El pasado 23 de octubre de 2020 tuvo lugar en la Biblioteca de la Orientación Lacaniana de Bilbao la presentación de Sueños y despertares. Una elucidación psicoanalítica, de Carolina Koretzky.

Quiero dar las gracias a la Biblioteca de la Orientación Lacaniana de Bilbao por su invitación a presentar este libro y a Carolina Koretzky por haberlo escrito. Durante el curso 2019-2020 fue mi libro de cabecera, la referencia que permitió articular el seminario de estudios freudianos que en ese curso realizamos mi colega Felicidad Hernández y yo mismo a propósito de los sueños de angustia en el marco de las actividades de la Antena clínica de Bilbao-ICFEspaña.

Es pues, muy grato poder estar hoy aquí junto a Carolina Koretzky y poder conversar con ella a propósito del sueño, de los sueños y del despertar. Partiré de una pregunta: ¿Por qué les recomiendo la lectura de este libro?

La respuesta: ustedes van a encontrar un recorrido preciso, claro y riguroso que la autora organiza en dos grandes partes: “La doctrina de lo real en el sueño en la obra de Freud”, la primera de ellas; “Modalidades lacanianas del despertar en la experiencia clínica”, la segunda. De este modo hace una lectura viva, que resalta las aristas en la doctrina acerca del sueño tanto en Freud como en Lacan. En Freud, poniendo de relieve la categoría de lo real en el sueño, algo en cierto modo novedoso; en Lacan, elucidando las diferentes tesis acerca del despertar y su uso en nuestra actual práctica analítica orientada por Lacan.

Van a encontrar importantes novedades y seguramente se abrirán tras su lectura múltiples interrogantes.

Como ustedes recordarán la tesis freudiana respecto de los sueños consiste en que son la vía regia de acceso al inconsciente en tanto que en los sueños se cumple el deseo reprimido. Por otra parte, el sueño tiene la función de preservar el dormir, es su guardián ante la emergencia de la satisfacción pulsional. Esto hace que el sueño, en tanto que formación del inconsciente participe de un compromiso, entre el cumplimiento de un deseo infantil, y el deseo de dormir.

Como Carolina constata, esta perspectiva freudiana del sueño como cumplimiento del deseo va a encontrar algunos obstáculos: los sueños de angustia, en los que un contenido del sueño produce la interrupción del dormir, y especialmente los sueños traumáticos que dan cuenta de un más allá del principio del placer y constituyen una excepción a la teoría del cumplimiento del deseo.

Se pone en juego para Freud, en ese punto, una nueva consideración respecto de la relación entre sueño y pulsión, pues la exigencia pulsional es algo real, lo que le conduce a redefinir el sueño: el sueño es un intento de cumplimiento de deseo, y hay que subrayar la palabra intento. Un intento que puede ser fallido en la medida en que se activa la pulsión propia a la fijación traumática.

Finalmente, Freud no reservará el sueño traumático a los neuróticos de guerra o a los accidentados graves, sino que lo hará común a todo sujeto. Lacan, por su parte, nos permitirá leer estos sueños traumáticos como la irrupción del goce en tanto que acontecimiento de cuerpo, un goce que requiere anudarse de un modo inédito para el sujeto.

Dentro del apartado dedicado a Lacan, me parece importante destacar por su novedad el capítulo consagrado a los sueños de los deportados en los campos de concentración. La autora aporta un estudio minucioso de ellos, su lectura me ha abierto un ámbito desconocido para mí hasta el momento.

Apoyándose en los testimonios de varios deportados, Jean Cayrol, Primo Levi, Charlotte Delbo, entre otros, Carolina Koretzky establece una participación entre dos grandes grupos de sueños: los sueños concentracionarios, es decir soñados durante la estancia en el campo de concentración; y los sueños post-concentracionarios, soñados una vez en libertad.

Dentro del primer grupo, los sueños concentracionarios, hace una detallada diferenciación entre los sueños-proyecto, los sueños salvación, los sueños de Tántalo, y los sueños de relato. Diferenciación que no voy a detallar, mejor leerla en el libro o tal vez podemos retomarla en la conversación. Sueños solidarios del deseo de dormir hasta el extremo que permiten al sujeto defenderse del horror de la realidad del campo de concentración, y que tienen la función de reconstituir la imagen del cuerpo herida durante la jornada. Como señala Carolina: “En este mundo cotidiano en el campo, marcado por un ataque sistemático efectuado al nombre propio (reemplazado por un número tatuado en el brazo), a la imagen del cuerpo (uniformes, letrinas comunes), así como a lo real del cuerpo (los trabajos forzados, el hambre), el único remedio del prisionero se encontraba en el mundo onírico gracias a la función del dormir”1.

Planteo una pregunta, si estos sueños nos enseñan lo que es la función del dormir más allá del cumplimiento del deseo, función que sería la de reconstituir la imagen del cuerpo herido, y esto no solo a tener en cuenta para aquellos que fueron deportados, sino para el parlêtre en general.

Asimismo, y dentro de estos sueños concentracionarios, merecen una mención aparte los sueños de relato, en los que el Otro se marcha, y que muestran la imposibilidad de comunicar, de decir el horror de lo vivido.

El otro gran apartado, el de los sueños post-concentracionarios, toma como modelo un sueño de Primo Levi, sueño que se repite sin tregua, en el que él está en un ambiente familiar o de amigos y de pronto es invadido por una sensación de angustia y amenaza. Todo comienza a desmoronarse y él se encuentra de nuevo en el campo de concentración, una palabra le despierta Wstawac, “¡a levantarse!”, la palabra con la que era despertado al alba en Auschwitz, una palabra suelta en el borde de un agujero. Ya no se trata de un sueño solidario del deseo de dormir, sino de sueños que muestran que “la vida es solo un sueño, donde todo, de pronto puede desmoronarse”2.

De este trabajo sobre los sueños de los deportados, Carolina Koretzky extrae, a mi parecer, dos importantes conclusiones. La primera que “incluso en las situaciones más extremas, hay un esfuerzo que tiende a la integridad psíquica”3, que incluso en esas situaciones el deseo no se extingue completamente; la segunda, que “el trauma despierta de la vida que es solo un sueño hecho de sentido, de fantasma, de deseo y de lo bello”4.

Me parece que ambas proposiciones se articulan con la tesis de Lacan “no nos despertamos nunca”, tesis de una gran radicalidad y a la que Lacan llega tras poner en marcha el procedimiento del pase. “No nos despertamos nunca: los deseos sostienen los sueños. Uno no se despierta nunca: los deseos conservan los sueños. La muerte es un sueño, entre otros sueños que perpetúan la vida, el de habitar en lo mítico… Es del lado del despertar donde se sitúa la muerte”5, señala Lacan en respuesta a Catherine Millot en 1974.

Podemos retomar luego en la conversación esta articulación entre deseo y vida. Quiero también recoger una indicación muy valiosa que encuentro en este libro, Carolina señala como el despertar absoluto sería la muerte del psicoanálisis, “denunciar el reino del sueño, su semblante, a favor del despertar es inadecuado, incluso peligroso para el futuro del psicoanálisis”6. Hay pues una articulación necesaria entre uso del semblante y transmisión.

Si no nos despertamos nunca ¿cómo pensar el destino del síntoma al final de la cura? ¿En qué se convierten los sueños cuando ya se agota el desciframiento del deseo? Son cuestiones que surgen y que traigo para la conversación.

Algunos apuntes para la conversación posterior

Eric Laurent en su texto El despertar del sueño o el esp de un sue 7 señala que se puede hacer del sueño un instrumento del despertar: “cuando muestra un punto donde eso no puede decirse. Algo cesa de no escribirse. No se trata de una inscripción definitiva, como ya se lo ha señalado en relación con los nombres de goce que se develan en el final del análisis. Lo importante es el acontecimiento del surgimiento de ese espacio fuera de sentido. Es el esp de un sue”. Y añade también que este uso permite articular “de manera novedosa el deseo y lo que le es incompatible, el goce” Tal vez podemos considerar este momento de despertar como el propio del final del análisis.

Está también la consideración que Fernando Vitale hace en la web del congreso Buenos Aires 2020, del sueño como sueño-sinthome, un “modo de anudar un goce en el cuerpo que sostenga la consistencia imaginaria frente a la intención del goce fuera del cuerpo vehiculizado por el Uno traumático que amenaza siempre con despedazarlo. Invento singular, sin el Otro, que sostiene los tres registros anudados”8. Añadiría, anudamiento que posibilita la articulación del deseo una vez rasgado el fantasma.

Finalmente, que no nos despertamos nunca, que esté la consistencia de lo imaginario siempre en juego, ¿hace a la caducidad del AE? Como nos indica Carolina, despertarse es volverse a dormir, hay en lo imaginario algo que requiere que el sujeto duerma. Lo imaginario debe dormir lo real, “el sujeto confrontado al retorno perpetuo de la escena traumática solo pide dormir…ante el retorno insistente de lo real”9.

 

Notas:

  1. Koretzky, Carolina. Sueños y despertares. Una elucidación psicoanalítica. Grama Ediciones, CABA, 2019, p. 154
  2. Ibid., p. 164.
  3. Ibid., p .166.
  4. Ibid., p. 166.
  5. Lacan, Jacques. “Respuesta de Lacan a una pregunta de Catherine Millot: Improvisación, deseo de muerte, sueño y despertar”. Freudiana, nº 88, Barcelona, 2020.
  6. Koretzky, Carolina. op. cit., p. 199.
  7. Laurent, Éric. “El despertar de un sueño o el esp de un sue”.
  8. Vitale, Fernando. “El trauma, el sueño y el sinthoma”.
  9. Koretzky, Carolina. op. cit., p. 201.

 

Comparte / Imprime este artículo
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Print this page
Print
Email this to someone
email