Hacerse responsable de la transmisión: el lugar de la Escuela

El tema de esta conversación de hoy evoca el de nuestro VI Encuentro de Elucidación de Escuela del año 2021: Transmisión y Deseo de Escuela. Lo evoca, lo retoma, lo desplaza un poco, hacia la cuestión de la responsabilidad, la que nos compete a cada uno como miembro de la Escuela y también a la Escuela, a la Escuela- sujeto, en la transmisión del psicoanálisis.

De este modo seguimos la orientación de Lacan cuando afirma que “para progresar, hay que saber volver sobre las cosas”1.

Quisiera entonces contribuir a esta conversación con una puntuación sobre la relación entre transmisión y Escuela, en la que voy a evocar algunas cuestiones que ya se plantearon en el VI encuentro, e introduciendo otras, más centradas en el tema, inspirándome en la reciente conversación de Question de École que ha tenido lugar en París hace dos semanas sobre Acción lacaniana y en la que Jacques-Alain Miller introdujo lo que me pareció un nuevo desarrollo, de su Teoría de Torino.

1.- La transmisión y la paradoja de la Escuela.

Félix Rueda presentaba el Encuentro del año 2021 de esta manera: “¿Cuál es el nudo entre el psicoanálisis y la Escuela? Aproximarse a una respuesta implica poder interrogarse sobre la formación del analista, la que la Escuela dispensa y la transmisión del discurso del psicoanálisis. La apuesta de la Escuela necesita del deseo vivo de sus integrantes. Un deseo cuya causa, vivida por cada uno a nivel de su propia soledad subjetiva, ha de ser compartida con otros, conservando esa tensión entre esta soledad propia y el Ideal, colectivo, para producir una comunidad de trabajo”.

De este modo Félix Rueda planteaba la incidencia de la paradoja señalada por Miller en su Teoría de Torino sobre la formación y la transmisión: “La Escuela […] es una formación colec­tiva que no pretende hacer desaparecer la soledad subjetiva sino que, al contrario, se funda sobre ella, la manifiesta, la revela. Esta es la paradoja de la Escuela”2. ¿Cómo construir entonces una comunidad de experiencia y una lógica colectiva, cómo dar lugar a la transferencia de trabajo en el marco de la Escuela entre sujetos que como efecto de su análisis se han desprendido del papel socializante del Ideal del yo, dispersos descabalgados, solos con el Otro del significante, solos con el propio fantasma, solos con el propio goce éxtimo?

2.- Ideal y mutualismo.

Para avanzar sobre esta paradoja Miller planteó en la Teoría de Torino un interrogante sobre el Ideal en una Escuela de Psicoanálisis: “Si hubie­ra una anulación de la función del Ideal, no habría comunidad de Escuela. No hay el cero del Ideal, pero está esto, que Lacan reenvía a cada uno a su propia soledad de sujeto, a la relación que cada uno mantiene con el significante-amo del Ideal bajo el que se sitúa3. Y añade “el lugar del ideal, en un grupo, es un lugar de enunciación. Desde aquí, dos modos distintos de enunciación pueden ser concebidos, practicables […] Hay un discurso emitido desde el lugar del Ideal que consiste en poner en oposición "nosotros" y "ellos”. […] Del lugar del Ideal puede ser emitido un discurso opuesto que consiste en enunciar interpretaciones. Interpretar al grupo significa disociarlo y reenviar a cada uno de los miembros de la comunidad a su propia soledad, a la soledad de su relación con el Ideal. El primer discurso es un discurso masificante que se funda en la sugestión y, a decir verdad, queda siempre una cuota de sugestión ineliminable”4. (Mutualismo, localismo, elitismo, ideología…son fenómenos grupales que nunca dejan de estar presentes en la Escuela y que inciden negativamente sobre la transmisión del psicoanálisis). “El segundo discurso es interpretativo y desmasificante. Es un análisis de la sugestión de grupo”5.

Sin embargo, la transmisión necesita del lazo social entre los miembros de la Escuela. Lacan hizo del cártel, uno de los lugares privilegiados para la transmisión del psicoanálisis. En el cártel, la transmisión gravita en la transferencia de trabajo, en la investigación, la producción, la publicación, la separación final una vez concluida la tarea, ese es el Ideal que lo constituye.

3.- Solipsismo y Tanatos.

Al mismo tiempo encontramos el solipsismo, la soledad, la dispersión.

Lacan y Miller han señalado el fundamento estructural de este hecho que es consecuencia del análisis mismo, de la desidentificación, del encuentro con la inconsistencia del Otro, de la vivencia de lo incomunicable del goce singular, de su relación con la causa de su deseo. Y si el sujeto no aloja la causa de su deseo en la Escuela, entonces se las tiene que apañar sólo con el saldo cínico de su experiencia analítica. Este es el principio que rige el desvanecimiento de la transferencia de trabajo.

Hace unos días, en París, Miller volvió sobre este punto, introduciendo esta vez una nueva vuelta sobre lo que había formulado anteriormente en la Teoría de Torino. En Torino Miller había dicho: “En una Escuela no hay, al menos en teoría, una excepción única, una excepción solitaria y antinómica respecto al conjunto como requiere la formula edípica. No hay una excepción sino un conjunto, o más bien, una serie de excepciones, de soledades no parangonables las unas a las otras sino por el hecho de que son todas soledades estructuradas como soledades, esto es, como sujetos barrados, fijados a significantes-amo y habitados por la extimidad de un plus-de-goce particular para cada uno. En el marco de la Escuela, estas soleda­des son tratadas cada una como excepción y éstas son no sindicalizables.

En este sentido, la Escuela es un conjunto lógicamente inconsistente. Es un conjunto de Russell, ese de los catálogos que no se contienen a sí mismos, un conjunto sin universal, "fuera del Universo", en el que no vale el "para cada x". Esto es "no-todo", lo que no significa que esté incompleto, que le falte siempre un pedazo, como habitualmente se entiende. Es "no-todo" en el sentido de que es lógicamente inconsistente y que se presenta bajo la forma de una serie a la cual le falta una ley de formación. Éste es también el motivo estructural que hace que el movimiento lacaniano se presente bajo una forma esencialmente dispersa […]”6.

Miller volvió ahora sobre este punto para destacar a propósito de la lógica “los dispersos descabalados”, que como efecto de la desidentificación al final del análisis el no-todo está articulado al Tanatos. La dispersión, el “cada uno a lo suyo”, corre el riesgo de imponerse sobre el eros de la Escuela, tiende a imponerse.

En este sentido, el pase contraría esta tendencia, permitiendo sustituir el cada uno a lo suyo por cada uno para la Escuela.

4.- Transferencia de trabajo, entre el confort y la crítica.

Lacan reservó la expresión de dispersos descabalados para aquellos que habían hecho el pase, a la vez que mantuvo una exigencia de asociación solidaria para los miembros de su Escuela, en los cárteles, en los grupos de trabajo, en las instancias que garantizaban el funcionamiento de su Escuela.

Es aquí, en el seno del afecto societatis, donde se reintroduce otra forma del solipsismo, del cada uno a lo suyo, pero esta vez bajo la fórmula “cada uno habla, cada uno piensa, sin que nadie tenga derecho a llevar la contraria a su vecino”. Es decir, cada uno monologa. Así pues, entre el no-todo de los dispersos y el grupo confortablemente unido en el monólogo, ¿qué lugar para la transmisión y la transferencia de trabajo?

En el texto que escribí para Lacan Hispano señalé como un síntoma de nuestra Escuela la dificultad para la crítica. Miquel Bassols tomó este mismo punto en su texto “La orientación es la transferencia de trabajo” al afirmar que ésta, “la transferencia de trabajo se funda en una crítica recíproca, sin acuerdos tácitos y más allá de las identificaciones supuestas al otro, pues de otro modo la comunidad analítica se convierte inevitablemente en una democracia de amos, cada uno en su rincón y sin molestarse demasiado unos a otros”7. Miller lo había subrayado en el Preliminar a su volumen ¿Cómo terminan los análisis?, allí dice: “En los primeros tiempos, cada uno de los testimonios públicos (de un AE) era seguido de un examen crítico minucioso por parte de un colega al que el AE respondía; se iniciaba un diálogo. Luego, este acuerdo, cayó en desuso. El crítico y el contradictor desaparecieron. La nominación ya no era una apuesta, sino una consagración. Nadie se aventuraba a discutir ni a evaluar las contribuciones de los AE. […] Sin embargo, con el paso del tiempo, se hizo evidente que muy pocas de estas contribuciones quedaban registradas en el “sentido común” de la Escuela. Recibidas con entusiasmo, los testimonios pronto cayeron en el olvido”8. Tomemos nota de esto, la consecuencia de este confort es el olvido, el fracaso en la transmisión.

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Paidós, Buenos Aires, 1990, p.159.
  2. Miller, Jacques-Alain. “Teoría de Torino acerca del sujeto de la Escuela”, El psicoanálisis, n.1. ELP, Barcelona, 1999, p.68.
  3. Ibid., p. 68.
  4. Ibid., p. 67-68.
  5. Ibid., p. 68.
  6. Ibid., p. 70.
  7. Bassols, Miquel. “La orientación es la transferencia de trabajo”, El psicoanálisis, n. 36. ELP, Barcelona, 2020 (Edición digital).
  8. Miller, Jacques-Alain. Cómo terminan los análisis. Grama, Buenos Aires, 2022, p.16.