Escuela y ciudad
Encuentro dibujado el paisaje de la Escuela de Lacan en la primera versión de la proposición del 9 de octubre. Allí escribe: “Partimos de que la raíz de la experiencia del campo del psicoanálisis planteado en su extensión, única base posible para motivar una Escuela debe encontrarse en la experiencia psicoanalítica misma”1.
Posteriormente, en el año 1969 Lacan enunciaba: Hay el psicoanálisis y hay la Escuela, y continuaba: “distinguir en esto que la Escuela se presenta como una persona moral, es decir, como cualquier otro cuerpo, sostenido por personas físicas ellas, y bien presentes”.
“El psicoanálisis en cambio, es función del orden del sujeto, el cual demuestra depender del objeto que, a ese sujeto, lo re-divide”2.
Mucho tiempo ha pasado desde estos escritos que surgieron en un contexto de critica a las sociedades analíticas. Con su propuesta, Lacan provocó un terremoto, la Escuela, decía, “no es del orden del pesa-persona”, y pedía poner toda la confianza en “el espíritu del psicoanálisis”.
En el banquete de los analistas Miller nos presenta esta criatura, ya crecida, como una “Escuela de analizantes respecto de la causa analítica, la cual, dice, sin duda colectiviza, pero no identifica”3. Y en la teoría de Torino sobre la Escuela sujeto, en mayo del año 2000, la define “como conjunto lógicamente inconsistente en el cual el único enunciado que podría colectivizarla seria nombrarla no toda”.
No sin humor, en “El analista ciudadano” Éric Laurent cuestionaba la figura del analista crítico, desidentificado que hacía presente un vacío, del cual señalaba su inutilidad en lo público, y presentaba un programa de trabajo para los analistas”. En su propuesta llamaba a los analistas al despertar y decía: “los analistas han de entender que hay una comunidad de intereses entre el discurso analítico y la democracia”4. “No solo han de escuchar, también deben saber trasmitir lo que tiene de humano el interés que tiene para todos, la particularidad de cada uno”.
Tenemos esta Escuela que tiene un pie en el Otro, con sus estatutos, sus sedes y sus pequeños localismos. Hay Escuela porque hay un deseo previo de inscribir en el Otro el saber extraído del psicoanálisis y hay el psicoanálisis, cuya experiencia más singular nos reúne, componiendo “una comunidad paradójica, donde, desde soledad radical de la experiencia psicoanalítica, tiene que surgir el deseo del sujeto de formar parte de una comunidad”5.
Freud encontró en la Acrópolis el escenario donde el pensamiento que lo asalta, y los afectos que convoca lo dirigen a plantearse nuevamente la culpa edípica. Para Lacan, “Baltimore al amanecer” supone la emergencia de un objeto que hace un llamado al sujeto. La ciudad entonces trasciende el hecho del lugar que habitamos, hace guiños y nos concierne como ciudad analítica. Hace signo, propone el escenario que interpela al sujeto. Llama, si sabemos hacerlo, al sujeto de ese inconsciente que Lacan definió como “cosa bastante precisa”6, hecho de palabras y de pensamientos. La ciudad aparece como resorte para el despertar del sujeto.
Sin embargo, Christiane Alberti afirma que la ciudad no existe más, desde el momento en que el mercado globalizado ocupa su lugar. Si las leyes de la ciudad son para todos, como nos recuerda Sócrates al tomar su cicuta, la ley actual, por causa de la prevalencia del discurso cuantificador es sometida al cálculo de la utilidad y queda abocada a una pérdida de sentido. Dice: Sin el recurso a la interpretación y sin la presencia de los cuerpos “los sujetos no tienen ningún discurso con el cual formar vinculo social salvo en el sentido de la segregación y de la comunicación generalizada”7.
ZGZ son las letras con los que la publicidad, ha reducido el nombre de la ciudad de Zaragoza, que impuso el goza en su toponímico cuando, por efecto del arado de la lengua, se perdió el Augusta que aparecía en su nombre originario. La reducción a las letras hace presente el agujero que la época convoca con la caída del Nombre del Padre.
Christiane Alberti señala que la enseñanza extraída de los finales de análisis ofrece a la Escuela “un campo de ejercicio amplio al vinculo social”, donde la Escuela puede insertarse dejando un sitio a la interpretación. Ya no más las identificaciones sino la identidad sintomal. Se compromete entonces, la responsabilidad de la escuela para la trasmisión del psicoanálisis al revés de la modernidad, haciendo obstáculo al discurso cuantificador, y aplicando la enseñanza extraída de la singularidad de los finales de análisis, al fragmentado marco del espacio social.
ZGZ, traza un espacio donde, más allá de los trampantojos de la época, se podría hacer vivir el discurso analítico y su posición con respecto a los fenómenos de odio y segregación que invaden la escena social.
Por tanto, ante la evidencia de la degradación de las democracias actuales; ¿Se impondría entonces la tarea de leer los malestares que los sujetos traen al análisis como brújula política de los modos de intervención de la Escuela en lo social?
Notas:
- Lacan, Jacques. “Anexo”. Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 606. ↑
- Lacan, Jaques. “Exhorto a la Escuela”. Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 313. ↑
- Miller, Jacques Alain. El banquete de los analistas. Paidós, Buenos Aires, 2000, p. 266. ↑
- Laurent, Éric. “Estamos todos locos”. El analista ciudadano. Gredos, Madrid, 2014, p. 71 ↑
- Alberti, Christiane. “Psicoanálisis en la ciudad”. Freudiana, n. 79. ELP, Barcelona, 2017, p. 32. ↑
- Lacan, Jacques. Psicoanalisis, Radiofonia & Television. Seuil, París, 1974, p. 86 ↑
- Alberti, Christiane. Psicoanálisis en la ciudad. Freudiana nº 79. Op. cit., ↑

Psicoanalista miembro de la ELP y AMP. Comunidad de Aragón.
