Escuela y ciudad en la época
Si hemos propuesto Escuela y ciudad para trabajar en este encuentro de las Noches del Directorio ampliado en Zaragoza, es para interrogar su articulación en la actualidad.
Escuela, para subrayar el hecho de que se trata del psicoanálisis como tal, de la presencia y de las condiciones de posibilidad del psicoanálisis en la ciudad. Más allá, o más acá de su extensión ya que, para que haya extensión del psicoanálisis debe haber el psicoanálisis, cuya existencia es indisociable de la presencia del psicoanalista que es, precisamente, el asunto de nuestra Escuela. Jacques-Alain Miller subraya el carácter heterogéneo de la comunidad analítica que es la Escuela, en tanto incluye al no-analista. Esa heterogeneidad hace de la Escuela de Lacan una comunidad muy diferente de las sociedades psicoanalíticas clásicas “debido al hecho de que la Escuela busca qué es ser analista, mientras que una sociedad lo sabe”1. En nuestra Escuela “No existe la esencia del analista. Eso se juzga caso por caso”2. De ahí que el pase, aunque Lacan lo propone después de la fundación de su Escuela, es “un elemento constitutivo de dicha comunidad”.
Ciudad porque, como señala Christiane Alberti, la cuestión sobre el lugar del psicoanálisis en la ciudad o la incidencia del psicoanálisis en el vínculo social, “requieren determinar qué caracteriza a la ciudad de hoy en día, en un contexto donde precisamente la ciudad ya no existe, desde el momento en que el mercado globalizado ocupa ese lugar”3. Y este mercado, como señala Jacques-Alain Miller, “justamente se opone a la ciudad. Cuando decimos que el mercado domina, nos referimos a una sociedad que ya no está ordenada por el ideal, una sociedad que ya no tiene forma de ciudad, una sociedad a-centrada, sin centro, que está hecha de múltiples redes que se entrecruzan, y en una sociedad tal, la ley ya no es más la función dominante”4.
Lo que introduce este imperio del mercado es el imperativo de la cuantificación, paso del plus de goce a la contabilidad, como plantea Lacan: “Lo importante es que, a partir de cierto día, el plus de goce se cuenta, se contabiliza, se totaliza”5. Es decir, se inscribe como valor, y el sujeto queda reducido a una unidad de valor, comparable. Como señala Christiane Alberti “La ciudad de hoy en día, es la universidad generalizada […] En este sentido, el mercado no es una ciudad ya que los sujetos no tienen ningún discurso con el cual formar un vínculo social, salvo en el sentido de la segregación y de la comunicación generalizada. Los Unos-solos son relacionados sin el recurso de la interpretación y sin la presencia de los cuerpos”6. Es por otra parte una muy buena definición de la operación llamada Inteligencia Artificial.
¿Qué modos de articulación posibles de la Escuela y la ciudad, que ya no lo es, en la actualidad, contando, por otra parte, con que el lugar del psicoanalista respecto de la ciudad siempre ha sido atópico?
¿No hay una primera articulación posible, a partir de la posibilidad que ofrece el discurso analítico de tomar al sujeto como incomparable? La promesa del discurso analítico es lo contrario del discurso de la evaluación: “es «no serás comparado», ni siquiera de una sesión a otra”7. Las condiciones de posibilidad del psicoanálisis aparecerían así vinculadas al futuro del rasgo de humanidad del humano, de su singularidad.
Otra modalidad podemos deducirla de lo que señala Miller, cuando dice que lo que queda, después que la ciudad fue sustituida por el mercado, que el Otro voló en pedazos, tras la puesta en evidencia de los semblantes, etc., “es la práctica común del lenguaje en una comunidad […] de buenas voluntades de interpretación, en la que damos crédito al otro […] una pequeña comunidad de lenguaje con cierto principio de tolerancia —no comprendemos todo, pero nos decimos que es posible que esto quiera decir algo”8. ¿Una comunidad abierta a la contingencia de encuentros con quienes, aun desde otro discurso, estén en esta práctica común del lenguaje?
Articulando ambas modalidades podemos repensar y retomar iniciativas, que no son nuevas en nuestras Escuelas, como la puesta en marcha de dispositivos clínicos abiertos a la ciudad, no tanto para asegurar que el tratamiento psicoanalítico esté al alcance de quien lo necesite, como para, a partir de la lógica de construcción de esa “comunidad de buenas voluntades de interpretación”, dar la oportunidad a quienes sufren, de encontrarse con alguien que pudiera acompañarles en la lectura de su sufrimiento, quizá de su interpretación, orientándonos, como señala Andrés Borderías, por “la posición ética del sujeto respecto de su goce”. Ocasión para una experiencia clínica abierta al encuentro del síntoma en sus formas contemporáneas. Oportunidad también para el encuentro con una vertiente de “la ciudad”, como son sus dispositivos y sus profesionales, que es precisamente un ámbito donde podemos contrariar el discurso evaluador de una forma muy directa9.
Pero también ¿por qué no apropiarnos de la propuesta de Christiane Alberti para realizar acciones diversas que tengan que ver con las condiciones de posibilidad, en el contexto actual, de la experiencia analítica? Ella plantea: “extraer las consecuencias de un contexto dado, estudiar con precisión la relación de fuerzas en juego y juzgar qué acción llevar a cabo”10.
Sin desatender esta otra línea que me parece sumamente interesante: “Optar por inscribirse en el movimiento de la democracia […] y, desde ese lugar de debate, introducir una subversión. Como el psicoanálisis tiende a desidealizar la política, su influencia es la de un contagio por la causa del deseo”11. ¿Acaso desidealizar la política no es un recurso frente a desacreditar y desprestigiar la política? Vivimos, no es de ayer, un intento brutal de acabar con la política, en España es flagrante, pero no somos excepción, en Europa, en América, en Oriente Medio, en Rusia. Es también un ataque a la democracia, a sus instituciones y a sus procedimientos, también a los marcos jurídicos internacionales y a la diplomacia, parte fundamental de la política.
El psicoanálisis no es posible sin la democracia, inscribirse en su movimiento, es decir, sacar al psicoanalista de su rutina, que es una rutina terapéutica ¿para ir un poco más allá de la sensatez política? ¿Podemos orientarnos también ahí, a partir de la idea de que es muy peligroso aplicar las exigencias de la razón científica al orden social?12
Notas:
- Miller, J.-A. “El psicoanálisis, la ciudad, las comunidades”. El Psicoanálisis, n. 37. ELP, Barcelona, 2021, p. 31. ↑
- Ibidem. ↑
- Alberti, C., “Psicoanálisis en la ciudad”. Freudiana, 79. ELP, Barcelona, 2017, p. 27. ↑
- Miller, Jaques-Alain. “El psicoanálisis, la ciudad, las comunidades”. Op. cit., p. 29. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 17: El reverso del psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1992, p.192. ↑
- Alberti, Christiane. “Psicoanálisis en la ciudad”. Op. cit., p. 29. ↑
- Miller, Jaques-Alain. Todo el mundo es loco. Paidós, Buenos Aires 2015, p. 137. ↑
- Miller, Jaques-Alain. “El psicoanálisis, la ciudad, las comunidades”. Op. cit., p. 25. ↑
- “Entrevista a Andrés Borderías , director del nuevo Centro de Psicoanálisis Aplicado de Madrid”. NODVS, XLI, 2013. ↑
- Alberti, Christiane. “Trabajo de Escuela y Acción lacaniana”. Mondó, 2026. ↑
- Ibidem. ↑
- Miller, Jacques-Alain. “El psicoanálisis, la ciudad, las comunidades”. Op. cit., p. 28. ↑

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