Transferencia y Escuela

Durante 3 encuentros nos hemos reunido en el espacio Asuntos de Escuela, en la Sede de A Coruña, para conversar sobre la transferencia enlazándola con un significante diferente en cada ocasión: juventud, acto analítico y Escuela; hoy conversaremos sobre la Escuela.

Se ha utilizado para orientar la conversación el texto Intervención sobre la transferencia, en el cual Lacan hace algunos apuntes usando como faro el historial clínico del caso de Dora; dirá antes de introducirse en su lectura del caso: “El psicoanálisis es una experiencia dialéctica y esta noción debe prevalecer cuando se plantea la cuestión de la naturaleza de la transferencia”1.

Hablar de psicoanálisis lleva inmerso hablar de transferencia y hablar de Dora es siempre especial; hay un antes y un después en Freud cuando se interrumpe el tratamiento de Dora y, por supuesto en consecuencia, un antes y un después en nuestra historia: la del psicoanálisis, los psicoanalistas y la escuela.

Volver a Dora puede resultar absorbente, siempre para mi hay una nueva lectura, un nuevo sesgo, un dato que pasé desapercibido y una constatación de cómo ha ido cambiando mi relación con mi inconsciente y con mi forma de leer a Freud y a Lacan.

No sabría describir como se puede entrar en transferencia con un texto, con un libro, con uno o varios autores; tampoco me interesa relatar como terminé entrampada en la neurosis de transferencia. En todo caso a ese punto quería llegar, a la neurosis de transferencia, porque el manejo de la transferencia en el tratamiento es lo que diferencia al psicoanálisis de otras disciplinas.

Para Freud, quien la describe en Recordar, repetir y elaborar2 se trataría de sustituir la neurosis del sujeto por una neurosis de transferencia como mecanismo para el trabajo, sin olvidar que puede ser un obstáculo en la cura. Siendo estas nociones fundamentales, podrían pasar por obviedades de la práctica y es precisamente ese uso que se hace de la transferencia, lo que exige examinarla en cada cura.

Las orientaciones de Lacan son bastante precisas, de hecho, él las llamará urgentes3; la primera ya la mencioné, todo el texto en cuestión se trata de una justificación de esa precisión en la que asegura que el psicoanálisis es una experiencia dialéctica. La segunda implica una clara diferencia con la psicología conductista en tanto su trabajo se centra en datos mudos y el nuestro en las palabras, asumiéndose además que detrás de la enfermedad se esconde una verdad y, advirtiendo sobre el riesgo de cosificar al ser humano.

Ahora bien, espero sigamos todos preguntándonos ¿Qué podría tener que ver todo esto con la Escuela? Tendré que decir la verdad, la mía por supuesto: la Escuela lo enmarca todo.

La Escuela, un marco de madera, de cobre, de plástico, grande, pequeño, robusto. endeble, arrugado, viejo, nuevo o como ahora nos gusta: joven. El asunto es que en esta puerta de entrada, cuando usted decide llegar se encuentra con 2 renglones, nada más.

Usted llega, escribe las medidas y ya está, le envían una Escuela a su casa, a su vida, a su biblioteca, a su historia y le advierto no habrá forma de zafársela. La Escuela se queda en usted; como el analista, como el psicoanálisis, como un buen encuentro o un mal encuentro con un analista, eso no se olvida, la transferencia tiene ese efecto.

En todo caso, la Escuela tiene la costumbre de escabullirse, confundirse, incluso puede aparentar que exige o rechaza; claro todo en apariencias, sino estaríamos despistándonos, entre el concepto de Escuela y la institución que hace de soporte.

Ante esa escurridiza costumbre con la que me encontré, yo decidí pragmáticamente ponerle medidas y presionar enter y cuando me fui a percatar ya era parte de mi vida; pero seamos cautos, con las medidas no basta hace falta el material.

Pues bien, dejaré el material para el final, primero quiero hablar de las medidas que es lo que nos trae acá, hablemos de la transferencia. Si bien decimos que existe un analista para cada analizante entonces no estaré yo tan descabellada para pensar que existe una Escuela para cada analizante. Si, analizante, porque esta, es una escuela de analizantes, en la que te encuentras analistas y no analistas, en la que existe la institucionalidad, pero se fundó y pretendemos funcione alrededor de un no saber.

Todo esto puede volverse opaco si no somos cuidadosos, por eso no hay que perder de vista las medidas y por supuesto tampoco los materiales. Sin embargo, algo para mi es claro, si la Escuela no tuviera la capacidad de escabullirse y confundirse difícilmente podría existir una para cada analizante. En una Escuela completa no hay espacio para más, ahora bien, entonces el asunto implica hacer existir este modo de funcionamiento en el que se pasó del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo que tiene en común la causa analítica, en un lugar con la capacidad de acoger al que llega.

Y los materiales, eso es lo más importante, el material le toca ponerlo a usted: con su cuerpo, en todo caso con un poco de su goce, su síntoma y por supuesto su deseo.

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. “Intervención sobre la transferencia”. Escritos 1. Siglo XXI, México, 2009, p. 210.
  2. Freud, Sigmund. “Recordar, repetir y elaborar”. Obras completas, vol. XII. Amorrortu, Buenos Aires, 1997, pp. 145-157.
  3. Lacan, Jacques. “Intervención sobre la transferencia”. Escritos 1. Siglo XXI, México, 2009, p. 210.