Reseña de la actividad preparatoria Hacia el XV Congreso de la AMP No hay relación sexual

El 12 de marzo de 2026 tuvo lugar una actividad preparatoria “Hacia el XV Congreso de la AMP” en torno al tema No hay relación sexual.

El encuentro se llevó a cabo en una modalidad mixta. Los interesados fueron convocados presencialmente en las distintas sedes de la Comunidad de Andalucía de la ELP, mientras que la conexión entre las mismas se realizó por vía telemática.

Desde las sedes de Granada, Málaga y Sevilla presentaron sus trabajos Eduardo Velázquez, Rocío Cid y Carmen Campos, respectivamente, quienes, a su vez, coordinaron las intervenciones y la conversación posterior.

La intervención de Eduardo Velázquez llevó por título Prodigios del no hay. Tomando la ley sexual (a cada cual su falo) como suplencia al no hay de la relación sexual, desarrolló los prodigios que surgen de los deshechos de goce del cuerpo, al amparo del no todo fálico. Prodigio es lo que aparece de forma inesperada y no traumática, permitiendo cierta apertura a la novedad.

La serie de los prodigios la inaugura, cómo no, la histeria cuya función preciosa es decir al amo la verdad respecto a la relación sexual: “No soy ni tu buey ni tu asno”. Síntomas prodigiosos, en los que hay un saber igualmente prodigioso, se rebelan contra la nueva ley sexual tomada por el discurso capitalista.

El segundo prodigio es conjurado por el álgebra, la teoría de los conjuntos. Surge del intento de localización de lo que se oscurece en la comprensión debido a un significante que tocó el cuerpo. ¿Cómo hablar del Uno? No hay otra existencia del Uno que la existencia matemática. Prodigioso es explorar de la mano de las matemáticas la brecha entre el cuerpo y el goce por un lado y el semblante y el discurso por otro.

El amor es el tercer prodigio. Un amor que apunta a lo más esquivo en el lenguaje, al ser que se fundamenta en el cuerpo. El lenguaje ordena la intrusión del goce en la repetición corporal. Pero habla ese goce del Otro, considerado como cuerpo, que es siempre inadecuado, loco, enigmático.

La mística es el siguiente. Hablar de un goce del que nada se sabe, excepto que se siente. Prodigioso es que se pueda hablar con aquello donde el significante no está dado en llegar.

La poesía cierra la serie de los prodigios. Palabras que dan cuenta del goce que insiste y que prueban que es en los límites del no hay y del no todo donde aparecen los prodigios que permiten una salida honrosa al síntoma y hacen transitables los espacios inefables de cada cual.

Desde la sede de Málaga, Rocío Cid compartió su contribución a la publicación Scilicet, un volumen preparatorio para el próximo Congreso. Su trabajo tiene por título Hacer con la no relación sexual y recoge los resultados de un diálogo entre el aforismo no hay relación sexual y la frase “Hay un sinthome él y un sinthome ella… La relación sexual es una relación intersinthomática[1].

Para articular ambas proposiciones, tomó la formulación no hay Otro del otro, S (Ⱥ), lo que supone afirmar que hay un agujero en el universo de las reglas y las clases. El discurso se funda en ese agujero.

Con el no hay relación sexual, Lacan produce una fractura entre el campo pulsional y el campo del Otro. La pulsión, por lo demás, no tiene representación en el inconsciente. La sexualidad, tampoco. Sin el amparo de una programación natural, el encuentro sexual de un ser hablante está siempre supeditado a la contingencia. El encuentro con lo sexual es siempre traumático. El inconsciente es su consecuencia. En la interpretación que el inconsciente hace del encuentro con la no relación sexual la cifra, siendo el síntoma la primera muestra de este cifrado. El síntoma adviene entonces como una mediación, lo que permite identificar al partenaire con el síntoma.

Al no haber un saber en lo real sobre el sexo, cada sujeto deberá inventar su modo de relación con esto. El invento a partir del que cada uno se orienta es el síntoma. Se trata de acentuar el no hay del no hay relación sexual como puro vacío o página en blanco, siguiendo la escritura propuesta por Miller donde el no hay es representado con el símbolo del conjunto vacío y sobre el cual coloca sigma que representa al síntoma.

Para Freud, a diferencia de para Lacan, la sexualidad sigue un programa biológico donde es posible la existencia de la relación sexual. Su teoría pulsional obedece a una lógica totalizadora. El término sinthome, en cambio, señala cómo se articulan en cada parlêtre el cuerpo y el lenguaje para producir goce.

La intervención de la conferenciante terminó con una apelación al cuestionamiento sobre cómo crear las condiciones simbólicas para que las formaciones contemporáneas del malestar puedan abonarse al inconsciente y a la dinámica de la transferencia, dando paso a un síntoma analítico, ya que esas serían las condiciones de posibilidad para la existencia del psicoanálisis hoy.

La última presentación la realizó Carmen Campos bajo el sugerente título de No hay relación sexual. Ay el amor. Tomando como guía la lectura de Miller sobre el Seminario XX, destacó los efectos que tuvo en la enseñanza de Lacan, la introducción del concepto de la lalengua, con el que aludiría a una palabra anterior al ordenamiento gramatical y lexicográfico, que pondría en alza el valor de goce frente al valor de comunicación. En el paradigma de la no relación, los términos que aseguraban la conjunción (el Otro, el Nombre del Padre, el falo) quedan reducidos a la función de conectores, invenciones o suplencias. No hay relación, pero “hay goce”2, imposible de representar. Goce de la palabra, goce del Uno del cuerpo que se encarna de modos dispares en la clínica y en las expresiones artísticas, ámbito del que toma la interjección, “¡Ay!, el amor”, como una forma de escritura alrededor del no hay relación sexual.

La homofonía del título toma aquí todo su valor, al ilustrar, de alguna forma, un juego gozoso con los ecos de lo simbólico. Bajo dicha interjección la ponente consigue congregar a Wallada bint al- Mustakfi —quien dedica un poema de odio a su amante— Ibn Zaydún, poeta andalusí del siglo XI y a Rosalía, con La perla. ¿Qué tendrían en común? El odioamoramiento, neologismo con el que Lacan sustituyó la ambivalencia freudiana y con el que quiso destacar la proximidad del amor y el saber. El análisis nos recuerda que no hay amor sin odio, “no vacilo en escribir odioamoramiento es el relieve que el psicoanálisis supo introducir para situar la zona de su experiencia”3.

 

Notas:

  1. Lacan, Jaques. “Conclusions IX Congrès de l’École freudienne de Paris sur La transmisión”. Lettres de l’École, n. 25, 1979, vol. II., p. 220.
  2. Miller, Jaques-Alain. “Los seis paradigmas del goce”. Freudiana, n. 29, Paidós, Barcelona, 2000, p. 45.
  3. Lacan, Jaques. El Seminario, libro 20, Aún. Paidós, Buenos Aires, 1991, p.110.