Brasil y el error de la evidencia científica
El penalti fallado por Brasil ante Noruega reabrió un debate interesante. Carlo Ancelotti explicó que el lanzador había sido elegido porque, según los datos era la mejor opción disponible. Sin embargo, el portero detuvo el disparo y Brasil quedó eliminado.
La estadística ofrece probabilidades. Si un jugador convierte ocho de cada diez penaltis, eso también significa que dos de cada diez los fallará. El problema aparece cuando se olvida que la probabilidad nunca equivale a la certeza.
En psicología sucede algo semejante. Cuando se trata de un sujeto, siempre hay un resto que escapa a la media.
Es precisamente ahí donde el psicoanálisis aporta una perspectiva singular. No parte de la idea de que un individuo es la aplicación de una estadística, sino de que cada sujeto mantiene una relación única con su historia, su deseo, sus síntomas, sus circunstancias, su manera de gozar y sus modos de responder. Lo que resulta eficaz para la mayoría puede no serlo para alguien en particular.
Allí donde la evidencia busca respuestas generales, el psicoanálisis escucha aquello que hace irrepetible a cada sujeto.
El psicoanálisis nos recuerda que, cuando hablamos de seres humanos, siempre existe una dimensión singular que ninguna estadística (agrego: ni manual) puede calcular. Como en el penalti de Brasil, la probabilidad indicaba una dirección; la realidad, tomó otra.
En el fútbol de toda la vida, probablemente la elección del lanzador habría sido hecha de otra manera. No solo se habría tenido en cuenta quién tenía el mejor porcentaje de aciertos, sino también quién estaba más confiado, quién había pedido el balón, quién tenía personalidad para asumir ese momento, cómo había jugado durante el partido o incluso la intuición del entrenador.
En otras épocas había un jugador que daba un paso adelante y decía: lo tiro yo. Había un acto. Es decir, factores difíciles de medir, pero que forman parte de la experiencia del juego.

Miembro de la ELP y de la AMP.
