intervención rica en referencias a Lacan y Miller, Lorena suscitó el interés de buena parte del público presente al destacar la presencia en muchas de las madres en análisis de un ideal de completud, muy superyoico, que borra el deseo en nombre de un deber de cuidados del lado de la pulsión de muerte. Si en un primer momento el niño es esperado por muchas mujeres como objeto que las completará, el nivel excesivo de autoexigencia puede en ocasiones dejar paso a una cierta agresividad contra el niño o niña, en cuanto son responsabilizados de la propia insatisfacción y, en el fondo, de la propia renuncia al deseo. Frente a esto, su texto terminaba insistiendo en la necesidad de que el psicoanálisis actúe como un espacio donde además de la maternidad pueda aparecer la feminidad y, en definitiva, un deseo más allá del hijo.
Después tuvo lugar la intervención de María Victoria Fernández, orientadora de la Consellería de Educación orientada por el psicoanálisis lacaniano, y encargada de la supervisión de los expedientes abiertos en los centros de educación secundaria de la provincia de A Coruña. En su trabajo, trazó una viñeta clínica de la buena forma de orientar la entrevista con el alumno o alumna objeto de evaluación. Ante un diagnóstico de un caso de TDAH, su “acto a tiempo” en forma de pregunta al sujeto “¿y tú qué piensas que es eso?” pudo abrir un espacio de trabajo donde la etiqueta no se convirtiese en opresiva y aflorase la singularidad. Señaló críticamente el recurso al diagnóstico y al protocolo promovido no en nombre del bienestar del sujeto, sino por la angustia de familias, profesores y orientadores.
La jornada matinal se cerró con la intervención de Manuel Fernández Blanco (AME de la Escuela), quien bajo el título “El psicoanálisis en la época de la despatologización”, centró su intervención en el desciframiento de la aparente contradicción de unos sujetos contemporáneos que al mismo tiempo que se autonominan con alguna etiqueta diagnóstica rechazan cualquier encuadramiento de sus síntomas como patológicos. El borrado de la categoría de psicosis infantil ha llevado a un sobre diagnóstico erróneo del TEA, en un gesto de consecuencias tremendamente peligrosas a nivel clínico. Frente a la psiquiatría contemporánea de las categorías estadísticas generales e iguales para todos, realizó un alegato a favor de la psiquiatría clásica, “del matiz”. Su intervención finalizó con una defensa del psicoanálisis de orientación lacaniana fundado en el fracaso de la psicoterapia para afrontar la singularidad de los sujetos y en la renuncia a la clínica que eso conlleva.
Por la tarde tuvieron lugar las intervenciones de Francisco Conde (socio de la sede de A Coruña de la ELP) y Rosa Vázquez (miembro de la ELP). En la primera, Francisco Conde distinguió entre las psicoterapias que llamó “del síntoma” y el psicoanálisis lacaniano como aquel que no se reduce al síntoma y busca aislar la lógica del fantasma y operar sobre el goce que lo sostiene. En su opinión, la lectura de los malestares contemporáneos por parte del psicoanálisis permitiría salirse de la prisión científica de los diagnósticos para darle voz a la singularidad del goce de cada sujeto, recordando la cita de Lacan a Heidegger para distinguir entre el rigor científico, impotente para la clínica, y la exactitud del psicoanálisis. La última ponencia de la jornada fue impartida por Rosa Vázquez (miembro de la ELP), quien abordó el malestar contemporáneo a partir del exceso y del superyó, que lleva a que los síntomas contemporáneos ya no sean tanto síntomas que ponen en juego al Otro, sino más bien al goce del cuerpo fuera de sentido. Para ilustrar la buena forma de hacer con esto Rosa recordó la dirección de la cura de Lacan en el análisis de Agnès Aflalo, donde a base del aumento del precio de las sesiones Lacan provocó un punto de basta y no retorno. También introdujo un comentario sobre la escultura de Miguel Ángel, quien en su última época abandonaría el cincelado obsesivo para dejar paso a un gesto inacabado, de superficie, pero a pesar de ello más satisfactorio. Rosa cerró su intervención insistiendo en la buena posición del psicoanálisis para ofrecer una salida a ese sufrimiento a partir de la recuperación del deseo y la lógica del no-todo que acompaña al goce femenino.
Tras la pausa de la tarde, tuvo lugar una conversación de dos horas de duración donde la pertinencia de las preguntas fue notable. Uno de los temas más destacados fue la ausencia del psicoanálisis en las Facultades de Psicología, sacado a la palestra por estudiantes de la propia facultad. Las voces más experimentadas entre los ponentes sostenían que quizás la buena estrategia era no insistir y defender el psicoanálisis desde la posición de exclusión -e incluso un poco de deshecho- que siempre lo ha caracterizado. Por otra parte, frente al desinterés de la psicología académica, se habló del interés que suscita Lacan en los campos de los Estudios culturales y Humanísticos, matizando que el psicoanálisis no es una teoría, sino una enseñanza sobre y al hilo de una práctica clínica.
Entre los asistentes, analizantes, estudiantes de la Facultad de Filosofía y Psicología, profesionales del ámbito de la salud mental, y la presencia de la directora y la secretaria de la comunidad de Galicia, Marta Maside e Iria Rodríguez. Sorprendió gratamente el nivel de participación y la pertinencia de las preguntas, así como la asistencia de mucha gente joven. Para algunos se trataba probablemente de su primer encuentro con el psicoanálisis. El entusiasmo de la jornada, de difícil medida rigurosa, puede quizás ser definido de manera exacta con el testimonio de un alumno del máster en psicología sanitaria, quien manifestaba durante una pregunta “me habéis quitado las ganas de ser psicólogo. Voy a tener que tirar por la borda todo lo aprendido en la facultad”. Esperemos que eso deje paso al deseo de análisis y quizás luego al de analista.
En la despedida, felicitaciones y entusiasmo para sostener el psicoanálisis dentro y fuera de la Escuela como lo que ha sido siempre: un espacio de libertad y resistencia para el sujeto que se enfrenta con el malestar en la civilización, es decir, con el malestar por el hecho de ser un ser de palabra.

Socio de la sede de A Coruña, de la Comunidad de Galicia de la ELP.
