Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis
El texto que sigue es el resultado del trabajo del cártel sobre Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis que se formó en el contexto del Seminario de la Comunidad de Cataluña sobre La Triada Romana y que fue presentado en la Sede de Barcelona.
Desvelar un Escrito de Lacan no es tarea fácil. Leer a Lacan a la letra, supone desbrozar la riqueza nunca agotada de las significaciones. Esforzarse en un trabajo de búsqueda de otras posibles significaciones puede de repente iluminar el texto. Se trata tal como Lacan nos recuerda de “hacerle responder (al texto) por las preguntas que nos plantea a nosotros, tratarlo como una palabra verdadera”1.
El esfuerzo de lectura del texto produjo efectos que después he reconocido como efectos de formación, dadas las frecuentes ocasiones en las que el texto vuelve a mi memoria, ocasiones en las que mi quehacer como psicoanalista parece provocarlo (al texto).
Palabra
Una evidencia a la entrada, el psicoanálisis no tiene otro medio que la palabra del paciente, palabra que llama a una respuesta incluso si esa respuesta es el silencio. Desatender esa evidencia, provoca que se experimente con más fuerza el llamado de la palabra, “si el psicoanalista ignora que así sucede en la función de la palabra, no experimentará sino más fuertemente su llamado, y si es el vacío el que primeramente se hace oír es en sí mismo donde lo experimentará y será más allá de la palabra donde buscará una realidad que colme ese vacío”2. Es decir, si el analista desatiende la cuestión, rellenará el vacío que se hace oír y que él mismo experimenta, con una realidad cualquiera, como por ejemplo el análisis del comportamiento del sujeto para encontrar en él ”lo que no dice”3. Y es de este modo (después de haber analizado la conducta del sujeto) que forzará la confesión recuperando la palabra vuelta ahora sospechosa en ese forzamiento para hacerle decir lo que no dijo. “[…] no haber respondido sino a la derrota de su silencio”4es el modo casi poético como Lacan sugiere que si la palabra se volvió sospechosa es porque fue reclamada después de haber sido desatendida.
Lo que destaca es que el vacío que podría hacerse oír si la palabra no fuera desatendida, no es otra cosa que el llamado a la verdad, llamado que es más trascendente que cualquier necesidad del sujeto. Vacío que este pretenderá colmar con una seducción del analista en la que se complace como monumento a su narcisismo. Recordándonos que hay una diferencia entre el espejismo del monólogo con el que el sujeto se satisfaría y el trabajo forzado de un discurso supuesto de asociación libre, que no tiene nada de libre. Al trabajo esforzado lo llama la obra.
Palabra vacía
La frustración que el sujeto puede percibir en el análisis no depende del silencio del analista, más bien al contrario, una respuesta aprobadora a la palabra vacía puede ser más frustrante que el silencio. Sugestivo inicio para avanzar en la consideración. La frustración es inherente al discurso del sujeto que, por más que se esfuerce en todo el desarrollo que de sí mismo hace en el análisis, no dejará de reconocer, en ese ser que dice ser, que no es otra cosa que su obra en el imaginario. Esta obra que con esfuerzo reconstruye para el Otro, reencuentra la enajenación fundamental que lo hizo ser para ese Otro. Es el yo que es frustración en esencia, frustración de un objeto donde su deseo está enajenado. Por más que el sujeto alcanzase esa imagen de si, la más parecida, no alcanzaría en modo alguno aquello de lo que el Otro goza. El yo es por excelencia lo que constituye la palabra vacía del sujeto, que como estructura obtura los efectos del inconsciente. “No hay respuesta adecuada a ese discurso, porque el sujeto tomará como de desprecio toda palabra que se comprometa con su equivocación”5. En la palabra vacía “el sujeto parece hablar en vano de alguien, que, aunque se le pareciese hasta la confusión, nunca se unirá en él en la asunción de su deseo”6.
Toda intervención que se haga en el nivel del yo desencadenará forzosamente la agresividad y será tomada como una denuncia de las intenciones imaginarias del discurso, que pretende desmontar lo que el sujeto ha construido para defenderse. Lacan nos recuerda que es lo que dio en llamarse el análisis de las resistencias, del cual no duda en señalar su vertiente peligrosa. Que el analista señale que el sujeto se defiende de, puede desencadenar el final de la experiencia.
Le parece entonces que apuntar al hic et nunc del que algunos psicoanalistas hicieron el fundamento del análisis “puede ser útil con tal de que la intención imaginaria que el analista descubre allí no sea separada por él de la relación simbólica en que se expresa”7. Se trata de la cuestión de la intersubjetividad que tuvo su trascendencia en la primera enseñanza, en la que el registro de la verdad se concibe en la fundación de la intersubjetividad, allí donde el sujeto no puede captar sino la subjetividad del Otro absoluto. El citado párrafo alerta de la intersubjetividad imaginaria, para distinguirla de la intersubjetividad simbólica en la que hay al menos tres en la estructura, el analista, el analizante y el lugar del Otro como lugar del inconsciente, estableciendo una neta distinción entre el yo imaginario y el yo (je) simbólico.
Nada debe ser tomado como siendo referente al yo del sujeto, ¿cómo podría haber un progreso en el trabajo que el sujeto hace si ello fuera así? Si su relato asumido daría cuenta del “no he sido esto sino para llegar a ser lo que puedo ser”8.
Todo lo contrario, el arte del analista debe ser suspender las certidumbres del sujeto, para escandir en el discurso su resolución, por más vacío que este aparezca. La palabra, aunque desgastada sigue funcionando para el intercambio, y aunque no comunique nada conserva su valor de comunicación. Aun negando su evidencia, la palabra constituye su verdad, incluso si el discurso está destinado a engañar. Se trata pues de que el analista sepa a qué parte del discurso está destinado lo que llama el término significativo, emergencia del inconsciente, y que opera de distintos modos. A modo de ejemplos, tomar el relato de una historia cotidiana como una enseñanza del sujeto “que a buen entendedor pocas palabras”9, escuchar un largo relato como una simple interjección o bien un pequeño lapsus por una declaración compleja. Lo que da cuenta que sólo se opera sobre el discurso, incluso si este no está hecho de palabras dichas. La interpretación es entonces una puntuación feliz que libera al término puntuado de su marco rutinario y del sentido que en él fue retenido. Puntuación que si es afortunada precipita los momentos concluyentes del análisis.
Palabra plena
En el otro extremo de la experiencia analítica, el que se aleja del espejismo de lo imaginario, está “oponer al análisis del hic et nunc el valor de la anamnesis, […] a la intersubjetividad obsesiva la intersubjetividad histérica, al análisis de las resistencias la interpretación simbólica”10. Es aquí donde sitúa la palabra plena.
La intersubjetividad, concepto como decía de la primera enseñanza, se refiere a la relación de sujeto a sujeto que apunta a implicar al sujeto analizante en su propio mensaje, pero también al analista con el suyo. Lacan hizo de ello un desarrollo en Intervención sobre la transferencia con el caso Dora señalando las escansiones dialécticas que en él se producen. Se trata de la intersubjetividad que introduce la disimetría en la relación, puesto que el analista escucha, puntúa e interpreta el discurso del sujeto y es de este modo que introduce la instancia del Otro. “[…] la alocución del sujeto supone un “alocutorio” dicho de otra manera que el locutor se constituye aquí como intersubjetividad”11y es en esa continuidad intersubjetiva (intervalar la llama) donde se constituye su historia. Intersubjetividad simbólica que se distingue de la imaginaria precisamente por la emergencia del lugar tercero.
Freud descubrió a través de las histéricas el acontecimiento traumático, acontecimiento reconocido como la causa del síntoma, la puesta en palabras del uno permitía el levantamiento del otro. Lacan afirma que no se trata de una toma de conciencia recordando que en el estado hipnótico la conciencia está disociada. Más bien se trata de introducir el acontecimiento en una narración “ha hecho pasar al verbo”12. La narración no es otra cosa que la estructuración del acontecimiento mismo, lo que supone que la verdad no preexista al sujeto, tampoco se expresa, se crea en el relato mismo. Destaca la idea de la epopeya en la que el sujeto inscribe su historia, como algo inseparable de la temporalidad en la cual no hay coincidencia entre el acontecimiento y su significación. Es la revelación histérica la que nos presenta el nacimiento de la verdad en la palabra, lo que Lacan considera es deudor de la ambigüedad de su discurso, afirmando que no es por ser embustero, sino por tropezar con la realidad de lo que no es ni verdadero ni falso. Como en el caso del proton pseudos, la verdad se funda en una mentira.
Apoyándose en Freud, Lacan afirma que de lo que se trata en psicoanálisis es de una anamnesis vinculada con la verdad, no con la realidad del acontecimiento. Es el efecto de la palabra plena “reordenar las contingencias pasadas dándoles el sentido de las necesidades por venir”13 es decir que las contingencias pueden leerse retroactivamente como necesarias, aquello que pudo parecer accidental se convierte en contingente y necesario. Es lo que nombra con el tiempo verbal futuro anterior “lo que se realiza en mi historia no es el pretérito definido, ni el perfecto […] sino el futuro anterior de lo que yo habré sido por lo que estoy llegando a ser”14. Es el futuro anterior el que da cuenta del aprés-coup que implica la caída del tiempo como un continuo. Esta es la realización del sujeto en el análisis.
La palabra plena encuentra entonces su lugar en la interpretación y por lo tanto en el inconsciente, que se definen a partir de ella en los mismos términos. Es una palabra con la que el sujeto construye su historia que se distingue bien del desarrollo cronológico de los hechos. Es la constitución anticipatoria y retroactiva del sentido lo que los distingue, es el après-coup freudiano. Se trata del reordenamiento de los acontecimientos cronológicos que reciben un sentido hasta ahora desconocido para el sujeto. Retroacción que cuando es eficiente realiza una reestructuración del sujeto.
Si tal como Lacan señala el inconsciente es el capítulo censurado de la historia del sujeto, la interpretación encuentra su lugar reduciendo esa opacidad, “perfeccionando la historización actual de los hechos que determinaron ya en su existencia cierto número de “vuelcos históricos”15. Esos elementos que ya en su momento no encontraron significación, y para los que la interpretación producirá la retroacción significativa en el presente.
Notas:
- Lacan, Jacques. “Respuesta al comentario a Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud”. Escritos I. Siglo XXI, México, 2009, p. 363. ↑
- Lacan, Jacques. “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”. Escritos I. Siglo XXI, México, 2009, p. 241. ↑
- Ibid., p. 284. ↑
- Ibid., p. 241. ↑
- Ibid., p. 243. ↑
- Ibid., p. 246. ↑
- Ibid., P. 244. ↑
- Ibid., p. 244. ↑
- Ibid., p. 245. ↑
- Ibid., p. 247. ↑
- Ibid., p. 250. ↑
- Ibid., p. 247. ↑
- Ibid., p. 248. ↑
- Ibid., p. 288. ↑
- Ibid., p. 251. ↑

Socia de la sede de Barcelona de la Comunidad de Catalunya.
