Hacerse responsable de la transmisión: el lugar de la Escuela

La vida de Escuela en la Comunidad de Galicia ha estado marcada este último año por una invención singular, necesaria para afrontar un impasse; invención que nos ha enseñado y nos enseña, todavía, muchas cosas. Volveré luego sobre ellas y podremos conversar.

Las dificultades para renovar la representación institucional de las distintas sedes y comunidades de la ELP no son nada nuevo en nuestra historia, sino más bien una discreta repetición que requiere de una lectura en clave sintomática, en cada ocasión, para poder avanzar y sostener el trabajo.

En Galicia, nos hemos interrogado desde diversos ángulos acerca del lugar, singular, que tiene una Escuela lacaniana: su historia, su lógica, su función, sus diferencias con otras instituciones dedicadas al psicoanálisis como el Campo Freudiano (Instituto, Diagonal…). Esto nos ha permitido abordar, por ejemplo, la eterna confusión entre Escuela e Instituto, y lo que ésta nos señala acerca de nuestra transmisión.

El trabajo conjunto, ya iniciado con la Junta directiva anterior en el espacio Faladoiros, ha mostrado los efectos productivos del trabajo con otros, cuando se atraviesa la pantalla de lo imaginario. La conversación se ha enriquecido y además del buen clima, se ha ido produciendo una mayor formalización en el trabajo que renueva el deseo de trabajar, con los otros, y para los otros: pues cada uno de esos otros encarna, en distintos momentos, la Escuela. Se trata de preservar el lazo posible con el otro, a partir del respeto de los semblantes, por la vía de la transferencia de trabajo.

También hemos explorado un modo de hacer frente al exceso de trabajo, que siempre corre el riesgo de mortificar y apagar el deseo. El trabajo conjunto nos ha permitido alinear los espacios comunes con intereses comunes, evitando redoblar esfuerzos. La pantalla juega un papel en este exceso, por lo que creo que es preciso tener en cuenta que, lo que ésta nos ahorra es poner en juego la libra de carne, perdiendo potencia para acotar el goce.

Sin embargo, un buen uso también es posible y zoom nos permite conectar con fluidez, no solo entre las Sedes de nuestra Comunidad, sino con otros colegas de la Escuela e incluso de otras Escuelas de la AMP. Esto contribuye también a hacer presente la dimensión de Escuela, separándonos del automaton local al poner de relieve distintos funcionamientos.

En cada una de las Sedes de nuestra Comunidad, un real sintomático propio insiste. Trabajar juntos los hace, por contraste, un poco más legibles. En Vigo, el rigor epistémico que ha caracterizado siempre el trabajo ha podido imprimir un cierto estilo superyoico que, en ocasiones, funciona como obstáculo. A Coruña, marcada por la presencia de la CCF, con la que comparte el “cuerpo institucional”, tiene un estilo acogedor quizá en exceso, que puede adormecer también en ocasiones, la necesidad real de un compromiso con la Escuela para que ésta perviva y con ella, el psicoanálisis. No quiero dejar de traer la pregunta que escuché a un socio, para plantear una reflexión que no me parece banal: ¿qué me aporta ser miembro de la Escuela?

Quizá la transmisión del discurso del psicoanálisis, tanto por la vía de la teoría como por la vía de la clínica, produce un entusiasmo que opaca el simple hecho de que hacen falta psicoanalistas para que se sostenga. Es la vía de la propia experiencia analítica la que devuelve el entusiasmo a su justo lugar, advirtiéndonos del goce propio, y poniendo en el horizonte la necesidad de un otro al que dar cuenta de nuestra práctica.

Este horizonte es la Escuela. Es una ética.

Nuestras dificultades son sintomáticas y particulares, pero también estructurales en tanto somos parte de la Escuela.

Me apoyo en lo escuchado en anteriores sesiones de las Mañanas del DA, trazando un hilo conductor, que dibuja una Escuela sujeto, de la que no podemos creernos ajenos en las distintas Comunidades de trabajo. Y cito, por ejemplo: “exponer el trabajo, atreverse; dormirse, dejar de existir” (CyL); “sobrevivir, no dejarse adormecer” (CdC); “hacer la contra a la pulsión de muerte es sostener el psicoanálisis a través de la Escuela, más allá del cinismo o del narcisimo […]” (CM)

La Escuela se encarna entonces en los distintos lugares que la componen -como nos recordaba Christiane Alberti- la Sede de A Coruña, la Sede de Vigo, la de Granada… no son sólo Sedes de la Escuela, sino que también son la Escuela.

Termino con una pregunta, que lanzo a todos los que la habitamos, ¿qué lugar ocupa la Escuela en nuestra relación con el psicoanálisis, uno por uno?