La ex–periencia de Escuela*

Comenzaré con una cita de Cómo terminan los análisis, de Jacques Alain Miller, específicamente de su texto Sobre el mutualismo: “[…] de esta tensión tendrá la posibilidad de nacer y de afirmarse un tipo de Escuela cuya experiencia sea auténticamente analítica”1.

Veinticinco años atrás nacía la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, de la cual hoy algunos más otros menos, algunos por vivirlo y algunos otros por escuchar, hemos sabido de sus diferentes momentos.

Al leer algunos textos en relación con la Escuela tal como la pensaba Lacan, había algo que se repetía para mi cada vez. Eso que toda experiencia implica que es, podría decirse, lo nuevo y junto a ello lo imprevisible. Lo nuevo y lo imprevisible en tanto el saber y la transmisión en y del psicoanálisis implica siempre un “por venir”. Un aún no del todo podría también decirse. Incluso es lo que la Escuela misma introduce con esa tensión de la que habla Miller en la frase antes citada.

Una tensión que va a contracorriente de lo instituido o incluso más, del mutualismo: “[…] un supuesto de la Escuela es que el grupo no se mutualice, es decir, que quede siempre disgregado- un poco disgregado de la buena manera, la que impida deslizarse por la pendiente natural que arrastra al mutualismo”2.

Disgregado de la buena manera me ha parecido también una buena orientación de la dirección de la experiencia de Escuela, que también es una orientación respecto a los cárteles, por ejemplo. El movimiento y la circulación por distintos espacios, considérese espacios como comisiones, responsabilidades o incluso el cártel mismo, así como con otros colegas, va en dirección de sostener ese nuevo por venir. Pero, el de la buena manera introduce también otra cuestión que está en la raíz misma de la Escuela, no se trata de una suerte de dejarlo librado totalmente al azar, ya que, en todo caso, el azar puede incluir lo mismo todo el tiempo. Entonces, la experiencia de Escuela se perfila bajo un saber acerca de lo imprevisible con la condición de cierta organización.

Al fin y al cabo, ese imprevisible, lo nuevo por venir, aquello que no se sabe es diríamos, a lo que se dirige el psicoanálisis en su versión política y es la Escuela quien lo promueve o lo encauza como su ética.

Es de lo que también se puede dar cuenta a partir de un término que Lacan introduce en 1980, en Decolaje o despegue de la Escuela, cuando dice “yo, por mi parte, procuré inspirarles otras ganas, las de ex-sistir”3. Pero ¿que implica este ex–sistir?

Habría que recordar que Lacan lo dice para incluir la diferencia de la Escuela que él mismo promovía y/o aspiraba respecto a la IPA, refiriéndose a ella como SAMCDA o Sociedad de Asistencia mutua contra el psicoanálisis. En todo caso, como aquí no se trata de hacer una revisión histórica, lo que me parece importante puntuar si es este contra que él mismo incluye y que se enlaza directamente con el ex-sistir en tanto verifica aquello que en la experiencia de Escuela se incluye, la sorpresa.

Lo que va más allá de una unidad perfecta, un funcionamiento sin escollos o incluso ex-siste a toda identificación posible con un grupo.

Una experiencia, no sin una apuesta

Para finalizar, y siguiendo un poco el hilo del contra o ex-sistir, tomaré este significante apuesta, que Lacan incluye en su Proposición del 9 de octubre de 1967, para referirme a lo que de lo singular habría que incluir en lo que llamamos o incluso diría, intentamos siempre de dilucidar qué es la experiencia de Escuela. Porque hay una orientación, pero no hay una verdad ultima de lo que eso se trata.

Es un significante que en los últimos años circula mucho, una apuesta orientada por la experiencia. Aquí introduzco una pequeña inversión, ya que una apuesta esta necesariamente orientada por la experiencia en tanto, no hay experiencia posible sin apuesta. ¿A qué se apuesta?, podríamos enumerar, decir y conversar sobre distintas combinatorias o variantes, pero, finalmente lo que hay en la apuesta se termina de construir o desvelar para cada uno en la experiencia.

Está es la mayor riqueza y compromiso político que tenemos en la escuela, que se ha sostenido, lo hace y es imprescindible transmitir, hacer de la apuesta una experiencia.

También diré que es lo más difícil, al menos es con la dificultad que me he encontrado escribiendo esto para hoy. Porque lo que ex-siste que también podríamos llamar singular implica algo por venir que escribir no es fácil. En todo caso, este es también el lugar para la experiencia de escuela, un lugar donde algo de ello pueda ir inscribiéndose y escribiéndose, para cada uno, pero con otros.

Por último, frente a la dificultad de escribir este texto, y al enviarlo a una colega, me advirtió de que faltaba algo importante que a mí me retornó a modo de pregunta, ¿qué festejamos hoy? Tal vez, aunque probablemente no la única respuesta posible, diría que festejamos veinticinco años de un deseo decidido de cada uno de quienes formaron, forman y formarán parte de la Escuela que ha sostenido una lógica de despegue, más allá del mutualismo, sostenida y renovada en cada momento de impasse.

*Intervención en “25 años de la ELP. Celebración en la CdC” en la Sede de Barcelona el 20 de mayo de 2025.

 

Notas:

  1. Miller, Jacques-Alain. Cómo terminan los análisis. Grama, Buenos Aires, 2022, p. 324.
  2. Ibid., p. 323.
  3. Lacan, Jacques. Decolaje o despegue de la Escuela, 1980.