Los jóvenes y la Escuela*
Primero de todo agradecer a Irene Domínguez la invitación para participar en esta Mañana del Directorio Ampliado.
Es Miller quien dice en el “Comunicado dirigido a los miembros de la Escuela” en 1990 que La Escuela no es nuestra propiedad. Interesa ante todo a los “futuros”. Es a aquellos que aún no están en ella a quienes pertenece1. Se trataba en aquella época de los años 90 cuando todavía no se habían creado las Escuelas, salvo la ECF. Era un tiempo en el que los Grupos de estudio y Secciones se conformaban bajo la Escuela Europea de Psicoanálisis. En este punto querría recordar y mostrar la deuda que tenemos a los mayores, a aquellos que construyeron la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis partiendo de dichos Grupos y Secciones.
Vuelvo con los jóvenes, son el futuro del psicoanálisis y como se remarcó hace varios años, la AMP y en especial la ELP se estaban envejeciendo de una manera alarmante. De ahí surgió la nueva política de juventud.
Partenaire-síntoma
¿Qué les diría a los Jóvenes? Que los necesitamos en la Escuela, que la Escuela no se sostiene por sí misma. Es necesario revitalizarla. La Escuela es un lugar donde se trata de llevar a cabo la formación del analista a través de sus diferentes modalidades: análisis, control, cártel y también la vida de la Escuela.
Cuando hablo de la vida de la Escuela, se trata de la vida en las sedes. Los eventos de trabajo: noches, espacios, mesas redondas, sábados de orientación… A través de estas actividades podemos asistir al encuentro de los cuerpos. Todos diferentes, como calcetines desparejados. Cada uno con su modalidad de goce, su experiencia y su recorrido. No siempre es fácil tolerarnos, el modo de goce ajeno puede hacer que caigamos en reflejos y rivalidades imaginarias.
Estamos entonces invitados a habitar la Escuela de manera sintomática. De tomar la Escuela a modo de partenaire-síntoma y hacer avanzar el psicoanálisis. Para que esté a la altura que corresponde al envite de los tiempos. Para eso necesitamos a los jóvenes, para que nos muestren nuevas maneras de trasmisión o prismas diferentes desde donde leer los tiempos actuales. El tiempo corre y en el momento que uno para, tiene el riesgo de quedarse adormilado.
Digo manera sintomática porque creo que es la modalidad más productiva en oposición a las otras dos opciones de la triada freudiana. La inhibición nos paraliza y la angustia tampoco nos deja trabajar. Entonces el síntoma. A modo de eso que no va, de esa piedra que no nos deja dormir. De ese síntoma que nos saque de la calma, del deseo de dormir.
Desde aquí animo a los jóvenes a tomar la palabra y a sostener su enunciación. Necesitamos escuchar voces nuevas.
Jóvenes y mayores
En la época en la que todos nos consideramos jóvenes y hay una pasión por la juventud eterna, sabemos que esto no es así. Los años pasan y los mayores ya no son jóvenes, aunque lo sean de espíritu. Es decir, no hay una equivalencia entre jóvenes y mayores. De hecho, hay una asimetría. Hay asimetría de recorrido, de experiencia. Pero esto es lo interesante, que esta asimetría, esta diferencia radical pueda ser provechosa para el conjunto. Siempre y cuando se consienta un descompletarse recíproco entre jóvenes y mayores. Es ahí donde veo el futuro del psicoanálisis, en saber trabajar de manera conjunta en la medida que uno consienta a través de la diferencia del otro a su vaciado. Vaciado de ilusión de suficiencia. Sabemos que no hay titulación de psicoanalista y que este concepto es una cáscara vacía. Por eso es importante vaciarlo cada vez, con cada paciente, en cada sesión. Olvidar el saber acumulado y tomar cada paciente como nuevo. Se trata de poner a prueba la formación del psicoanalista cada vez. Y también nuestro saber en la transmisión.
Entonces descompletarse. A modo de cártel. Dejarse descompletar por el otro, joven o mayor para producir un saber inédito. Cada uno el suyo y que este pueda ser formalizado. Defendido, criticado y tironeado.
Lacan decía que la Escuela era un lugar para poner a prueba lo bien fundado de su formación y también un lugar que mediante la crítica asidua denunciara sus desviaciones y concesiones2.
Encuentros y desencuentros
En la Escuela hay encuentros y desencuentros, también tironeos. Cuando uno toma algún cargo institucional quizá se hagan más patentes. La nueva situación puede producir situaciones de compromiso y poner a trabajar al inconsciente. El efecto puede ser, por ejemplo, la emergencia de sueños que si se llevan al análisis propio pueden tener efectos de formación. De estos sueños podrían desprenderse significantes, ideales e identificaciones que comandaron la vida de uno. Como Lacan recordaba en 1973 “No hay formación del analista, hay formaciones del inconsciente”3. De esta manera la Escuela no es un lugar para que el inconsciente se duerma y crea haber llegado a destino. A la contra, se trata de un torbellino por el que merece la pena dejarse arrastrar.
Entonces los desencuentros. Cuando algo de uno no fue bien recibido, cuando hubo un malentendido, cuando una elaboración no pasa y se le pide una precisión, una reelaboración... Son momentos fecundos, en los que quizá el fantasma de uno chocó con la orientación o coordenadas prefijadas. Ahí hay opciones de apertura del inconsciente. Opciones de poder asumir que en general recibimos nuestro propio mensaje a través del Otro de manera invertida.
* Texto presentado en el espacio “Mañanas del directorio ampliado” celebrado en la CdC de la ELP el 27 de septiembre de 2025.
Notas:
- Miller Jacques- Alain. “Comunicado dirigido a los miembros de la Escuela”. Uno por Uno, n. 40. Paidós, Buenos Aires, 1994, p. 159. ↑
- Lacan Jacques. “Acto de fundación”. Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 247 ↑
- Lacan, Jaques. “Sobre la experiencia del pase”. Lettres de L’École freudienne, n. 15. ECF, París, 1975, pp. 185-193. ↑

Director de la CPV de la ELP. Miembro de la ELP y de la AMP.
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