“Del flechazo”
Este subtítulo lo tomé prestado de Stendhal, escritor parisino de la primera mitad del siglo XIX, más precisamente del capítulo 23 de su libro Del Amor. Según Ortega y Gasset, un teorizador, que a diferencia del filósofo ?que no tiene más que una teoría? llega a la fórmula doctrinal movido por un afán exasperado de coincidir con la realidad. Es así que escribe casi un tratado sobre el amor. Según Ortega y Gasset, en Stendhal “la doctrina desciende a mero idioma, y sus teorías se vuelven canciones, que dicen la verdad, pero no de las cosas sino del cantor”. Para este filósofo y algunos lectores más de Stendhal el error de su teoría se basa en confundir enamoramiento con amor. Ortega y Gasset dice “no confundamos la parte con el todo”; podríamos leerlo así: no confundamos el enamoramiento, como detalle, con el amor, como un Todo.

Es la noción de “flechazo” que popularizó Stendhal y que él mismo aborda como “una expresión ridícula que habría que cambiarla, pero la cosa existe”, la que me lleva a un feliz hallazgo, que es la traducción de este término al francés, coupde foudre. En español tenemos también algunas traducciones tales como “amores fulminantes” o “golpes de rayo”, un golpe para el que lo da y para el que lo recibe, una herida; hasta es traducido como una fatalidad, una desgracia inesperada. Es que esta voz “coup” entra en todas las frases que denotan una acción, y siempre necesita de otras palabras para nombrar aquello que quiere decir. Pero más allá de las formas que cada lengua tenga para nombrar este acontecimiento, me parece importante subrayar la dificultad de su traducción. Y propongo pensar esta dificultad en que es un significante que no es cualquiera. Es un golpe, un rayo, una centella, un meteoro.

En su curso de 1989, Los divinos detalles, Miller dice que “el flechazo tiene buenas razones para interesarnos (…) porque los divinos detalles (…) se encuentran en primer plano en él, hasta el punto que por ciertos aspectos sería posible establecer una clínica del flechazo”.

Es esta noción de “flechazo” la que me ha permitido darle un eje a este trabajo, no sin el encuentro previo con una conferencia que dio Miller ese mismo año en Buenos Aires. Allí, de alguna manera, deja en suspenso la lectura de la historia de “una pareja famosa en la historia argentina que también hubiera podido ser estudiada, pero no tengo la competencia necesaria para ello, creo que ustedes me entienden”.

Perón y Evita. Un tipo particular de pareja en la cultura argentina
Interpretando esta propuesta, y lejos de sentirme poseedora de tal competencia, mi idea fue hacer una pequeña lectura de la vida amorosa de esta particular pareja, a partir de su encuentro, pensado como un “flechazo”, entre Juan Domingo Perón y Eva Duarte. Una historia de amor entre este hombre y esta mujer cuyo encuentro no sólo marcó sus vidas y sus cuerpos, sino que marcó la dirección política de un pueblo, signado por la desorientación. Este encuentro que podría pensarse como un “divino detalle” en esa gran ficción simbólica que es el peronismo. Un “divino detalle”, expresión tomada por Miller del novelista ruso Nabokov. Un detalle que aparece desproporcionado respecto de su pequeño tamaño. Dice allí Miller que en general, el conjunto más el pequeño detalle cambia todo completamente. Este poder del pequeño detalle nos indica que vale más que el Todo, el Todo del Uno, el todo unificado, y que eso es lo “divino”. Podríamos decir así que al Dios del Uno, el divino, lo desplazamos al detalle.

Esto marca una diferencia del psicoanálisis con la concepción filosófica de Ortega y Gasset, que en su crítica a la teoría de Stendhal dice “no confundamos la parte con el todo”. El psicoanálisis procede examinando los detalles, el detalle de la letra, del significante, pero en referencia a la letra; el detalle de la palabra pero en referencia a la escritura. La interpretación psicoanalítica se dirige siempre al detalle y no al todo. Si hay un espíritu del psicoanálisis, está articulado, enraizado en la letra.

De allí que intentaré, desde las letras de estos dos protagonistas, transmitir cómo se inscribió ese encuentro, en él y en ella.

El encuentro desde ella: “una estampa indeleble”
Propongo tomar las letras de Eva Perón en La razón de mi vida casi como un testimonio, al igual que Mi mensaje, ambos escritos empapados por una marcada idealización de la figura de Juan Domingo Perón: la razón de su vida, su causa.

Eva llama en este libro “mi día maravilloso” a aquel día en que se produjo el encuentro con Perón. Y lo escribe así: “en todas las vidas hay un momento que parece definitivo. Es el día en que una cree que ha empezado a recorrer un camino monótono, sin altibajos, sin recodos, sin paisajes nuevos. Una cree que, desde ese momento en adelante, toda la vida ha de hacer ya siempre las mismas cosas, ha de cumplir las mismas actividades cotidianas, y que el rumbo del camino está en cierto modo tomado definitivamente. Eso, más o menos, me sucedió en aquel momento de mi vida. Dije que me había resignado a ser víctima. Más aún, me había resignado a vivir una vida común, monótona, que me parecía estéril pero que consideraba inevitable. Y no veía ninguna esperanza de salir de ella. (…) pero, en el fondo de mi alma, no podía resignarme a que aquello fuese definitivo. Por fin llegó “mi día maravilloso”. Todos o casi todos tenemos en la vida un “día maravilloso”. Para mí, fue el día en que mi vida coincidió con la vida de Perón. El encuentro me ha dejado en el corazón una estampa indeleble; y no puedo dejar de pintarla porque ella señala el comienzo de mi verdadera vida. (…) En aquel momento sentí que su grito y su camino eran mi propio grito y mi propio camino. Me puse a su lado. Quizás ello le llamó la atención y cuando pudo escucharme, atiné a decirle con mi mejor palabra: si es, como usted dice, la causa del pueblo su propia causa, por muy lejos que haya que ir en el sacrificio no dejaré de estar a su lado, hasta desfallecer. El aceptó mi ofrecimiento. Aquel fue “mi día maravilloso”.

El encuentro desde él: “Un gozoso fatalismo de la vida”
Cuando me arrojé a esta empresa que me ocupó el año anterior y éste, en principio me dispuse a buscar cómo transmitieron este encuentro los dos protagonistas de esta historia de amor. Hay mucha bibliografía en la que este encuentro es relatado por ella; pero de parte de él, no se dijo mucho. Y en este recorrido me encontré con una publicación reciente donde se transcribe una carta de puño y letra de Perón. En el prólogo a esta publicación intitulada “Cómo conocí a Evita y me enamoré de ella” él “nos invita a recorrer su intimidad y descubre con intensidad cómo se gestó y en qué se transformó esta historia de amor entre el hombre y la mujer que más hemos admirado”. Este documento, contextualizado históricamente en 1955, muestra un Perón expulsado de la Argentina, perseguido, y asilado en Panamá. Un Perón “sentimentalmente solo”, que desde ese lugar intentó transmitir algo que ya se había escrito.

La frase inicial del documento atraviesa todo el texto. “Eva entró en mi vida como el destino”, palabras que intentan transmitir que ese encuentro no fue un hecho azaroso, sino como un designio más allá de sus propias voluntades “como un gozoso fatalismo de la vida”. “Fue un trágico terremoto que sacudió la provincia de San Juan, en la cordillera, y destruyó casi enteramente la ciudad, el que me hizo encontrar mi mujer. (…) Entre los tantos que en aquellos días pasaron por mi despacho, había una joven dama de aspecto frágil, pero de voz resuelta, con los cabellos rubios y largos cayéndoles a la espalda, los ojos encendidos como por la fiebre. Dijo llamarse Eva Duarte, ser una actriz de teatro y de la radio y querer concurrir, a toda costa, a la obra de socorro para la infeliz población de San Juan” (…) “Hablaba de manera vivaz, tenía ideas claras y precisas e insistía en que se le confiara un encargo (…). Yo la miraba y sentía que sus palabras me conquistaban; estaba casi subyugado por el calor de su voz y de su mirada. Eva estaba pálida pero mientras hablaba su rostro se encendía. Tenía las manos escuálidas y los dedos ahuesados; era un manojo de nervios. Discutimos largo rato. Era la época en que en mí se abría camino la idea de dar vida a un movimiento político que transformase radicalmente la vida de la Argentina”. Así, él marca este momento como el encuentro.

Hasta acá podemos leer que en gran parte ambos hablan de este encuentro como un hecho de la Providencia, algo del orden de lo divino. Y el flechazo es un término muy apropiado para mostrar el origen divino que se imputa al amor.

Del semblante fálico y el encuentro sexual
Deslindando la noción de “semblante fálico” nos queda que el primer término recién es forjado por Lacan en el Seminario 18; sin embargo el término “fálico” lo encontramos desde el Seminario 1, y en especial en el Seminario 3 donde elabora una noción de falo como meteoro. El falo, semblante por excelencia que polariza la relación entre los sexos. La teorización de Lacan sobre el semblante, en ese primer período de su enseñanza, toma su eje en una primacía de lo simbólico sobre lo imaginario, en oposición a lo real. Se podría decir que en esa época, a ese “objeto fálico”, ese objeto imaginario que evoca una falta, un deseo, ese objeto significantizado, le va muy bien el nombre de “semblante” -concepto que como dije antes, recién aparece 20 años más tarde en la obra de Lacan- cuyo uso no sólo difiere del de “apariencia” sino que permite salir definitivamente del planteo filosófico y epistemológico que implicó desde siempre este término.

Es entonces esta perspectiva del semblante, la que determina el abordaje de la sexualidad femenina y el amor durante los años ’50 en Lacan, quien a la mejor manera freudiana, analiza la vida amorosa puntuando sus desencuentros, sus errancias, sus desvaríos, el malentendido fundamental que toma sus vestiduras y sus semblantes en la psicopatología de la vida amorosa. La clínica de «la relación entre los sexos» ?de acuerdo al término utilizado por Lacan en La significación del falo? es orientada por el falo en los juegos de semblantes en tanto el falo mismo es un semblante. Dice en este Escrito que “girarán alrededor de un ser y un tener que por referirse a un significante, el falo”, tienen un efecto contrariado. El ser y el tener involucrados incluyen el parecer en la relación sexual por la acción del significante fálico.

Proteger el tener, buscar ser, enmascarar la falta, parecer ser, construir un tener, todos ellos son semblantes que entretejen la relación entre los sexos. Así, el falo mismo como semblante es un velo que esconde, disimula la castración.

Ella, Eva, una provinciana cuya historia familiar la marca como “hija ilegítima”, marcha a los 15 años a la gran ciudad, con una incipiente carrera de actriz de radio que le fue permitiendo construir sus vestiduras. Pero así, vestida de falo, sosteniendo un semblante de ser el falo, evoca así, no tenerlo. Es en este Escrito donde Lacan sostiene que la mujer es un sujeto que no tiene, y su deseo está marcado por este no tener, aunque esté en un trono. Esto lo ilustra la figura literaria de “la mujer pobre” que sitúa un menos de entrada. Así podríamos hablar de un fantasma de injusticia fundamental, propio de la clínica femenina. En Eva podemos pensar que su no tener se sublima en no tener derecho, una ilegitimidad que la marcó desde su nacimiento. La hija ilegítima. De ahí a fabricarse un ser con la nada.

Él, con su traje y sus medallas, su nombre cada vez más aclamado. Un líder político, con una prestancia tal que lo sitúa en ese encuentro a nivel de tenerlo. Aparentando tenerlo.

Haciendo una lectura desde lo que podemos considerar un primer momento de conceptualización del falo, única referencia a partir de la cual se inscriben los sexos y se configuran sus relaciones, podemos pensar este singular encuentro, con estos detalles. Él y ella en un espacio real de encuentro. Un encuentro que sólo es posible a partir de semblantes. Única manera de abordar al otro sexo, a partir de objetos imaginarios que despiertan un deseo; imágenes que son atractivas en tanto evocan una falta, porque tienen esa función de velo.

Del “Goce fálico y el encuentro sexual”
Eso por un lado. ¿Y a la hora de la verdad? Porque sabemos que nada a nivel de los semblantes nos dice cómo cada cual, a partir de esa falla estructural ?ese detalle que plantea el psicoanálisis? cómo cada uno se enfrenta con ella.

A partir del Seminario 18, Lacan comienza a trabajar la particularidad de la posición femenina y masculina e introduce lo que luego se cristalizará en el Seminario 20: el falo como función, concepción que dará lugar a las fórmulas de la sexuación. El recorrido atinente a los juegos de semblantes de la dialéctica fálica no desaparece sino que cobra una nueva significación a partir de los elementos teóricos que Lacan introduce a continuación. El falo es definido entonces como «el goce sexual por cuanto está coordinado con un semblante, es solidario de un semblante».

En el caso de la pareja que nos ocupa, y con la propuesta de Lacan en el Seminario 20 de “suponerlos en cama, una cama de pleno empleo, una cama para dos” no existen muchos documentos que hablen de los encuentros sexuales de esta pareja, más que aquellos usados políticamente para impotentizar al Padre, sin saber que en ese mismo movimiento se lo sostiene como Amo. Y lo mismo se encuentra del lado de ella, apreciaciones sobre una vida sexual promiscua, una dirne, una puta. Lo que la ubica como una Otra por excelencia, para las damas de la oligarquía.

Lo que rescaté de esta carta de Perón en 1955, es un pequeño detalle. Al relatar el momento en que fue apresado y enviado a la Isla Martín García, dice “Eva Duarte trabajaba por mí. Tomó la dirección del movimiento (…) y en breve puso una carga explosiva en el alma de la Nación. Tampoco ella tuvo días tranquilos; llamada a la Secretaría de la Presidencia fue invitada a no ocuparse de política y a volver a su trabajo en el teatro. En respuesta, Eva llevó a nuestra gente a las plazas y el 17 de octubre de 1945 se puso a la cabeza de los ”descamisados” que en la Plaza de Mayo amenazaron incendiar la ciudad si no me ponían en libertad” (…) “finalmente libre, Eva había vuelto a trabajar conmigo con más espíritu y mayor pasión. Pensábamos con el mismo cerebro, sentíamos con el mismo corazón. Era natural por tanto que en tanta comunión de ideas y de sentimientos naciese aquel afecto que nos llevó al matrimonio. (…) Y acá viene la única referencia que encontré en estas letras: “Trabajábamos día y noche; con frecuencia, durante semanas no nos veíamos y cada encuentro desde el punto de vista sentimental, era una novedad, una sorpresa” y cuenta que hasta se vieron obligados a aplazar su Luna de Miel. “Eva se puso inmediatamente al trabajo; desde aquel momento perdí prácticamente a mi mujer. Nos veíamos raramente y de pasadita, como si viviésemos en dos ciudades distintas. (…) Un día le dije “Eva, descansa y piensa que también eres mi mujer. Ella se puso seria y me respondió: es justamente así como me doy cuenta de que soy tu mujer”.

Algo que muestra que Eva también estaba enterada de esto, de que este tipo particular de relación que pudieron escribir, fue una elección. Y se refleja en una carta que ella escribe poco tiempo antes de morir. “Había soñado que algún día ?al igual que todos los hombres y mujeres buenas y sencillas? tuviéramos un hogar que fuera únicamente nuestro, para en la intimidad de su calor, dedicarte solamente a ti todos mis minutos, rodeándote de todos mis cuidados y de todo mi amor de esposa y compañera (…). Una vez más no ha podido ser y otra vez has tenido que sacrificar todo lo que es nuestro a lo que es de todos: la Patria y el Pueblo”.

El primer flechazo, dice Miller, fue el de Adán por Eva; un flechazo del cual no sabían nada. Podemos pensar con esta referencia que en Perón hubo un flechazo con Eva, pero de Eva ¿podemos decir lo mismo? Esto marca otra dirección, otra lectura, partiendo una disimetría entre los sexos, partiendo de la noción de falo como función, función a la que tendrán que apuntarse, una vez confrontados con el agujero de la no relación sexual.
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Referencias bibliográficas:
ORTEGA Y GASSET. Amor en Stendhal. Stendhal.Del amor. Literatura. Alianza Editorial. Madrid, 2003
STENDHAL. Del amor. Ed Biblioteca. Edaf.Madrid, 1998
MILLER, J-A. Conferencias Porteñas. Tomo 2. Ed Paidós. Bs As 2009
MILLER, J-A. De la naturaleza de los semblantes. Ed Paidós, Bs As 2008
MILLER, J-A. Los divinos detalles. Ed Paidós, Bs As 2010
LACAN, J. El Seminario, Libro 22. Clase del 21/01/1975. Inédito
LACAN, J. El Seminario, Libro 3.
LACAN, J. “La significación del falo” Escritos
PERON, EVA. “La Razón de mi vida”
PERON, JUAN D. “Cómo conocí a Evita y me enamoré de ella”
PERON, EVA. “Mi mensaje”.

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