He aquí un libro que, en la edición que acabo de procurarme, cuenta con 600 páginas y se divide en 24 capítulos. Este grosor vuelve difícil resumirlo en tanto que todo su valor reside en el análisis de los detalles. Además este libro, como otros libros del seminario, no es un tratado. No constituye la exposición de una concepción acabada. No es un texto en el cual el final sería contemporáneo del comienzo. Es un texto que requiere ser leído teniendo en cuenta su materia temporal, hecha de una sucesión de tomas de palabra semanales a lo largo de un año universitario. Hay entonces, de una lección a la otra, avances, correcciones, cambios de perspectiva que requieren ser subrayados, anotados, precisados cada vez. Y hay fórmulas de Lacan a veces tajantes que parecen definitivas y que no serán retomadas por él ni en un seminario ni en un escrito.

Se trata entonces de saber cada vez, para quién lo lee, si aquello que se lee es una perla, un término que vale la pena subrayar y propagar, desarrollar, o si, al contrario, es accesorio[1] un deslizamiento que enseguida es corregido. Y hojeando una vez más, de nuevo, este seminario, esta vez bajo la forma de un libro, me di cuenta hasta qué punto la pregunta podía ser planteada para muchas frases, incluso palabras.

Cuando Lacan define aquí o allá un término de manera excepcional ¿hay que acentuarla en nuestra reflexión?, ¿debe éste ser retomado porque Lacan habría allí develado un aspecto desconocido, o se trata de un deslizamiento, de una deriva que es enseguida corregida? Y el ejercicio de lectura de un seminario, para quién lo lee, para quién lo redacta -habiéndolo redactado, yo también lo leo y continúo leyéndolo- consiste en saber que de un momento a otro la perspectiva se transforma, se desplaza y que correcciones, usualmente tácitas, se han operado.

Entonces aquí, en esta masa de significantes, voy a extraer un hilo, uno solo. Este hilo que, al inicio del seminario, es muy fino. Al principio del seminario, este hilo está perdido en una madeja, pero a medida que progresa la elaboración este hilo se ensancha y finalmente se vuelve una cuerda que no podemos desconocer más. Nadie puede desconocerlo. Este hilo es el del fantasma.

Este seminario se titula El deseo y su interpretación y es en efecto en la cuestión de la interpretación del deseo que toma su punto de partida y, a medida que el seminario progresa, se revela como otro. Se transforma de manera continua. Tal como vemos en las figuras topológicas, cambia de forma sin desgarrarse. Y al final, libra una configuración sensiblemente diferente, muy diferente incluso, de lo que ella es al principio. No conocemos libros de este tipo. En todo caso, por el momento, no veo ninguno comparable. Tenemos otros comparables en el seminario de Lacan, pero este libro es de todas maneras una suerte de libro muy especial.

Para ir rápido diría que este seminario contiene, elabora, la primera lógica del fantasma que Lacan ha construido. Vendrá más tarde el Seminario 14 que llevará el título de La lógica del fantasma. Esta segunda lógica del fantasma, la verdadera si se quiere, será adosada a este artículo de Lacan que, debo suponer, ha sido estudiado por muchos aquí y que se llama “Posición del inconsciente” y que Lacan comentó en su Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis a partir de la pareja de la alienación y de la separación. En una nota de la edición de los Escritos, Lacan señala que este escrito “Posición del inconsciente” constituye el complemento y casi un nuevo comienzo de lo que había abierto con su texto inaugural “Función y campo de la palabra y del lenguaje”. Me había interrogado antaño sobre el valor eminente que Lacan daba a este texto que se encontraba redactado al momento en que pronunciaba su Seminario 11 y que, en el curso de su seminario, incluyó en sus comentarios.

El Seminario 6 como primera lógica del fantasma permanece en el hilo de “Función y campo de la palabra” y se centra progresivamente en la fórmula que Lacan da al fantasma $ <> a. Esta se escribe S mayúscula con una barra, que nosotros llamamos punzón, es un rombo y el pequeño a que es un a minúscula en itálicas. Podemos de entrada completar la palabra fantasma con un adjetivo que viene en su lugar esencialmente en el capítulo 20, en la página 434, el adjetivo “fundamental”. Y esta expresión ya ha figurado bajo su pluma en particular en el escrito que precede exactamente el Seminario 6, a saber “La dirección de la cura”. Pero “La dirección de la cura” es un informe que ha sido entregado en julio del año 58 y Lacan comienza su Seminario 6 en noviembre del mismo año.

El Seminario 6 prolonga entonces el tema de “La dirección de la cura”. Prolonga en particular la conclusión del texto que trata precisamente sobre la interpretación del deseo. Entonces, es en este hilo que el Seminario 6 se inaugura. Lo que es afirmado al final del escrito es problematizado al principio del Seminario 6 que toma el relevo. Lacan concluye su artículo y, en el mismo hilo, vuelve a abrir la pregunta y precisamente la desplaza. Y en “La dirección de la cura” encontramos, dos veces ya la expresión de fantasma fundamental que en este mismo escrito no tiene aún precisión.

Encontramos esta precisión solamente en el Seminario 6. La expresión “el fantasma fundamental” me pareció tener el mérito de ser propuesta como título de este capítulo 20 y el fantasma fundamental sólo se dice en singular. ¿En qué es fundamental? Es una pregunta que antaño me había hecho y que nos habíamos planteado en un cierto círculo y no disponíamos de un texto en ese momento que nos permitiera decidir sobre el valor a darle a este adjetivo fundamental. ¿En qué es fundamental? Creo que se puede aportar ahora esta respuesta: en que es mínimo, es decir, que se escribe con los dos términos de la fórmula y la relación de doble entrada que une los dos términos. Esta relación es de doble entrada ya que puede leerse en un sentido y en el otro. Estos dos términos y la relación de doble entrada que los une, se supone que les da la estructura mínima del fantasma. Me parece que se puede decir que es una estructura mínima del fantasma en el sentido en que más tarde Lacan dará la estructura mínima de la cadena significante escribiendo S1-S2. Es tanto más justificado acercar estas dos estructuras mínimas que más tarde Lacan las reagrupará, las articulará en la fórmula del discurso del amo, punto de partida, bosquejo, del cuarteto de los discursos. Incluso antes de la escritura memorable de este discurso del amo ya encontramos adjuntadas, desde el Seminario 11, estas dos parejas de términos mínimos.

En esta misma página 434, Lacan presenta esta fórmula mínima como la forma verdadera de la pretendida relación de objeto y allí, no es un hápax, no es dicha una sola vez sino varias veces en el curso de este seminario. La verdadera relación de objeto, que fue el tema del Seminario 4 de Lacan, la verdadera relación de objeto se encuentra a nivel del fantasma. Es una aserción que no se debería admitir como obvia. Quiere decir, en el sentido de Lacan, que la relación de objeto no se sitúa a nivel de la pulsión. ¿Por qué? Porque, en el fondo, en esa época, no existe propiamente en Lacan, me parece, el objeto pulsional. En esa época, en la elaboración de Lacan, la pulsión tiene el estatuto de una demanda y de una demanda que es tanto más imperativa porque es inconsciente. Como demanda, no se liga a los objetos sino a los significantes. Existen a veces variaciones de Lacan sobre este punto pero creo poder decir que la pulsión en el Seminario 6, como en “La dirección de la cura”, designa una relación inconsciente al significante y no al objeto.

La relación al objeto no se sitúa a nivel de la pulsión sino del deseo, y esto, a través del fantasma. Es así como, en su grafo, Lacan hace de la pulsión el vocabulario o más precisamente el código, que es el término que utiliza en ese momento, de la demanda inconsciente, escrita $<>D, mientras que el fantasma se escribe $<>a, siendo a el objeto. Dicho de otro modo, y curiosamente para aquellos que siguen el curso de la enseñanza de Lacan y que a veces han entrado en la enseñanza de Lacan por su última enseñanza, con la pulsión tal cual es cuando se lee el Seminario 6, no salimos del significante. Es únicamente con el deseo que tenemos una relación al objeto a través del fantasma. Y de una cierta manera, creo que mientras Lacan no admita objetos que no sean imaginarios, no habrá objeto propiamente dicho, sino en el fantasma. Esta página no se pasa sino hasta el final del Seminario 6. Al mismo tiempo que da vuelta la página, Lacan deja de lado su grafo de dos pisos que supone esta distancia entre pulsión y fantasma. Mientras Lacan no admita objetos que no sean imaginarios, mientras no admita sino objetos procedentes del estadio del espejo, mientras no admita sino objetos derivados de la imagen del otro, es decir, de la imagen del cuerpo propio, el objeto es el del fantasma.

Entonces, la dificultad para quienes leerán el Seminario 6 habiendo sido formados en la enseñanza posterior de Lacan, es la de ponerse en una posición de lectura y de estudio que implique que este seminario se elabore dentro de la distancia entre pulsión y fantasma, e incluso en una distancia tan grande que el fantasma eclipse a la pulsión.

Es únicamente al final que Lacan da una suerte de golpe de timón a través de un movimiento brusco que se produce alrededor del capítulo 22. En este hilo comenzamos a ver a la pulsión retomar sus derechos y a ser evocado un estatuto del objeto que es real, del objeto como real. Y esto quedará tan poco asegurado que, aún el Seminario 14 La lógica del fantasma o tal vez en El objeto del psicoanálisis, no tuve tiempo de verificar, Lacan sorprenderá a su auditorio diciendo que el estatuto del objeto a es un estatuto real y esto figura, si se quiere, en estas cuantas líneas del Seminario 6.

En el fondo, este viraje es tal que no ha sido registrado por el auditorio de Lacan, y que él mismo no lo ha consolidado en tanto que su concepción del objeto durante años ha permanecido enraizada en lo imaginario y precisamente en la relación especular, en el estadio del espejo, en la relación del yo y del pequeño otro. Aquello que podemos anotar de este viraje no será entonces desplegado y sancionado sino años más tarde.

Evidentemente los llevo a otra época, es decir, al fundamento mismo de los discursos que sostenemos. No sé si exagero diciendo que el término de fantasma, por ejemplo en el coloquio que tuvimos, habría podido ser llamado por muchas evocaciones clínicas llevadas a cabo, el término de fantasma, al contrario, ha caído en desuso. Es decir, que no solamente debe leerse este seminario como el testimonio de una época pasada sino que además se debe tal vez reencontrar algunos fundamentos de nuestro propio abordaje en este seminario. Nos encontraremos dándole de nuevo colores o precisiones a nuestras evocaciones clínicas de hoy.

Es cierto que, por lo que he oído de los debates que han tenido lugar acerca del género y de las aspiraciones de individuos al cambio del que François Ansermet notaba con justeza que en el fondo hay una certeza -en efecto existen, si puedo decir, 50 sombras de certeza para retomar el título de una novela- es cierto que para precisar estas sombras, referirse al fantasma sería de la más grande utilidad por la precisión de nuestras construcciones. Es por un movimiento inverso que, tarde, la pulsión reencontrará su lugar y se adjuntará al fantasma, que el objeto será reconocido como del orden del registro de lo real y que en la última enseñanza de Lacan fantasma y pulsión serán fusionados en el sinthome como modo de gozar. Dicho de otro modo, el ballet que esbozo entre fantasma y pulsión tiene un gran futuro en la enseñanza de Lacan, al punto que los dos términos van a confundirse en el uso que Lacan hará del término de sinthome. Entonces, cuando uno se ha introducido a Lacan por su última enseñanza, es necesario un esfuerzo para enfocar la vista sobre el Seminario 6 y para poder ser enseñado por la perspectiva que éste propone sobre la experiencia del deseo.

La experiencia del deseo es un término que Lacan emplea en el seminario. Para no dejarlo en el vacío voy a dar un ejemplo. El primer ejemplo, sería el recurso que el sujeto tiene al fantasma cuando tiene que vérselas con la opacidad del deseo del gran Otro –y que esta opacidad, su ilegibilidad tiene por efecto el Hilflosigkeit freudiano, el desamparo del sujeto. Es entonces que el sujeto recurre al fantasma como defensa. No es dicho sino una vez en el seminario por Lacan, pero es una vez que hay que subrayar.

El sujeto recurre al fantasma como defensa quiere decir que toma recursos del estadio del espejo que le ofrece toda una gama de posturas, del triunfo a la sumisión, y es entonces, dice Lacan en la página 29, que el sujeto se defiende con su yo. Es una experiencia tal que permite hablar del uso del fantasma que hemos retomado a continuación. Hay que ver que eso se enraíza exactamente en este punto: el uso del fantasma como una defensa frente a la opacidad del Otro y esta experiencia permite hablar del uso del fantasma porque está instrumentalizado, hablando propiamente, con el fin de precaverse del desamparo. Lo que Lacan llama en ese seminario la experiencia del traumatismo queda marcado por el recurso al fantasma.

Christiane Alberti y Marie-Hélène Brousse han dado en los documentos que difundieron para preparar las próximas Jornadas de la ECF sobre el tema del traumatismo, las referencias al traumatismo en el Seminario 6. Teniendo en ese momento el seminario en mi computador, todos los capítulos anexos, no tuve sino que consultar la palabra traumatismo o trauma y, gracias a la computadora, pude comunicarles todos los resultados. Podemos contar entonces con que en las Jornadas, hay suficiente tiempo entre hoy y las Jornadas de la ECF, para que aquellos que van a participar allí tengan tiempo de leer el Seminario 6 y no omitan, tratándose del trauma, dar su lugar al uso del fantasma y en particular al uso del fantasma como defensa.

Me dicen que los 500 ejemplares que habían sido traídos aquí como primicia, ya que por el momento ninguna librería en Francia los tiene aún, estos 500 ejemplares han sido vendidos. Podemos contar con que el interés se mantendrá por las construcciones de Lacan de épocas anteriores, porque en el fondo las nuevas construcciones de Lacan no anulan las antiguas, las prolongan. Pero a veces las nuevas perspectivas borran los relieves que las antiguas ponían en evidencia y creo que en lo concerniente al fantasma, es el caso. Aún cuando el fantasma haya sido relanzado por el Seminario 14 que es La lógica del fantasma, es un término, creo que nuestro coloquio es la prueba al respecto, es un término que ha caído un poco en desuso y que va a encontrar sus colores después del estudio de este seminario y, en todo caso, después del hilo que propongo.

Yo acercaría este pasaje de la página 29 de otro de la página 108 donde Lacan aísla aquello que él llama el punto pánico del sujeto. Allí, el término de punto no es una negación [2]. El punto señala aquello que se obtiene cortando normalmente dos líneas. Este punto pánico del sujeto es ése, dice, donde el sujeto se borra detrás del significante. No se debe entender por este borramiento que el sujeto está identificado sino que está como borrado: es el punto en el que no puede decir nada más de sí mismo, en el que está reducido al silencio y es entonces que se agarra al objeto del deseo. Es la misma lógica del fantasma que opera a nivel del inconsciente en donde el sujeto no tiene la posibilidad de designarse a sí mismo, en donde está confrontado a la ausencia de su nombre de sujeto. Es entonces al fantasma al que recurre y es en su relación al objeto del deseo que reside la verdad de su ser.

Lo que el Seminario 6 explora, es un campo poco explorado, que se encuentra más allá del significante que es designado como el del fantasma. Está articulado, dice Lacan, a partir de una conciliación entre lo simbólico y lo imaginario. Esta conciliación es puesta en evidencia en la escritura misma $<>a. El objeto a viene del imaginario, es tomado en préstamo al estadio del espejo, al reflejo de la relación especular, mientras que el sujeto $ barrado es el sujeto del significante, el sujeto de la palabra. Los dos elementos de Lacan aquí se encuentran entonces conciliados. Sabemos que Lacan dará más tarde en el Seminario 9 sobre la identificación, una articulación topológica de esta reunión de dos elementos heterogéneos. Pero podemos decir que, en referencia a la enseñanza posterior de Lacan, este campo del fantasma funciona como un real. Este término de real va a imponerse progresivamente en la última parte del seminario.

Es así, manifiestamente, en la primera parte del seminario que está esencialmente consagrada al análisis del famoso sueño del padre muerto. Les recuerdo el texto de este sueño, que Freud incluyó al comienzo en su “Formulaciones sobre los dos principios” y que integró luego en La interpretación de los sueños. El padre aún con vida, habla a su hijo que es el soñante. El hijo tiene el sentimiento doloroso que su padre ya ha muerto pero el padre no lo sabe. Lacan detalla, incluso en su grafo, cómo Freud trata el sueño por el significante y lo interpreta restituyendo las cláusulas que él estima están suprimidas por el texto del sueño y en particular por el famoso “según su deseo”.

Existe el tratamiento de este sueño por Freud que Lacan retoma y el tratamiento de este sueño por Lacan. Lacan trata esencialmente este sueño por el objeto y no por el significante y tratando el sueño por el objeto, lo verán en particular en la página 75, él implica el fantasma en el sueño. Hace la pregunta: ¿Esta confrontación del padre y del hijo esta escena estructurada, este guión, qué es? ¿Es un fantasma? Otras preguntas están formuladas pero una respuesta que viene, dicha una vez por Lacan, es que se trata efectivamente de un fantasma. Él enuncia aquí que nos encontramos frente a un fantasma del sueño. Lacan está entonces llevado, en la interpretación del soñar, no a proceder al análisis significante sino a asumir la representación imaginaria que ofrece el sueño y a calificarla de fantasma, una categoría de fantasma que es el fantasma del sueño. Admite que un fantasma haya pasado al sueño. Esto tiene sentido precisamente porque estamos a nivel de representaciones imaginarias al punto que Lacan puede decir que este fantasma puede conservar la misma estructura y la misma significación en otro contexto que ya no sea de Verneinung sino de Verwerfung, que ya no sea de denegación sino de forclusión, que ya no sea sueño sino psicosis.

Dicho de otro modo, tenemos aquí el inicio de una gradación, de una gama de matices del fantasma donde tienen el fantasma del sueño pero también tienen el fantasma de psicosis. Mutatis mutandis da un ejemplo impresionante: se tiene en la psicosis el sentimiento de estar con alguien que está muerto pero que no lo sabe. Dicho ahí de otro modo, la unidad del fantasma puede desplazarse del sueño a la psicosis. Agrega incluso que después de todo, esto puede darse también en la vida cotidiana cuando se frecuenta gente momificada con la que se tiene el sentimiento de que ellos no lo saben pero que ya están agotados. Se puede pensar que allí él tiene en mente a aquellos que son entonces sus adversarios en psicoanálisis. La conclusión de la interpretación freudiana es que este sueño es evidentemente un sueño edípico y que el deseo último del sueño edípico está en relación al padre, es el sueño de la castración del padre. Y bien, ¡nada de eso! Esta conclusión no es la de Lacan ya que él considera que el fantasma, concebido como la respuesta última al punto pánico, va más allá del sueño edípico. Vemos que el Edipo está aún en el campo del significante y que Lacan piensa que con el fantasma se toca más allá inclusive de lo concerniente al Edipo. Él lo dice: el fantasma aquí va mas allá del deseo edípico. Ustedes pueden leer esto en la página 118. Más esencial, más profundo que el sufrimiento del hijo, hay una confrontación a la imagen del padre como rival, como fijación imaginaria. Dicho de otro modo, la interpretación última verifica el fantasma, verifica la presencia irreductible de la imagen. Se puede decir que esta función de resto es justamente el índice del real del que está afectada esta imagen. Existe siempre en un sujeto un punto pánico, podemos decir, en tanto que hay en la relación del sujeto al significante un impasse esencial que hace, aquí cito a Lacan, que no hay otro signo del sujeto que el de su abolición de sujeto y es por esto que se aferra al objeto imaginario.

La segunda parte del seminario está constituido por la revisión de un sueño analizado por la psicoanalista inglesa Ella Sharpe. Allí encontraran una dialéctica entre sueño y fantasma. Les recuerdo el episodio que precede al análisis del sueño y la comunicación del sueño al analista: el sujeto tiene la costumbre, desde hace algún tiempo, de toser antes de entrar en el consultorio del analista. Les reenvío a las páginas 181-182. El sujeto se refiere a un fantasma que tuvo, y Lacan valida en efecto que se trata de un fantasma. Aquello que se trata de analizar, dice él, es el fantasma, y sin comprenderlo, es decir, encontrando allí la estructura que revela.

En el capítulo 10, Lacan procede a una consulta metódica del fantasma y del sueño y encuentra entre fantasma y sueño, páginas 211-212, una estructura simétrica e inversa. Esta dialéctica del fantasma y del sueño es tan persistente que, en la página 269, anota que se puede distinguir el nivel del fantasma y el del sueño. “Podemos decir también que hay fantasma de los dos lados, los fantasmas del sueño y aquellos de la ensoñación diurna”. Dicho de otro modo, la expresión fantasma del sueño se encuentra allí por segunda vez en el seminario y es lo que les invito a encontrar en la lectura. Esta dialéctica del sueño y del fantasma hace la especificidad de los análisis de sueño que encontramos en este seminario que los desplaza completamente al respecto de los que encontramos, por ejemplo, en el Seminario 5. La originalidad de estas interpretaciones de sueño está en que implican el fantasma y esta categoría singular del fantasma que es el fantasma de sueño. Vemos aquí un cierto dinamismo de la categoría del fantasma: a partir del momento en que hay representación hay fantasma y, en la misma línea, podríamos decir que el sueño es fantasma. Lacan irá aún más lejos al decir que la realidad es fantasma.

Esta categoría tiene un gran dinamismo y nuestro uso no explota su vitalidad propia, su vitalidad conceptual propia, que se muestra aquí con toda su evidencia. Anoten, en la página 274-275, que la última palabra de la interpretación del sueño que Lacan propone trata del sueño del paciente de Ella Sharpe. Ella Sharpe analizó este sueño de manera muy completa, y Lacan lo sobreinterpreta. La sobreinterpretación lacaniana de este sueño es un fantasma y es al respecto de un fantasma que se termina esta parte, paginas 274-275.

(Continuará…)

Aquí la segunda parte: http://www.blogelp.com/index.php/p1236

________________

Traducción: Gabriela Pazmiño (ecuatoriana, miembro de LATIGO, reside en Paris) – Luis Iriarte (venezolano, reside en París)

Establecimiento del texto: Dalila Arpin y Raquel Cors Ulloa

1. N.d.T: Jacques-Alain Miller utiliza en este punto la expresión « un à-côté » que en francés significa literalmente «al lado». Se usa para mostrar el carácter accesorio de una cosa, un hecho al margen de otro más importante.

2. N.d.T: En francés « point », que significa literalmente «punto», también corresponde a un adverbio de negación.

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