Psicoanálisis y neurología ¿Podemos los psicoanalistas conversar con los neurólogos? Araceli Teixidó (Barcelona)

Freud era neurólogo. Cuando retomamos alguno de sus textos –actualmente estoy revisando el inagotable “Más allá del principio del placer”- comprobamos su espíritu científico, y que así como no dudó en llevar adelante sus estudios acerca de la histeria, tampoco dejó nunca de confiar en la ciencia.

Pensaba que era posible que las teorías psicoanalíticas que elaboraba pudiesen ser refutadas por algún descubrimiento científico. La biología es verdaderamente un reino de posibilidades ilimitadas, tenemos que esperar de ella los esclarecimientos más sorprendentes y no podemos columbrar las respuesta que decenios más adelante dará a los interrogantes que planteamos. Quizá las dé tales que derrumben todo nuestro artificial edificio de hipótesis (1). Hablaba de estratos corticales del cerebro, pensaba en términos de morfología cerebral,… pensó durante muchos años en la relación de su teoría con el cuerpo y con el cerebro.

Era neurólogo y sus teorías no las separaba de la medicina. Al mismo tiempo, no dudó en recurrir a la mitología y la literatura, a la dimensión simbólica, para sus argumentos.

Lacan era psiquiatra.
Se interesó por lo que otras disciplinas humanas podían ayudar a entender acerca de las enfermedades mentales. Principalmente se dirigió a la lingüística. No obstante, su teoría nunca fue ajena al sustrato orgánico de cualquier proceso psíquico (2).

Actualmente el psicoanálisis se mantiene radicalmente separado de la medicina, de la neurología, de la biología. Por otro lado, existe una tendencia de la neurología, o cierta neurología, a explicar todo lo humano reduciéndolo al cerebro. Devinieron disciplinas disjuntas y, por tanto, la explicación de cualquiera de ellas excluye sistemáticamente las de la otra. ¿Debe ser así necesariamente? ¿Podemos pensar en algún tipo de aproximación? ¿Lo deseamos?

No podemos dudar de que exista una correspondencia neurológica de los procesos psíquicos –seguro que se iluminará tal o tal zona del cerebro en un SPECT (3) al pensar, analizar, dormir, amar, decidir…-.

La inexistencia de lesión orgánica en la enfermedad mental, siempre dejó en inferioridad a las teorías de la génesis psicológica. Lo que en medicina se llama hipótesis funcional acaba siendo un eufemismo de “lo que le ocurre a este paciente es cuento”. Que se haya podido realizar una traducción neurológica de los trastornos mentales los convierte en algo real, en algo que no es inventado. Pero en este proceso se perdió al sujeto del inconsciente, al sujeto responsable. La hipótesis pasó a ser que la causa es la lesión.

¿Qué les pasó a los psicoanalistas? ¿Por qué abandonamos del todo la hipótesis de un sustrato biológico? La realidad psíquica ocupó todo el espacio del tratamiento psicoanalítico y dejamos de tener en cuenta que lo real también puede ser abordado de otros modos. Trabajar en el ámbito de la medicina confronta a ese real. Los sujetos con los que nos encontramos tienen malos encuentros, y aunque la realidad psíquica sea la única que consideramos, existe la causalidad orgánica: por ejemplo, el accidente cerebral vascular, el daño cerebral causado por traumatismo, la demencia de tipo Alzheimer o vascular. Si somos psicoanalistas abordamos este campo desde la palabra de los pacientes, pero contamos necesariamente con límites que impone la biología.

¿Qué podemos decir a los neurólogos? ¿Acerca de qué conversar con ellos? Pues no sé de qué quieren conversar, también se les puede invitar y preguntarles. Quizá alguno desearía tomar la palabra en este Blog.

Quizá para empezar, podríamos determinar cuál es el verdadero límite de una conversación posible: hay un punto que nos obligará a guardar silencio a unos y a otros.

Es que no podemos decir nada acerca de las elecciones que tomarán los sujetos. Ni ellos, ni nosotros podemos concluir al respecto de la decisión que tomará un sujeto. No hay prueba diagnóstica, ni test neuropsicológico que permita anticipar la decisión del paciente. No hay relación analítica que permita predecir con exactitud la respuesta del paciente.

Las investigaciones psicoanalíticas se interesan por este punto, pero la cuestión central la ocupa el lugar ínfimo, puerta de un infinito, que se da entre el final de todos los procesos cognitivos o de cualquier proceso psicoanalítico y la resolución personal del sujeto.

Para conversar, quizá ambos deberemos aceptar que en el límite está ese pequeño punto del que ni unos ni otros podremos decir nada.

Notas:

1-. Sigmund Freud “Más allá del principio del placer” en Obras completas Vol. XVIII Amorrortu editores. Pág. 58

2-. Jacques Lacan Acerca de la causalidad psíquica Escritos 1. Siglo veintiuno editores. Madrid, 1993.

3-. SPECT cerebral «Single Photon Emission Computed Tomography»es una prueba que en español se traduce como tomografía por emisión de fotones.

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