Para Rosa que no gustaba de los discursos.

Y este no lo es, querida amiga, para que lo fuera tendrías que estar tú, así que será más bien una evocación, un recuerdo selectivo: el de nuestros días en Paris, analizantes decididas…tantas horas juntas de risas y de pequeños llantos, de interminables charlas sobre el psicoanálisis, sobre la vida. Días de confidencias y paseos y más paseos entre sesión y sesión.

La vida es «un distraer a la muerte» y en verdad que lo hicimos y lo seguiste haciendo hasta hace pocos días y lo seguiré haciendo, sólo que, un poco más sola.

M. Antonia de Miguel, Vigo.

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