Cloe Masotta escribe los ecos del encuentro con su padre.

El 19 de febrero de 2021 Cloe Masotta, acompañada de Nora Ancarola, Frederic Montornés y Miquel Bassols, presentó vía zoom su texto-objeto Tendremos que encontrar un lugar donde encontrarnos. Lo hizo en un lugar familiar, en la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona.

Oscar Masotta, fundador de esta Biblioteca en 1977, murió antes de llegar a los cincuenta años. Cloe era una niñita. Masotta tenia un estilo de vida rápido, intuitivo. Llegó a Barcelona y convenció. Convenció de que Jacques Lacan era un autor claro. Un psicoanalista parisino que no solo ponía al día a Freud, interpretaba la subjetividad de la segunda mitad del siglo XX. Algo que los catalanes y españoles estuvimos a un tris de perdernos.

Masotta era enigmático y atractivo. Un personaje polifacético surgido del mundo de la Nouvelle Vague de Godard. Sabía hacer con el cigarrillo entre los dedos. Mantenía la mirada desenfadada. Era una aparición. Regresaba del futuro, desde un Buenos Aires familiar por aquello del exilio republicano y de Evita Perón. Atravesó la pantalla de À bout de soufflé y encarnó un Belmondo que sedujo en Barcelona y en otros lugares de España a gente de letras y de la antipsiquiatría del momento. Algunos nos sentimos la Patricia de Jean Seberg.

Viajó en nuestros sueños.

Cloe Masotta, acompañada de un poema de Maria Mercè Marçal que nos recuerda Bassols1, enfrenta el vació de la presencia de un padre que no fue cualquiera. Entre el 2014 y la actualidad, una serie de acontecimientos y compañías la ayudan a invocar, encontrar, esa ausencia temprana para ella y para el psicoanálisis en España.

Cloe no avanza en solitario. Hay una serie. Todo empieza en el encuentro con Ana Longoni y su proyecto. Cloe se involucra en la preparación de la exposición Oscar Masotta. La teoría como acción, que se inaugurará en el MACBA el 2018. Luego su viaje a la Argentina en 2016, acompañada de Andrés Duque. Un viaje lleno. Hace entrevistas a unos y a otros. Encuentra en un cajón de la casa familiar las cartas del padre a la abuela. Vive la luminosa postal dirigida a Marcelino Masotta, el bisabuelo napolitano que según la leyenda familiar fue sastre del rey.

Y también tiene su tiempo de elaboración. Acompañada en el trabajo por Mireia Sallarès2, Álex Gifreu y Guille Mongan. Con la amistad cercana de Nora Ancarola y Frederic Montornés. Y la mesa de luz para trabajar y marcar las cartas.

Trenza con hilo de sutura la serie de imágenes de su vida familiar y redescubre a los que sí estuvieron en su infancia, su madre y Marcelo Ramírez Puig. Marcelo fue la compañía inseparable para las pelis de la memoria sentimental.

La obra de Cloe, ese objeto que cose con hilo rojo cartas, fotos, postales y relatos, evoca los cuerpos exquisitos 3 de una banda que rompió con la mediocridad gris del largo tardofranquismo barcelonés.

Vuelve, con acierto, un comentario de Bassols en la presentación. Masotta escribió: “Pero ¿qué es lo que hace que una banda pueda articular las oscuridades de hoy en una ciencia del porvenir?”4. La banda que Masotta juntó sigue después de cuarenta años y Cloe, con su texto-objeto, anima recuerdos.

Cloe es generosa. Regala pistas para hacer resonar las imágenes y las palabras.

 

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Notas:

  1. Con hilos de olvido, la aguja enhebra… cose la memoria, la zurcidora ciega”. Marçal, Maria-Mercè. Raó del cos. Edicions 62, 2000.
  2. Tutora del proyecto que se enmarca en la Barcelona-Producció 2019-2020-La Capella.
  3. Es el título de un ensayo de Cloe Masotta en la colección Breus CCCB sobre identidades y deseo en las películas del Archivo Xcéntric.
  4. Bassols, Miquel. “Oscar Masotta, los ecos de un estilo”. Zadig España, 2021. Disponible en Internet.