Dossier: Conversación de Escuela "Inventar la ELP cada vez"
Conversación de Escuela "Inventar la ELP cada vez"
Málaga, 21 de noviembre 2025
Primera mesa: Tratar políticamente lo imposible
La Escuela se encuentra permanentemente confrontada a la dificultad de constituir una comunidad de soledades, contrariando la deriva a la consolidación de pequeños grupos fraternales, pero también contrariando al aislamiento cínico.
- Mercedes de Francisco: "Tratar políticamente lo imposible"
- Marta Maside: "Hacer desear la Escuela"
- Ricardo Rubio: "De la singularidad y la dignidad"
- Antoni Vicens: "La Ilustración psicoanalítica"
Segunda mesa: Lo que habrá sido para lo que está llegando a ser
En una Escuela de psicoanálisis no se desconoce la distancia permanente entre el ideal y el objeto, entre lo que se proyecta en el horizonte del futuro y lo que el deseo y la contingencia precipitan.
- Jesús Ambel: "La Escuela y la amenaza de las libertades"
- Lucía D’Angelo: "Lo que habrá sido para lo que está llegando a ser"
- Constanza Meyer: "Lo que habrá sido para lo que está llegando a ser"
Tratar políticamente lo imposible
Mercedes de Francisco
Cada vez que hablamos de los efectos grupales dentro de nuestras instituciones, me da la impresión que se pronuncia como un antídoto que salvara de ellos. Efectos grupales, ya descritos por Freud… falta de crítica, homogeneización, sugestión, identificación al bigote del capitán en términos de Lacan. Estos fenómenos son un efecto, entre otros, de la “imposibilidad de la relación sexual”.
Pretender quedar fuera de la psicología de masas es una misión estéril, nadie se salva de eso. Por ello la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano en su conjunto, no está exenta.
La resistencia del analista consiste en rechazar al inconsciente en su anudamiento a lo Real y convertirlo en un anudamiento de simbólico e imaginario, donde la significación fálica se impone y se pierde el no-todo que conlleva lo Real. Si digo pan no comeré, si digo agua no beberé como decía Pizarnik.
Lacan advertía, en los Complejos Familiares, la tendencia del pensamiento a psicologizar. El analizante, en su recorrido analítico y para llegar a autorizarse debe entrever qué, de su historia le hace y le permite elegir, a la vez, que le obstaculiza, ocupar este lugar de desecho de la operación. ¿Están muchos dispuestos a esto?
La política de la juventud de las Escuelas no la he leído como un llamado a las masas, si somos estrictamente freudianos sabemos que ello no ocurrirá pues la tontería como rechazo al inconsciente es tan ineliminable como los fenómenos de masas, pero es necesario que se acerquen bastantes para que se queden algunos.
Más que nunca la separación entre nuestra práctica y las llamadas “terapias” es fundamental. Para que sigan existiendo psicoanalistas, estos tienen que llevar adelante análisis y llevarlos hasta el final y que en este recorrido se produzca la autorización. Una cosa es empezar a recibir a alguien en un despacho y escucharlo y otra distinta que esa escucha esté orientada por este Real del que venimos hablando.
Si los jóvenes no anhelan dar el salto a la consulta “privada”, si se mantienen únicamente en las instituciones como lugar “confortable”, será más difícil la producción de analistas en un futuro. ¿Cómo estamos colaborando a ello como Escuela?
Hacer desear la Escuela
Marta Maside
Miller expone que los efectos del discurso hipermoderno, cuyos elementos disjuntos trituran el lazo social, precisan de “la transferencia como operador para articularlos”1, poniendo “en acto la realidad sexual del inconsciente”2. En Intervención sobre la transferencia, Lacan le otorga a ésta el valor de indicar “los momentos de errancia y de orientación del analista”3.
Si la Escuela desea causar transferencia hacia el psicoanálisis, sus miembros estamos llamados a cuidar, contra viento y marea, tanto el rigor como el bien decir que, sin herir, abre una brecha. Neus Carbonell lo formulaba hace poco de manera concisa: un psicoanalista es su enunciación.
En una de sus pinceladas pesimistas, Lacan se preguntaba si no sería “la chifladura psicoanalítica la que había tomado el relevo, en lo social, al discurso de la histeria”4. Como si el parloteo sobre el inconsciente de los mismos analistas no hiciera más que sostenerlo como amo, agujerándolo.
La vida institucional de la ELP también supone una puesta en acto. Nos permite interrogarnos sobre el lugar que ocupamos en lo sintomático del lugar donde trabajamos. La vida política de la Escuela enseña que el affectio societatis no es solo un sintagma, comporta un real. Y sobre este real nos orientan sus efectos, ¿es la ELP sexy, como nos interpretó Miller?
Para causar, es responsabilidad de cada uno mantenerse a distancia del eje a-a’ y remitirse a su relación con la causa. La política del psicoanálisis es la del uno por uno, porque “lo colectivo no es nada más que el sujeto de lo individual”5. Entregarse a rencillas imaginarias en la trastienda, es una defensa contra el sinsentido; pero se transmite hacia afuera. Y tapona la crítica asidua, la de los argumentos, la que nos interesa. Lo sufrimos a menudo en las políticas de lo local, incluso como ciudadanos, en el triste ejemplo de la política nacional.
La crítica asidua, la conversación, también produce una transmisión, pero distinta: respetar el semblante es un tratamiento de la diferencia en ejercicio; y especialmente entre colegas, puede resultar subversivo en la era de la brutalización.
Notas:
- Miller, Jacques-Alain. “Una fantasía”. IV Congreso de la AMP, 2004. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1973, p. 152. ↑
- Lacan, Jacques. “Intervención sobre la transferencia”. Escritos I. S. XXI, México,1989, p. 215. ↑
- Lacan, Jacques. Consideraciones sobre la histeria. EUG, Granada, 2013, p. 24. ↑
- Miller, Jacques-Alain. “Teoría de Torino”. El Psicoanálisis, nº 1. ELP, Barcelona, 1999, p. 66. ↑
De la singularidad y la dignidad
Ricardo Rubio
Partiré de un decir sobre la Escuela: Ella es un lugar en donde hacer la experiencia de poner en juego los modos de lazo que un sujeto construye a lo largo de su experiencia como analizante y hasta el final, en donde huérfano del trabajo de transferencia, podrá sostener el lazo con otros en lo que llamamos transferencia de trabajo; en una escuela que intenta que cada singularidad, cada estilo, cada modo de lazo libidinal, pueda producir un decir. De cada uno de nosotros depende que ese intento se materialice en un funcionamiento ético: poner en acto en el uno por uno un decir singular frente a lo imposible de escribir de la relación sexual en lo universal.
Al leer el título que se me propone: “tratar políticamente lo imposible”, dos significantes me vienen en un tintineo disjunto: singularidad y dignidad. Singularidad en tanto producto de la experiencia analítica y dignidad como la satisfacción que acompaña el final de la misma.
Ambos puedo leerlos ahora en dos momentos de mi propio análisis. El primero en una frase que le dije muy pronto al analista: “leo a Lacan buscando donde se equivoca”, frase que me ruborizó en su momento hasta que me di cuenta de la singularidad de ese sujeto que no leía a Lacan como un amo. La segunda fue cuando ya había dado por terminado mi análisis y en una dedicatoria de libros, mi analista escribió: “Para Ricardo Rubio, que a partir de ahora se dirá por sí mismo”. Frase que me precipitó a pedir el pase en un intento de poder cercar ese sí mismo y que ahora podría decirlo como una singularidad sin amo; o como un sí mismo en movimiento dentro de lo universal del lenguaje.
Intentaré proponer como política de lo imposible la singularidad y la dignidad y allí intentaré ubicar las dos preguntas que en estos momentos me causan y sobre las que intento construir un buen decir.
En una reunión con cinco jóvenes, pires y mires interesados en el psicoanálisis y dentro de un cartel de doctrina que funciona en el ICF como una opción de formación, después de que la conversación condujera a que en la sociedad actual es muy evidente el odio a la feminidad y la cobardía frente al amor, plantearon su sorpresa por la cantidad de referencias que Lacan daba sobre el amor. Surgió en ellos un: ¿qué podemos hacer con el amor?, al intentar responderles desde la clínica y la transferencia, tema de la reunión, me dijeron: no, no hablamos de la clínica, hablamos de nosotros mismos, de nuestra dificultad al afrontar las relaciones amorosas. Es, dijo una de ellos, como si al no querer perdernos nada no tuviéramos tiempo para nada.
Dejo la pregunta sobre la cobardía frente al amor para la sala.
Otra cuestión que quisiera poner en forma viene de una conversación entre colegas; me refiero entre miembros de la Escuela.
Intentaré ser breve en dejar en el aire la pregunta. Se trata de un cómo hacer frente a la banalidad del mal, frente a un genocidio televisado en pantalla, detrás de la cual existen cuerpos reales.
Desde el discurso analítico sabemos que la posición es en el uno por uno; pero antes de la acción está al menos la posibilidad de tomar la palabra como un acto de Escuela; acto de reconocer entre nosotros que eso existe.
Creo que una conversación entre nosotros, entre singularidades, de cierta dignidad a la Escuela.
La Ilustración psicoanalítica
Antoni Vicens
La existencia de la Escuela es la reiteración de un fracaso de discurso. En los discursos no analíticos, los fracasos entran en un archivo, donde se olvidan. En el psicoanalítico, los elevamos a obstáculos, y alguien inventa el nuevo amor que evita el retroceso al no-hacer, a la muerte del saber, a la queja a un Otro responsable. Freud, Lacan, Miller, no sólo por sus invenciones, sino por la reinvención de algo nuevo en el orden del deseo, nos atraen a la vida de un discurso como ningún otro. Desde Freud y su encuentro con la histeria, pasando por el acto de Lacan fundando la Escuela, hasta el curso de Miller El Uno solo, con todo lo que ha brillado entre estos hitos, insistimos en tratar lo real del psicoanálisis. Sin olvidar la Sociedad de Freud, la Escuela Freudiana de Lacan, su disolución y la contraexperiencia de Miller con las siete Escuelas de la AMP. Actos todos ellos, ilustración para nuestras Jornadas.
La Escuela es el agujero alrededor del cual circula el discurso del analista y puesto que sólo el psicoanálisis puede hacer doctrina del auténtico amor, en su nudo con el odio y la ignorancia, son los demás discursos los que se añaden a la ronda, incluso cuando intentan traducirla a paso de marcha, a danza de los siete velos, o a ceremonia de graduación.
La formación del analista, con el análisis personal como principio, comprende “una transformación del ser del sujeto”1. Demasiado para uno solo. Es preciso ponerlo en común con otros desparejos, también accidentados en la civilización. La civilización nos es necesaria en algún orden; pero sabemos que no nos protege. Ésta introduce vías de comunicación, desde la vereda a la red; pero esas facilitaciones (Bahnungen) son también el lugar del sufrimiento. En la medida en que podemos saber algo de esto, la Escuela es un refugio si podemos transformar la alternativa entre, de un lado, el no saber y no sufrir y, del otro, el saber y sufrir, en un trabajo de transmisión de eso que algunos se atreven a saber.
Serge Cottet escribió una vez: “El deseo, sin formación, es ciego; la formación sin deseo es vacía”2. Me atrevo a añadir: en nuestro campo, el amor, sin escritura, es oscurantismo.
Notas:
- Miller, Jacques- Alain. “Para introducir el efecto-de- formación”. Consecuencias, nº 5, 2010. Revista Consecuencias | Instituto Clínico de Buenos Aires ↑
- Cottet, Serge. “Autonomía del control”. La práctica analítica. Paidós, Buenos Aires, 2003, p. 183. ↑
La Escuela y la amenaza de las libertades
Jesús Ambel
Santiago Alba Rico dice que estamos en una “encrucijada” en la que se está decidiendo “qué humanidad queremos”1. Enric Juliana dice que la actualidad se ha vuelto “ilegible” y que mucha gente tiene “sed de orden”2.
Aprendí con Jacques-Alain Miller, hace ya años, que el retorno a Freud de Jacques Lacan era también “una empresa de salvaguarda del psicoanálisis en la civilización”3. Aprendí que “la causa analítica no vibraba sola” y que necesitaba psicoanalistas que trabajasen “con otros para el porvenir del psicoanálisis”4.
Me alegré, análisis mediante, de consentir a la asociación libre porque a partir de ahí encontré protección frente a la cuantificación científico-técnica y rescate de la dictadura de un plus-de-goce de bisutería5de un capitalismo “obsceno y feroz”.
A partir de estas enseñanzas de base, la actual clínica de la civilización revela que son serias las amenazas a las libertades y que el superyó siglo XXI, sustituyendo al Otro simbólico y al Nombre-del-Padre, le está abriendo de par en par las puertas a la pulsión de muerte.
Lleva entonces razón Clotilde Leguil cuando dice que hablar con libertad del sufrimiento psíquico tiene que ver con la dosis de democracia que nuestra sociedad puede asumir6. Lleva razón Eric Zuliani cuando dice que la libertad peligra si el sujeto se ve reducido a “su conducta, sus procesos cognitivos y sus neuronas”7. Lleva razón José María Lasalle8cuando dice que, con esos mimbres de la subjetividad, la democracia liberal va a ser sustituida por una democracia autoritaria.
Puesto que es el futuro el que manda sobre el presente, entiendo que nuestra Escuela de utilidad pública es el lugar para tomar partido por las libertades y para contrariar la actual deriva pulsional de miseria psíquica de la población, de masacre de jóvenes en fiesta y de genocidio de ira continuada.
No entiendo defender así intereses profesionales. Apuesto más bien (y sin garantías) por un modelo de convivencia y de lazo social en el que el sujeto del inconsciente pueda ser realizado, un tiempo más.
Como dijo Jacques Lacan en Italia en 1974, esa es una de las cosas que pueden, en mi opinión, valer la pena en la vida.
Notas:
- Alba Rico, Santiago. “Deseo de inmortalidad y descrédito de la democracia”. El País, 2025. ↑
- Juliana, Enric. “Merz plan morgenthau”. La vanguardia, 2025. ↑
- Miller, Jacques-Alain. El banquete de los analistas. Paidós, Buenos Aires, 2000, p. 295. ↑
- Ibid., p. 296. La traducción es libre. ↑
- Rollier, Frak, “L´adiction comme style de vie”. La cause du désir, n. 88, 2014, p. 25. ↑
- Leguill, Clotilde. “Je”,une traversée des identités. PUF, París, 2018, p. 44. La traducción es libre. ↑
- Zuliani, Eric. 52 Journées de l’ECF: Je suis ce que je dis, 2022. ↑
- Lasalle, José María. “Democracia autoritaria o gubernativa”. El País, 2025. ↑
Lo que habrá sido para lo que está llegando a ser
Lucía D’Angelo
Con la reciente re-edición de “Teoría de Torino acerca de la escuela sujeto” de Jacques-Alain Miller, se conmemoran también los 25 años de su existencia.
En efecto, unos meses después de la creación de la ELP, apareció el primer número de la revista de la Escuela: “El psicoanálisis”.
En el índice de la revista hay dos artículos que me gustaría destacar:
- Teoría de Torino acerca de la Escuela sujeto
- Informes de los Carteles del Pase de la EEP D2 y E2 (1997-1999) de donde surgieron los primeros AE de la ELP.
Una buena manera de presentar la cuestión que nos concierne también hoy: clínica y política.
Los primeros párrafos de la “Teoría de Torino” van dirigidos a los colegas italianos para hacerlos avanzar en el “movimiento” que llevara hacia la creación de la Escuela italiana.
Pero agrega: “la Escuela surge mucho antes y prosigue mucho después bajo otras formas; […] bajo la forma de “Actos de Escuela” y su creación efectiva como comunidad prosigue más allá de su fundación legal”1.
Eso sirve para recordar que la creación de la ELP no fue una creación ex nihilo.
La ELP se reconoce en sus antecedentes, “hermana menor de la ECF” como se llamó en algún momento: la Biblioteca del Campo freudiano de Barcelona (1977), la Escuela lacaniana de Barcelona, la Escuela Europea de Psicoanálisis, en el marco de la fundación de la AMP.
Pero el “movimiento” colectivo que hizo posible la creación de la Escuela no fue ajena a las “crisis” institucionales que la precedieron. Evocando a Jacques-Alain Miller, entiendo que las crisis aparecen como un momento de ruptura en la línea del tiempo, un acontecimiento que extrae al sujeto de su rutina y le ordena elaborar una nueva relación con lo real. Como es de suponer, en este caso, esas fueron las crisis de la ECF que precedieron a las formas institucionales que fue tomando la ELP. En especial la crisis de 1998, que nos tocó de pleno.
La vida de la ELP está hecha de una trama de pérdidas y de separaciones. Por eso toma valor el comentario de la Teoría de Torino desde aquella época, que nos hizo entender que la experiencia de la Escuela es siempre inaugural. Que cada vez es inaugural en la medida que inaugura un nuevo sujeto saber y que su historia se escribe a partir de cernir lo real en juego en cada época. Eso es el futuro anterior.
La clínica del pase y sus avatares es la que interroga cada vez la política de la escuela. Y no al revés. La ELP estará a la altura de su acto, siempre inaugural, toda vez que sea interpretada, en el tiempo de lo que habrá sido para lo que está llegando a ser.
Notas:
- Miller, Jacques-Alain. “Teoría de Torino acerca del sujeto de la Escuela”. El psicoanálisis, n.1. ELP, Barcelona, 1999, p. 65. ↑
Lo que habrá sido para lo que está llegando a ser
Constanza Meyer
La Escuela Sujeto, así como el sujeto en su falta en ser, no pueden pensarse a partir de una temporalidad lineal y en continuidad a la manera aristotélica, tampoco en la vertiente de un progreso. En palabras del propio Lacan en su reseña del Seminario 15: “[…] nuestro realismo no implica el progreso en el movimiento que se dibuja de la simple sucesión”1. Por ello, es tal vez el futuro anterior (o futuro perfecto en castellano) el tiempo verbal que abre la posibilidad de articular la probabilidad en términos de lo que se habrá alcanzado en el futuro en la vía de un devenir, tal y como lo propone Lacan en Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis en 1953.
¿Es este sintagma solidario con el concepto de Escuela que Lacan renovó en el 64 a partir de la Escuela de la Antigüedad, concepto del que Jacques-Alain Miller señala que será operativo si se lo interpreta como conviene?2. ¿Puede este futuro anterior alojar el contra-tiempo que entraña la emergencia de un real?
Asimismo, este tiempo verbal que parece hacer co-ex-sistir las dimensiones de pasado, presente y futuro, como si de los tres redondeles del nudo se tratara, da lugar a una Escuela que en su centro coloca el agujero en el saber, alrededor del cual cada uno de sus miembros se pondrá al trabajo con su síntoma y su propia relación con la causa como cuarto redondel. ¿Se trata de arriesgarse a esta puesta en acto singular y sin medida en cada permutación?
Por otro lado, La Escuela Sujeto, no-toda, es inconsistente ya que esta lógica es la del psicoanálisis, ¿podemos decir, entonces, que el futuro anterior es el tiempo que le conviene, por ser el del parlêtre?
La Escuela Sujeto profundiza así en el peso de la responsabilidad de cada uno de sus miembros a la hora de transmitir y de dar cuenta de su relación con la causa frente a cualquier deriva masificante que pudiera obturar “[…] la laguna que cavó Lacan”3 y que constituye un real. Ahí donde no hay sujeto colectivo de la enunciación, la Escuela es el lugar en el que pueden articularse el Ideal de todos con la soledad de cada uno para poder inventarla aún. Por eso la lógica que escapa a la consistencia permite en la Escuela la reunión de los Unos solos alrededor de la pregunta sobre lo que es un analista, interrogante que como motor, de algún modo relanza la invención de nuestra ELP como tratamiento del real en juego para el psicoanálisis.
Notas:
- Lacan, Jacques. “El acto analítico”. Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 352. ↑
- Miller, Jacques-Alain. “La hora de la Escuela”. El nacimiento del Campo Freudiano. Paidós, Buenos Aires, 2023, p. 171. ↑
- Ibid., p. 19. ↑

